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El interés de los expertos por la disposición y el ambiente
en el punto de venta no es particularmente nuevo. No obstante, se ha detectado
recientemente la posibilidad de proponer experiencias originales a los
consumidores, a través de la explotación sistemática y rigurosa de la paleta
sensorial en los establecimientos. Así es como nace el «marketing sensorial»
del punto de venta.
Por su parte, una de las facetas del marketing sensorial, el
«marketing olfativo», se interesa por la forma en que el consumidor se adapta y
reacciona a los olores. No es poco lo que está en juego. Si el objetivo último
es suscitar respuestas favorables a la compra, el uso de perfumes puede
responder, en efecto, a dos estrategias. Podría permitir a los puntos de venta
diferenciarse de sus competidores y podría también satisfacer las expectativas,
tanto extrínsecas (funcionalidad, eficacia...) como intrínsecas (búsqueda de
placer, de teatralización...) de los consumidores. Pero, ¿quién puede predecir
el efecto real de un perfume en el consumidor? El azar y, a veces, la propia
experiencia o intuición, nos reservan sorpresas. Si el uso de estímulos
olfativos en un contexto comercial se ha convertido actualmente en algo
habitual, los mecanismos de influencia de los perfumes en el consumidor siguen
siendo un misterio. Por eso, el marketing olfativo es, y debe ser, una intervención
voluntaria y reflexionada. No se trata simplemente de perfumar para que «huela
bien», ni dejar necesariamente que los productos desprendan su aroma natural,
como se hacía tradicionalmente en las panaderías. El efecto real puede a veces
ser contrario al esperado.
Tras definir, en el siguiente apartado, los grandes
principios de los estudios en marketing olfativo, se presentarán aquí el
alcance de las investigaciones en los puntos de venta y nos fijaremos
especialmente en una experiencia para Correos. Veremos que los resultados de
los estudios llevado a cabo no son siempre fáciles de interpretar, ni se
ajustan necesariamente a las predicciones. Por último, aunque estos trabajos
presentan limitaciones difícilmente definibles, intentaremos poner de manifiesto
algunas perspectivas operativas.
Principios de los estudios de marketing olfativo
Una de las mayores dificultades del marketing sensorial y,
en especial, del marketing olfativo, reside en que no nos podemos limitar a
preguntar explícitamente al consumidor acerca de la influencia que ejerce el
aroma en él, si memoriza mejor el nombre de la marca cuando el producto
desprende un perfume u otro, o si halla más eficaz el producto con un perfume
que con otro. ¿Podría justificar que encuentra más desengrasante el lavavajillas
con perfume a limón o a vinagre de frutas que el de rosas? Es más, ¿sabe que
estaría emitiendo un error de juicio?
Éste es el motivo por el que la mayor parte de los estudios
llevados a cabo en marketing sensorial proceden de la experimentación.
Los investigadores que se interesan por los perfumes en los
puntos de venta exponen a los consumidores a ambientes perfumados de maneras
diferentes. Sin atraer jamás la atención hacia el perfume ambiente, registran
las reacciones de las personas. Los objetos se repiten, y sólo cambia el
perfume (condiciones ceteris paribus). Así, la comparación de las
reacciones que suscitan los distintos perfumes pone de manifiesto los efectos
de las diferentes opciones.
Se trata de comprender los mecanismos de influencia de los
perfumes, no sólo identificar el que «mejor funciona». No basta con una única
respuesta (preferencia, precio de compra...). Se anotan todas las respuestas
intermedias, como la memorización, el humor, la percepción del ambiente, la
actitud respecto a diversos productos, el tipo de productos que se han
comprado. Por esto, se recurre a menudo a un cuestionario, sin dejar de lado la
observación y el registro de datos de la caja.
Estudios realizados sobre los puntos de venta
Citaremos aquí los principales estudios sobre la influencia
de los olores en los puntos de venta. El objetivo principal es proponer una
síntesis de la que se desprendan recomendaciones operacionales. Se puede
encontrar una revisión más detallada en Maille, 2001. Se sabe, actualmente, que
es indispensable desodorizar los espacios con malos olores. Dos estudios
(Rotton, 1983; Ehrlichman y Bastone, 1991) han comparado las reacciones de las
personas expuestas a olores ambientales desagradables con las de personas que
se encuentran en espacios inodoros. Los autores constatan un efecto negativo de
los olores desagradables sobre el humor de las personas y respecto a la
evaluación de imágenes. Pero, más que desodorizar, convendría realmente
proponer ambientes agradables. Así, tras comparar las respuestas de
consumidores expuestos a olores agradables con las de aquéllos expuestos a ambientes
inodoros, diversos autores (Spangenberg et al., 1996; Warm et al.,
1990; Michon y Chebat, 2002) detectan una serie de efectos positivos de los
olores agradables. Sin duda más atentos, los voluntarios detectan más
fácilmente señales que les son presentadas de forma intermitente. Además,
evalúan mejor el entorno y sus productos, gastan más y tienen intención de
volver más a menudo al establecimiento; pasan más tiempo en el punto de venta y
valoran como más corto el tiempo transcurrido. En cambio, no se observa ningún
efecto estadísticamente significativo sobre el humor de los clientes.
Pero no basta con explotar los olores percibidos como
agradables para satisfacer al consumidor. En el año 2000, Daucé publica en su
tesis resultados que no son convergentes con los que hemos presentado. Por el
contrario, en las mismas condiciones registra efectos negativos de los olores
agradables en la alegría, el optimismo y la satisfacción de los clientes de
unos almacenes de modas de la marca Carroll. Ningún otro efecto es
estadísticamente significativo (la cantidad gastada, el tiempo transcurrido, la
valoración del tiempo...)
Estos resultados plantean la cuestión de otras características
que podrían influir al consumidor. ¿Nos preguntamos acerca de otras
características olfativas como el carácter estimulante o relajante del olor, la
repetición de un olor y su congruencia con el producto y el punto de venta? Se
han hecho varias revisiones sobre el efecto estimulante o relajante de los
aromas. Mencionaremos tan sólo los estudios de Warm et al. (1990) y de Guichard et al. (1998),
dos experiencias que comparan los ambientes o aromas llamados estimulantes (por
ejemplo, la menta) con los relajantes (el muguete) o la ausencia de aroma. De
forma contraria a lo esperado, los grupos sometidos a aromas relajantes o
estimulantes no muestran ningún efecto de los olores en la atención (mediante
la detección de señales que aparecen de forma intermitente), ni en la
memorización o la evaluación de la publicidad. La cuestión de la influencia de
tales características sigue planteada.
En estos últimos años, se ha hablado a menudo del concepto
de «firma olfativa». En relación con la llamada «magdalena de Proust», se
sospecha que los olores favorecen la memorización del contexto en el que se
registran. Existen tres estudios que han examinado la cuestión (Cann y Ross,
1989; Schab, 1990; Morrin y Ratneshwar, 2000). Los investigadores han expuesto
a varias personas, de forma alternativa, a perfumes variables durante una fase
de aprendizaje y durante una fase ulterior de memorización. Se trataba de
recordar, tras un lapso de tiempo, palabras, imágenes o nombres de marcas. El
aroma que difundían durante la prueba de memorización podía ser idéntico al del
primer contacto con los artículos que se debían memorizar, o podía ser
diferente. Incluso podían no someter a los voluntarios a perfume alguno en una
u otra de las dos fases de la experiencia, o durante las dos. Al final del
trabajo, los tres estudios convergen. Se puede afirmar, pues, que cuando un
mismo aroma se desprende durante las fases de aprendizaje y memorización, el
recuerdo y el reconocimiento de los artículos mejora.
Para terminar, consideraremos la última característica
olfativa, aunque no la menor, de la que se puede sospechar algún efecto sobre
el consumidor: la congruencia. Aunque diversos investigadores han trabajado
recientemente sobre este aspecto, tan sólo hay un estudio que implique el punto
de venta. Mitchell et al. (1995) comparan las reacciones de las personas
expuestas a olores ambientales congruentes, o no, con los productos presentados
en un catálogo. Ciertas personas se someten también a la misma prueba, pero con
una total ausencia de olor. Se observa que con un olor congruente, el
consumidor que debe elegir un producto adopta un proceso de investigación más
holístico y prolongado. Este mismo consumidor prescinde de las descripciones
del catálogo acerca del producto, incluyendo más referencias personales en su
proceso de selección. La probabilidad que elija la opción menos conocida y que
busque la variedad es también muy importante. Al final, dedica más tiempo a su
elección.
En consecuencia, se deduce que, si es importante desodorizar
los espacios con malos olores, no basta con perfumar el punto de venta con
notas agradables. Es necesario reflexionar sobre la congruencia del olor con
los productos propuestos en el establecimiento y plantearse su repetición para
crear una «firma olfativa».
Ejemplo de marketing olfativo: una
experiencia con Correos
El Organismo Oficial de Correos mostró su preocupación por
la percepción que tenían sus clientes del tiempo que pasaban en sus oficinas y
del mal humor que podía resultar de ello. Tras oír hablar del efecto positivo
de ciertos olores ambientales en la valoración del tiempo y en el humor del
usuario, los responsables se pusieron en contacto con la empresa Prolitec. Les
propusimos un estudio experimental, cuyos principios se describen a
continuación.
Dos oficinas de correos de París (Boulogne-Billancourt y La
Goutte d’Or–18º) se perfuman alternativamente con 5 olores diferentes (O1, O2,
O3, O4, O5), composiciones con notas dominantes afrutadas, marinas, a cuero,
florales… A veces, los locales no se perfuman (SO). Cada día, sin mencionar el
perfume ambiental, se pregunta a varios clientes sobre la calidad de los
servicios de correos y el tiempo que creen que han pasado en la oficina,
registrándose asimismo el tiempo que han pasado realmente los encuestados. La
comparación de las respuestas de una condición de perfume a otra nos permitirán
poner en evidencia los efectos de los cinco olores.
Para estar seguros de medir tan sólo el efecto de los
olores, cada condición de perfume se prueba en ambas oficinas, a distintas
horas del día, todos los días de la semana, durante 6 semanas, según el
calendario que se muestra en la tabla 1.
Tabla 1
|
|
Semana
1
|
Semana
2
|
Semana
3
|
Semana
4
|
Semana
5
|
Semana
6
|
|
Lunes
|
SO
|
O5
|
O4
|
O3
|
O2
|
O1
|
|
Martes
|
O1
|
SO
|
O5
|
O4
|
O3
|
O2
|
|
Miércoles
|
O2
|
O1
|
SO
|
O5
|
O4
|
O3
|
|
Jueves
|
O3
|
O2
|
O1
|
SO
|
O5
|
O4
|
|
Viernes
|
O4
|
O2
|
O2
|
O1
|
SO
|
|
|
Sábado
|
O5
|
O4
|
O3
|
O2
|
O1
|
SO
|
En el periodo noviembre–diciembre de 2002,
preguntamos a una muestra de personas repartidas de la forma indicada en la
tabla 2.
Tabla 2
|
Perfumes
|
Oficina
de correos
|
Total
|
|
Boulogne
|
París 18º
|
|
1
2
3
4
5
6
|
142
120
124
129
100
99
|
133
128
113
90
63
87
|
275
248
237
219
163
186
|
|
Total
|
714
|
614
|
1328
|
Se controla que los parámetros edad, sexo y profesión de las
muestras sometidas a diferentes olores sean idénticos.
El cuestionario propuesto a los clientes trataba los
siguientes puntos:
-
Humor. Se valoraban seis aspectos relativos a dos
factores: placer (por ejemplo, con la pregunta «¿se siente feliz?») y estímulo
(por ejemplo, con la pregunta «¿se siente con energía?»);
-
Percepción del ambiente. Se valoraban cuatro
aspectos relativos a dos factores: placer (por ejemplo, con la afirmación «el
ambiente es agresivo») y estímulo (por ejemplo, con la afirmación «el ambiente
es estimulante»);
-
Satisfacción. Se valoraban cuatro aspectos (por
ejemplo, con la pregunta «¿en general, está satisfecho con el servicio de
Correos)?»
-
Percepción de la calidad del servicio. Valoración de
nueve aspectos relativos a los siguientes factores: empleados («los empleados comprenden
las necesidades de los clientes»), infraestructura («las instalaciones son
confortables y están cuidadas»), fiabilidad («¿Le ha ofrecido siempre Correos
un buen servicio?») y calidad global.
En general, los resultados registrados muestran que existe
un efecto de los olores sobre el tiempo transcurrido, la percepción del
ambiente (placer y estímulo), el humor (placer y estímulo) y la calidad
percibida (trabajadores, equipamiento, fiabilidad, calidad global). Las dos
notas que evocan los universos marinos parecen sobresalir.
En cambio, no se detecta influencia alguna en la
satisfacción y, en contra de lo esperado, en la percepción del tiempo
transcurrido. Sin ninguna duda, se puede atribuir este último punto al hecho
que en la oficina de correos, el tiempo transcurre de
pie, en situación de espera, delante de una ventanilla. Los estudios
precedentes trataban situaciones en las que el sujeto va de compras, en
condiciones más lúdicas y propicias al efecto de compresión del tiempo.
Acerca del efecto de los olores, se obtienen resultados muy
variables. Los efectos cambian de un olor a otro, de una respuesta observada a
otra, de una oficina a otra.
Al comparar olores, se observa en todos los casos que las
respuestas no son más favorables con perfume. Ciertas percepciones son quizás
más favorables sin perfume ambiente. Por otro lado, la nota que parecería más
congruente (el cuero, que evoca las bibliotecas y las oficinas) no es la que
genera los mejores resultados. No se puede, sin embargo, cuestionar la importancia
de la congruencia a partir de este único resultado, ya que no se habían podido
realizar muchas pruebas previas para validar la congruencia de la presencia de
este perfume en una oficina de correos. Al final, no hay ningún perfume que se
distinga perfectamente por lo que respecta a la dimensión de la estimulación, y
eso confirma los estudios presentados anteriormente.
Un mismo perfume puede generar respuestas muy favorables,
pero también muy desfavorables si se consideran otros criterios. Conviene ser
particularmente prudente, y reflexionar sobre las respuestas que deben mejorar.
Finalmente, se observan distintas sensibilidades de una
oficina a otra. Un perfume que puede generar respuestas favorables en
Boulogne-Billancourt puede dar resultados contrarios en La Goutte d’Or. La
clientela de ambas oficinas no presenta iguales características
sociodemográficas, por lo que posiblemente poseerán sensibilidades distintas,
que podrían ser importantes variables que modificarían el efecto de los olores.
Conviene, sin embargo, destacar que un posible problema de
comprensión del cuestionario distribuido en La Goutte d’Or, establecimiento que
cuenta esencialmente con una clientela inmigrante.
Limitaciones y recomendaciones en los estudios de marketing olfativo
Aunque los diferentes estudios aquí tratados presentan
limitaciones que será conveniente perfilar en el futuro, nos permiten sin
embargo proponer algunas recomendaciones de gestión. Destacaremos esencialmente
dos limitaciones: la realización de los estudios in situ y la medición
de las reacciones instantáneas de los consumidores.
Con la excepción del estudio llevado a cabo en los almacenes
Caroll (Dauce, 2000) y el de Correos, los estudios que se refieren a la
incidencia de los estímulos olfativos en el punto de venta no se desarrollan in
situ. Si bien las experiencias en laboratorio permiten garantizar una mayor
validez interna, las realizadas sobre el terreno presentan una validez externa
que permite generalizar mejor los resultados obtenidos. Sin embargo, es cierto
que las colaboraciones entre empresas e investigadores no son fáciles. Cuando
consiguen realmente entenderse, los primeros esperan una respuesta única y
desean proceder lo más rápido posible, mientras que los segundos quieren
comprender el conjunto de mecanismos y tomarse el tiempo necesario para
perfeccionar su plan experimental y su cuestionario. Las empresas temen que las
condiciones experimentales a las que los investigadores someten a sus clientes
ejerzan un efecto negativo su volumen de negocio.
Otra de las limitaciones de los estudios desarrollados se
refiere al carácter potencialmente lento de la influencia de los olores. Por el
momento, ningún estudio se ha encargado de comprobar los efectos de los olores
sobre el tiempo. Sólo se han realizado medidas instantáneas, que revelan por
otra parte, el poco impacto inmediato de los olores con relación al
comportamiento. Por lo tanto, si se conviene que los olores están fuertemente
ligados a la memoria y a la parte afectiva del cerebro, ¿no pueden favorecer
una relación afectiva con el producto, relación que se fortalecerá con el
tiempo? ¿No conviene, pues, aumentar los períodos durante los se observa la
influencia de los olores? Es cierto que los estudios longitudinales tienen
mayores dificultades de realización, sobre todo por el sesgo de mortalidad
experimental al que se exponen, pero es sin duda en esta dirección que debemos
orientar nuestras futuras investigaciones.
A pesar de estas limitaciones, se deducen algunas pistas
operativas que los estudios precedentes nos permiten formular.
Así, se puede afirmar hoy que conviene desodorizar los
espacios malolientes. Es asimismo preferible perfumar el punto de venta con un
perfume agradable. Pero conviene, por otra parte, proponer olores congruentes
con los productos que el establecimiento propone. Asimismo, será igualmente
preciso cuestionar la firma olfativa como enseña: ¿es posible que mejore la
memorización y percepción de la enseña con la simple repetición del olor del
establecimiento en su interior, en los prospectos y en los anuncios de prensa?
No se debe olvidar que, de un consumidor a otro, la sensibilidad a los perfumes
es diferente.
Es pues igualmente importante realizar una batería de
pruebas previas que permitan identificar los olores percibidos como agradables
y congruentes por los segmentos de clientes estudiados. También, será necesario
verificar que los perfumes generen una unanimidad suficiente para constituir la
forma olfativa de un punto de venta.
Pero aunque estas pruebas previas nos parezcan
incontestables, no se debe descuidar la intuición, la experiencia y el sentido
artístico del creador. Igualmente, será necesario tener en cuenta los
contratiempos del mercado, como por ejemplo, la posición de la competencia, o
los contratiempos técnicos, económicos y legislativos de la operación. Por
ejemplo, ¿cuáles son las características de los locales y de los productos que
hay en ellos y las posibilidades de difusión?; ¿cuál es el coste de la materia
prima y de su difusión?; ¿qué sustancias se pueden difundir y en qué
condiciones? Numerosas preguntas que hacen que la operación de perfumar un
punto de venta sea aún más compleja.
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