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THE SCIENCE MODULE OF PERCEPNET PROVIDES PAPERS ON PERCEPTION AND SENSORY SCIENCE BY RESEARCHERS WORKING ON THESE DISCIPLINES

Una hipótesis sobre cómo siente, piensa y se comunica el cerebro
[A hypothesis on how the brain feels, thinks and communicates]
Óscar Vilarroya
Doctor en Ciencia Cognitiva
Centre de Recerca en Ciència Cognitiva
24678ovo@comb.es

La disolución de la mente es un ensayo filosófico-científico en el que se expone una teoría original sobre la arquitectura de la mente, y en el que se exploran las posibles repercusiones psicológicas y filosóficas.

Mi hipótesis propone una arquitectura mental basada en una unidad de funcionamiento cerebral que recibe el nombre de "vivencia". La elección del término "vivencia" no se pretende como un análisis del significado convencional de la palabra, sino como una nueva acepción. En concreto, la vivencia se postula como la unidad de funcionamiento cognitivo del cerebro, es decir, la unidad de los procesos dedicados a gestionar la información del mundo exterior, y que sustentan el conocimiento y la inteligencia. Una vivencia alberga todos los procesos cognitivos que suceden en un momento determinado y que quedan unidos permanentemente, de tal manera que, una vez registrada la vivencia, cuando se activa uno de los procesos se activan el resto.

La vivencia representa no sólo la unidad inicial del funcionamiento cerebral, sino también la única. En otras palabras, la elaboración cognitiva básica de la que es capaz el cerebro se realiza antes de que la vivencia quede fijada. Por tanto, esto implica una difuminación de las fronteras que se han establecido hasta ahora entre los conceptos de sensación, percepción y cognición. Es más, la inexistencia de elaboración cognitiva más allá de la vivencia excluye la existencia de elementos mentales comunes en la caracterización de la cognición, como son los conceptos.

Habitualmente se dice que el cerebro recibe los estímulos de los sentidos a partir de los que elabora una representación de lo que sucede en el mundo exterior. Yo propongo una hipótesis diferente: en lugar de establecer una frontera tajante entre el cerebro y el mundo exterior, la unidad del conocimiento debe incluir no sólo al cerebro sino también lo que sucede en el mundo exterior. En otras palabras, el cerebro no se basta a sí mismo para extraer del mundo todo lo necesario para saber de él, sino que necesita que el mundo esté presente para que complete sus análisis. Por tanto, las propiedades de las cosas que el cerebro detecta y discrimina (los "rojos", las formas "redondas", la cara de un familiar) no se copian o representan en el cerebro, sino que se extienden a lo largo del complejo que forman el cerebro-mundo. Ahora bien, aunque el cerebro no dispone de una representación de las "cosas", al menos recuerda la actividad que experimentaba cuando estaba en conexión con el mundo exterior, y ese recuerdo es suficiente para compensar la falta del mundo.

¿Cómo una arquitectura basada exclusivamente en vivencias, sin que existan entidades más abstractas, puede dar cuenta de las capacidades conceptuales humanas? Por un lado, hay que entender que cada vivencia es única, y representa una pieza de conocimiento particular. Por el otro, el cerebro tiene la capacidad potencial para registrar millones de vivencias distintas sin que eso suponga un problema neurofisiológico. Por tanto, la propiedad básica y esencial de un conocimiento basado en vivencias es que el número de vivencias particulares que el cerebro detecta, recuerda y maneja es enorme. Ahora bien, la capacidad para identificar y registrar vivencias únicas no excluye la existencia de conexiones entre vivencias globales y entre elementos de las vivencias en particular. De hecho, propongo que el cerebro constituye conexiones estables entre vivencias globales y entre elementos de las vivencias, en base a diversos tipos de criterios. A partir de ellos, algo como el concepto de "silla" no consiste en una entrada en una base de datos, o de una enciclopedia, ni en una activación de un conocimiento innato, sino en el conjunto de vivencias y conexiones entre los elementos de las vivencias. Es suficiente disponer de un cerebro que sostiene un archivo enorme de vivencias distintas, y uno todavía más rico de conexiones entre sus distintos elementos. Por tanto, las conexiones entre todos los recuerdos de sillas y las relaciones con los otros elementos de las vivencias-silla le sirven al cerebro para saber qué es ese objeto que tiene cuatro patas, una superficie sólida y un respaldo.

De todo lo anterior, se deduce una teoría del conocimiento humano. En concreto, si todo lo que hay en el cerebro son vivencias y sus conexiones, entonces el conocimiento de un individuo aparece por la interacción del cerebro y sus capacidades innatas con el mundo. Y de un conocimiento de estas características también se deduce una teoría del aprendizaje. Aprender consistiría en enriquecer ese mundo vivencial creando nuevos elementos vivenciales, mediante la interacción con el mundo exterior y la transferencia de elementos relevantes de vivencias anteriores.

Una teoría del conocimiento basada en vivencias tiene repercusiones epistemológicas: ¿cómo algo que no puede entenderse como un estado del cerebro/mente desgajado del mundo, puesto que la unidad del conocimiento se extiende a lo largo del complejo cerebro/mente, puede considerarse conocimiento y puede ser verosímil y justificado? He intentado situar la teoría con respecto a las dos grandes tradiciones epistemológicas, el racionalismo y el empirismo, puesto que el conocimiento vivencial depende de las capacidades cognitivas del cerebro, pero también de su experiencia con el mundo.

El hecho de prescindir de una división en dos medios, el cerebro/mente y el mundo exterior, tiene asimismo repercusiones importantes para la lingüística en general, y la semántica en particular. Mi hipótesis es que la palabra se incorpora en las vivencias como un proceso cognitivo más, sin diferencia con otros procesos, como los que discriminan colores, sonidos o formas. El valor semántico de una palabra no reside por tanto en una relación entre una entidad mental, la palabra o el concepto que representa la palabra, y un objeto y propiedad del mundo, sino en la capacidad para evocar la vivencia o conjunto de vivencias que permiten garantizar las propiedades semánticas de la palabra, es decir, las propiedades que permiten entender algo del mundo cuando se pronuncia la palabra.

Obviamente, una teoría semántica de estas características tiene consecuencias para la teoría de la comunicación. Si una palabra no es simbólica, sino evocativa, entonces una comunicación con éxito entre un emisor y un receptor no consiste en transmitir "mensajes" o "sentidos", sino en que el emisor consigue evocar en el receptor aquella o aquellas vivencias que sean equivalentes a las suyas, de tal manera que compartan las mismas propiedades semánticas. Por tanto, la teoría vacía el concepto de información; la información no existe como "cosa"; a lo sumo se puede hablar de la informatividad de una comunicación como una medida de su capacidad de cambio en el conocimiento del receptor.

La teoría tiene asimismo consecuencias importantes para la teoría de la comprensión. Si una comunicación exitosa no consiste en transferir información, conocimiento o medios inferenciales, sino en una forma de "manipulación" del conocimiento del receptor, entonces cualquier comprensión de una proferencia o un texto depende del conocimiento que el receptor ya tiene. En consecuencia, para comprender una proferencia o un texto es necesario disponer, al menos potencialmente, de los elementos que proporcionarán la comprensión, aunque no es necesario haberse apercibido de ellos. Por tanto, la educación no puede consistir en transmitir conocimientos de un individuo a otro, sino en conseguir que quien aprende experimente la vivencia deseada por el que enseña. De ahí que lo importante sea establecer los elementos que permiten a cada individuo desarrollarse por sí mismo, proporcionar los instrumentos a partir de los cuales le será posible enfrentarse al mundo y desarrollar su propio conocimiento que, en el mejor de los casos, tendrá una base común con el resto de su comunidad.

La teoría tiene también una lectura de amplio calado en el ámbito de la teoría de la mente. En efecto, la presentación de la idea de vivencia como la unidad inicial y final del funcionamiento cognitivo, con ausencia de procesos más abstractos, no deja lugar a la idea de pensamiento como proceso separado. Pensar no es distinto a experimentar una vivencia. La incorporación de las propiedades del pensamiento en propiedades de las vivencias permite, gracias a que las vivencias son actividades propias del cerebro, difuminar la división empírico-racional que desafía habitualmente las teorías de la mente.

Finalmente, la teoría aporta una visión original al fenómeno de la experiencia consciente. En concreto, propone que la cualidad de una experiencia consciente no está circunscrita al presente, sino que resulta de activar todas las vivencias pasadas relevantes a la experiencia en curso. En consecuencia, los "rojos" que se perciben conscientemente no corresponden a algo que se deriva del mundo y de la actividad del cerebro estrictamente perceptivo, sino de todos los "rojos" que se han experimentado en el pasado. Y la riqueza de la experiencia consciente depende del número y riqueza de todas las experiencias anteriores.


 

[+CIENCIA]
30/04/02
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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