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Ciencia

THE SCIENCE MODULE OF PERCEPNET PROVIDES PAPERS ON PERCEPTION AND SENSORY SCIENCE BY RESEARCHERS WORKING ON THESE DISCIPLINES

La transensorialidad (I): realidades, filtros y marcos

[Transensoriality (1): realities, filters and frameworks]

Josep de Haro Lícer
Hospital de Badalona

Podemos distinguir entre lo real y la realidad. Lo real correspondería a lo absoluto existente, aquello que realmente existe, sea o no percibido como tal; mientras que la realidad correspondería a aquella parte de lo real ubicado y circunscrito por la percepción del ser humano.* De ello, surge el distinguir entre la existencia de lo real, por un lado, y la experiencia personal de eso real. Tanto una como la otra adquieren carta de veracidad desde el punto de vista de los clásicos, donde la etimología de las palabras latinas «veritas» y su equivalente griega «alêtheia» significan tanto verdad como real; no habiendo distinción entre lo real y lo verdadero. De ello emana la existencia de tres cosas absolutas: «lo real», lo «no real» y la «interpretación de ello». Dicho de otra forma lo «real», lo «no real» y su «percepción e interpretación».

La percepción e interpretación de las cosas, no son las cosas, sino parte de las cosas. La percepción depende de los sentidos que han de basarse en particularidades del objeto, del entorno y del sujeto. Estamos atrapados entre la forma (accidentes) y la esencia de las cosas, el entorno donde se ubican y el sujeto que las percibe. Lo importante no es tanto la forma, la esencia, el entorno o el sujeto, sino el estar atrapados.

«Lo real es único, la realidad es múltiple»

Estamos atrapados por la interpretación de lo existente, de lo real, de lo auténtico («lo real absoluto») y por la interpretación de la realidad (nuestro pedazo de vida dentro de lo real). La primera interpretación es inalcanzable, la segunda es parcial, sesgada y subjetiva. Dentro de ambas, y a la vez entre las dos, existe el hombre, para el cual sus sentidos son los únicos medios de contacto con el mundo de lo real absoluto y con el mundo de su realidad; sentidos que, por cierto, también le limitan el acceso a esos mundos.

El hombre está formado por parte de lo real y de su realidad. Los seres vivos vivimos integrados en las percepciones (dentro de ellas), con las percepciones (junto a ellas), por las percepciones (como finalidad), y esto nos permite experimentar nuestra vida en la realidad, con la realidad y por la realidad, dentro del mundo de lo real absoluto.

Nuestro cuerpo recoge fragmentos del universo real, los analiza de forma integrada (no fragmentada), permitiéndonos la interpretación integrada de la percepción sensorial. Vivimos integrando nuestras percepciones, evocándolas en una sola vivencia, que podemos descomponer intelectualmente.

En una interpretación libre de Blas Pascal, podemos decir que «la mayor parte de los errores de la interpretación de lo real provienen no de los malos raciocinios basados en las percepciones bien estudiadas, sino de raciocinios bien establecidos basados en las percepciones mal observadas».

En la actualidad, desde el amplio campo de la sensitividad, se puede desarrollar la comprensión de cómo los distintos sentidos inciden en los distintos saberes del hombre desde cinco consideraciones:

La primera consideración parte del hecho que las personas pueden vivir la vida dentro de lo real, («su realidad»), como si eso real vivido (realidad personal) fuera lo único de lo real a lo que se puede tener acceso. Llamaremos a esta realidad personal, la realidad ingenua. No deberíamos confundir la realidad ingenua que se basa en atenernos únicamente a lo que podemos percibir (se confía en que sólo nos influye lo que se percibe) con el relativismo, en el que cualquier punto de vista se percibe como equivalente a cualquier otro, o con el pragmatismo, donde interesa poco la verdad, y mucho lo que sólo funciona, o con el realismo ingenuo, donde se explica que percibimos el mundo como lo percibimos porque el mundo es así, o con el constructivismo en el cual la percepción es una construcción de la mente, o con el empirismo que sostiene que los sentidos son la vía primordial del conocimiento (excluyendo otras vías), etc.

La segunda consideración será indicar que existe también lo real absoluto, responsable de generar infinidad de sucesos, que pueden ser captados en forma de infinitos estímulos. Se trata de un estadio plenamente inalcanzable para el hombre y para qualquier ser vivo de nuestro planeta.

La tercera nos revela que una parte reducidísima de ese mundo real –sólo una ínfima parte– nos llega; y sólo una más ínfima parte de todo lo que llega a nuestros sentidos se convertirá en estímulo captado, del cual un minúsculo pedacito se convertirá en emoción que será procesada en forma de sentimiento para dar lugar a la intelectualización del mismo; que llamaremos realidad propicia. La realidad propicia es aquella que favorece la aproximación, la captación e interpretación del mundo de lo real absoluto. Vivir de espaldas a la realidad propicia supone despreciar la oportunidad de acercase al mundo de lo real.

La cuarta consideración nos acerca al ser humano. El hombre con sus sentidos tiene la doble capacidad de convertir, por un lado, la realidad ingenua en realidad propicia y, por otro, transformar una parte de lo real absoluto también en realidad propicia. De este proceder surge una nueva realidad que llamaremos realidad dialogada, que se caracteriza por el intercambio bidireccional entre, lo real absoluto y la realidad propicia (establecida de forma personal). De hecho, esta consideración nos invita a comprender que, queramos o no, somos realidad dialogada.

Ocurre en paralelo al igual que en la organización de la materia durante la historia del universo, donde parece ser que inconmensurables cantidades de energía emergieron en la explosión del Big-Bang, de la cual una pequeña parte de esa energía se convertiría en taquiones, una reducida parte de los cuales se agruparían para formar electrones y protones, y una más reducida cantidad daría a lugar a átomos. Luego, una mucho más reducida fracción de los mismos pasaría a dar moléculas, de las que una ínfima parte de las mismas se agruparía en formas más complejas, y una pequeñísima proporción de las mismas se convertiría en moléculas de la vida. La estructuración y la organización de la materia, desde el principio, habrían supuesto la posibilidad de vida;1 a diferencia de la sensorialidad, cuya estructuración tiene necesidad de vida.

La quinta consideración trata de que tanto el mundo de lo real absoluto, como la realidad ingenua, la realidad propicia y la dialogada, se influyen y modifican mutuamente. Es pues la experiencia de lo real, que se construye por medio de los sentidos, lo que puede hacer que, por un lado, nos perdamos en lo real y en sus realidades y, por otro, nos ayude a distinguir entre la existencia de lo real y la experiencia personal de eso real.

Desde hace pocos años, el mundo científico se ha abierto al gran campo de la sensorialidad. Este nuevo campo constituye una disciplina transversal (no exclusiva de la ciencia) dedicada al estudio y valoración de las funciones –normales y alteradas– de los sentidos y de la sensorialidad.

El paso de lo real absoluto a la realidad propicia, como hemos indicado, se lleva a cabo por medio de la reducción del número de estímulos a los que tiene acceso el ser humano; fenómeno que depende del foco emisor del estímulo, del medio de transporte del mismo y de la capacidad perceptiva del sujeto.

La percepción se lleva a cabo gracias a la presencia de terminales nerviosos que surgen del cerebro y se establecen en los órganos de los sentidos; el cerebro «sale» del cráneo y se exterioriza para captar los estímulos por medio de receptores y sensores. En la percepción existen dos fases principales, la primera, llamada transducción (extracraneal), es el proceso por el cual va cambiando el medio por el que se desplaza la información sin que se modifique su significado; podría ser el caso de un olor que llega a la nariz, queda adherido a la mucosidad, luego pasa a la mucosa y de ésta a la terminación nerviosa receptora. La transducción se lleva a cabo gracias a la presencia de estructuras receptoras de estímulos,2,3 que conectan con sensores que inician el procesado que activará los sentidos idóneos para ese estímulo.

Una vez el órgano del sentido estimulado ya ha sido activado, se inicia la segunda fase, denominada codificación (intracraneal), caracterizada por el cambio de la interpretación de la información sin modificar el medio de transporte: el impulso eléctrico viaja por las distintas neuronas de las distintas áreas cerebrales. La transducción incluye la recepción del estímulo, la activación del sensor, la puesta en marcha del sentido y el disparo del acto reflejo, mientras que la codificación despierta la grabación de la memoria –la cual seleccionará qué guardar–4 de la respuesta emocional primaria (sensaciones corporales) que dan lugar al sentimiento que abre el acceso a la intelectualización de la percepción para construir la respuesta emocional secundaria (el recuerdo puede activar sensaciones sin estímulo original presente).5

Como hemos indicado, los sentidos son los encargados de captar los estímulos, pero no todos los estímulos, sólo aquellos que están preparados para detectar. Los sentidos, se convierten así en los «filtros», en los «reductores» de lo real, dando origen a esa posible segunda realidad que hemos llamado «ingenua».

Los seres vivos somos un conjunto de filtros que a la vez que nos separan de la realidad, nos unen a ella, como un puente que simultáneamente une dos márgenes y es el camino más evidente de separación.

Real / Realidad

  - Lo real (el universo de lo existente, percibido o no) 
  - La realidad (todo lo percibido del entorno exterior e interior de la
    persona) 
  - La realidad ingenua (creer que sólo se puede tener acceso a lo que se
    está viviendo)
  - La realidad propicia (es aquella que propicia la aproximación, la
    captación e interpretación del mundo de lo real absoluto).
  - La realidad dialogada (intercambio bidireccional entre lo real absoluto
    y la realidad propicia)



Figura 1
. Distinción entre lo real absoluto (universo real) y la forma de relacionarse e interpretar el contacto con ese mundo de lo real.

Así pues, hablamos de realidad ingenua cuando creemos que aquello que vemos, oímos, tocamos, olemos o gustamos, es lo real absoluto; cuando realmente sólo se trata de una interpretación sensorial de una parte de lo real, de un filtrado del universo real. Veamos cuáles son esos filtros:

Filtros

A continuación, expondremos cómo lo «real» se va transformando en «realidad» por efecto de una serie de filtros que actúan sobre nuestra fisiología.

Nivel 1 de filtro sensorial

Nuestro cerebro está constituido por cien mil millones de neuronas,6 cuya principal misión es rechazar el 99 % de los estímulos, de la información que recibimos. Sólo el 1 % de toda la información que nos llega en forma de estímulos es finalmente almacenada, apareciendo así el primer nivel de filtro de lo real. Sólo el 1 % de la información que nos llega es aceptada por nuestro cerebro.

Nivel 2 de filtro sensorial

Los únicos estímulos que puede captar el hombre son aquellos que activan sus sentidos, y sólo hay dos tipos de sentidos y dos tipos de estímulos.

Entre los primeros, hallamos los sentidos exteriores o exteroceptores (captan estímulos del entorno exterior del cuerpo), y los interiores o interoceptores (captan el entorno interior del cuerpo).

En el segundo grupo, el de los estímulos, encontramos o bien ondas o bien sustancias químicas. Las ondas pueden ser electromagnéticas (luz, color, etc.), procesadas por el sentido de la vista, u ondas de presión (sonido, tacto, presión de líquidos del cuerpo, etc.), procesadas por los sentidos del oído, tacto, centros de presión, etc., u ondas térmicas (calor, frío), procesadas por lo receptores epiteliales. Mientras que el grupo de las sustancias químicas (olores, gustos y otras sustancias en forma de gases, líquidos y sólidos) son procesadas por los sentidos del olfato, del gusto, y los sensores de concentraciones de gases, sustancias sólidas y líquidas de la sangre.

Fuera de estas vías de percepción, cualquier otro tipo de estímulo deja de existir; los sucesos generados por el mundo de lo real que den lugar a estímulos distintos de los indicados, a efectos de su percepción, dejan de ser captados. Por lo tanto, los sentidos son el segundo filtro de lo real; ya que sólo serán captados aquellos estímulos que los sentidos estén preparados para poder recibir: el olfato para los olores, el oído para los sonidos, la vista para la luz, el tacto para las sensaciones táctiles, etc.

Nivel 3 de filtro sensorial

El tercer nivel de filtrado está en la franja de operatividad que cada sentido tiene asignada para su función. La vista ve luz y colores –algunos colores, no todos, puesto que no puede ver los infrarrojos ni los ultravioletas, ni tampoco todas las intensidades–. El oído capta los sonidos, pero no todos los sonidos –no puede escuchar los ultrasonidos ni los infrasonidos–. El olfato capta los olores –pero no todos–, etc.

Nivel 4 de filtro sensorial

El cuarto filtro de lo real recae en la capacidad que tienen los sentidos de percibir únicamente las variaciones de estímulos para las cuales están preparados. Un estímulo constante es codificado como nulo, inexistente. Si un sonido permanece constante en intensidad y frecuencia, deja de ser captado como tal, el oído lo ignora; si una luz tiene la misma intensidad y frecuencia, la vista la ignora; lo mismo ocurre con el tacto, etc.

Nivel 5 de filtro sensorial

El quinto nivel de filtrado de lo real que nos envuelve lo constituye la información que los sentidos envían al cerebro, donde se procesa en forma de emociones (juego amplio de estímulos y respuestas). Cada persona funciona de forma diferente captando y procesando los estímulos que son convertidos en emociones.

Nivel 6 de filtro sensorial

En el nivel sexto, lo real queda filtrado al pasar las emociones a sentimientos. El cerebro selecciona la entrada de la información que le llega almacenándola parcialmente, esto quiere decir que no toda emoción da lugar a sentimientos.

Nivel 7 de filtro sensorial

En este nivel es donde encontramos la comunicación. Habitualmente, se piensa que la comunicación de la persona con el exterior se lleva a cabo mediante la palabra. Si bien es cierto que el lenguaje hablado es el medio de comunicación principal para conectar conceptos con palabras, permitiéndonos compartir pensamientos, sentimientos (conceptualizaciones de las emociones) y darnos conocimientos, costumbres y valores, y ser la magnífica facultad que utilizamos para lograr que unos pensamientos vayan de una mente a otra, no es cierto que éste sea el principal medio de comunicación. Por lo tanto, el lenguaje sucumbe como vía principal productora de emociones, ya que la comunicación habitual del lenguaje verbal sólo aporta un 7 % de la información total, el 93 % restante es averbal, no verbal, sin palabras. En esa averbalidad encontramos el tono de la voz con un 38 % de participación, y la visión (movimientos oculares, expresiones faciales, movimientos corporales, posturas, etc.) con un 55 %. Complementan la comunicación el resto de sentidos: gusto, olfato y tacto. En otras palabras, las emociones que quedan registradas en forma de sentimientos nacen de las diversas fuentes de estímulos que se han mencionado.

Nivel 8 de filtro sensorial

Este nivel de filtrado de la realidad coresponde a los canales de percepción predominantes de la persona. Cada persona tiene un sistema de referencias, inconsciente, por el cual son captados de forma principal los estímulos visuales, auditivos, cinestésicos (sensaciones interiores), etc. Esto hace que cada persona capte más fácilmente un tipo de información u otra. Hay personas que captan antes los estímulos visuales, otras los auditivos, otras las sensaciones internas, etc.

Un ejemplo de este nivel lo podemos observar en una hipotética situación. Supongamos que tres personas van a contemplar la «Playa de la Concha», en San Sebastián, y a cada una de ellas se le pregunta cómo definiría la experiencia. Podría ocurrir que de las tres personas, una dijera: «es como un brochazo de colores», otra explicara que «es como un vals de las olas» y la tercera respondiera «me da sensación de suavidad y calor». Cada una de ellas habría visto el mismo escenario, pero cada una de ellas se habría dejado subyugar por el canal más sensible de su persona; en la primera se trataría del canal visual, en la segunda del canal auditivo, y en la tercera del canal cinestésico (sensación interior). En la vida cotidiana no existe esa aparente pureza de percepción, existe una mezcolanza con el predominio de uno de los canales.

Nivel 9 de filtro sensorial

Toda la información que queda retenida después de haber pasado por los filtros anteriores es dirigida hacia un nuevo nivel de filtrado, en el cual la información se almacena en dos áreas cerebrales distintas: la consciente, que sólo recoge un 10 % de datos, y la inconsciente, que recoge el 90 % restante, incluso en estados de coma.7

Nivel 10 de filtro sensorial

A todo esto, debemos añadir que el cerebro humano funciona únicamente entre un 10 % y un 20 % de sus posibilidades.

Nivel 11 de filtro sensorial

Consiste en la capacidad que tiene la persona de dirigir la atención hacia un foco de estímulos. El hombre tiene tres niveles de atención: la atención sostenida (alerta-vigilancia), ubicada en la sustancia reticular dedicada a la detección de cualquier cambio que demande una acción; la atención selectiva, que tiene por misión orientarse hacia aquellos estímulos sensoriales relevantes e inhibir los irrelevantes, y la atención dividida, que permite prestar atención a un mínimo de dos centros de atención.8

Nivel 12 de filtro sensorial

Este nivel de filtro es de carácter genérico y se basa en la cronobiosensorialidad o variaciones de la sensibilidad de un organismo vivo para captar los estímulos en función del tiempo. La percepción de los estímulos depende también del momento del día (día/noche), del mes, de las estaciones del año y de las épocas de la vida.9

Nivel 13 de filtro sensorial

Corresponde a la memoria, encargada de gestionar los recuerdos y los proyectos en función de los filtros anteriores.

Nivel 14 de filtro sensorial

Es el filtro de la reemoción, o capacidad de reexperimentar emociones de forma plena vía la sentimentalización e intelectualización de experiencias anteriores.

Nivel 15 de filtro sensorial

Este filtro no es, ni más ni menos, que el proceso de retroalimetación (feed back) o de incidencia de los distintos filtros sobre los órganos sensoriales, sus sensores y sus sensibilidades, tanto para los sentidos externos (vista, oído, gusto, olfato, etc.) como para los sentidos internos (equilibrio, tensión arterial, concentraciones de sustancias sólidas, líquidas y gaseosas del cuerpo). Esa incidencia actúa remodelando sus capacidades, debido a que el cerebro envía información hacia los órganos sensoriales que se ven modificados en función de la experiencia de la realidad vivida en su interior.

Nivel 16 de filtro sensorial (quíntuple)

Este nivel de filtrado de la realidad actúa a partir de cinco grupos de factores:

En el primer grupo tenemos factores filogenéticos, que condicionan la evolución y/o adaptación de nuestra especie.

En el segundo grupo aparecen los factores ontogenéticos, que condicionan la sensorialidad desde la gestación y embarazo, vía la carga genética de los progenitores, y junto a las incidencias del embarazo que desde sus fases iniciales (primeras semanas), empiezan a activar los sentidos (el feto ve, oye, huele, toca y gusta) captando los estímulos exteriores que la madre capta y los estímulos vivenciales que la madre experimenta (emociones, sentimientos) por medio de las variaciones de la fisiología materna.

En el tercer grupo encontramos los factores ecogenéticos, condicionantes del ambiente.

En el cuarto grupo están los factores sociogenéticos que emergen de forma masiva cuando el feto entra en el trayecto de niño a anciano.10,11 En este grupo es donde habrá que tener presente el sexo,7 la edad, el historial clínico, los hábitos, el mundo laboral y la cultura.

Nos paramos un momento en el filtro de la cultura para tomar un ejemplo de ese filtrado. Gandhi, en su viaje en barco al Reino Unido desde la India, fue entrevistado por un periodista que quiso saber qué opinaba sobre la cultura occidental; Gandhi respondió: «Es una buena idea».

Si cogemos el binomio cultura occidental-cultura oriental, habremos de especificar que los distintos filtros explicados hasta aquí han ido desmenuzando una «realidad occidental» muy estructurada, en un «yo» diferenciado de lo que no es el «yo»; mientras que la «realidad oriental», se basa en el principio de que aquello que uno es, el ser, contempla tanto el «yo» como el «no yo». La realidad del ser oriental reside en la unidad «yo-no yo», que los místicos españoles ya describieron en su tiempo y fueron olvidados, y que Ortega y Gasset describió con su aproximación del «yo y mis circunstancias», actualizable al «yo y mi entorno» interior junto a los «yo y mi entorno exterior» (el no yo).

De ahí arranca una concepción sensorial oriental que convierte a la realidad que hemos descrito como ingenua, en una realidad ingenuísima, a la vez que abre más al hombre a la participación de lo real absoluto, convirtiendo la realidad propicia en realidad necesaria y la realidad dialogada en realidad comprendida.

Dentro del quinto grupo actúan los factores geogenéticos encargados de construir en los seres humanos los filtros que surgen de la longitud y latitud geográficas del lugar donde se vive. Para las personas que viven en el ecuador o cercanos a él, entre los trópicos de cáncer y capricornio, el amanecer y el anochecer ocurren de forma muy rápida (no existe ni crepúsculo ni alborada). Para estas personas, junto con una gran cantidad de horas de sol en la fase diurna, el cuerpo debe sufrir una privación solar muy rápida al hacerse de noche, y una recepción acelerada de luz al amanecer. En las personas que viven en dichas latitudes, el sistema cronobiológico del cerebro se activa y se desactiva de forma rápida y debe sostener entre el amanecer y el anochecer una gran cantidad de estímulo lumínico. Por el contrario, los habitantes de latitudes altamente extremas (polos) deben pasar por largos períodos de luz (sin noches) y largos períodos sin luz (sin días). En este caso, sus centros cerebrales son activados de forma más constante en las épocas de días sin noches y menos activados en las épocas de larga noche sin día. Entre estos dos estados geográficos extremos, se sitúan las latitudes intermedias, en las que los seres humanos dependen de un amanecer y un anochecer lento, percibiendo sus cerebros una activación y desactivación suave. Esas condiciones geofísicas influyen en la fisiología y, por tanto, en la sensorialidad humana, induciendo una interpretación de lo real de forma muy específica.

Nivel 17 de filtro sensorial

El último nivel de filtro de lo real se halla en la actitud de la persona frente a los estímulos, frente al entorno exterior e interior. La actitud de la persona se construye desde sus capacidades perceptivas, a partir de las experiencias que ha vivido, dichas experiencias son generadoras de unos filtros internos llamados «metaprogramas», responsables de las «crencias», las cuales van a construir sus criterios que, a su vez, conformarán sus «valores», que vienen a ser las balizas que cada persona pone para marcar su camino. Estas balizas estimulan a la persona para prestar atención a las características del camino que ha emprendido, favoreciéndole la estructuración de sus «principios» (verdades, postulados, o axiomas fundamentales), gracias a los cuales tomará opciones (y acciones) que le configurarán unos compromisos que, a su vez, construirán su vocación (un estilo de vida) que, finalmente, repercutirá en el entorno en forma de feed back. Dichos procesos quedarán registrados en la memoria pasando el camino a formar parte de la meta.

Marco neurológico

Los sentidos dependen, de forma general, del sistema nervioso y, de forma específica, de las estructuras que constituyen cada órgano en concreto de los sentidos (ojo, lengua, nariz, piel, etc.). El sistema nervioso en sí mantiene el equilibrio entre las distintas maneras de gobernar las sensorialidades. Existe una forma involuntaria –cuyo encargado es el sistema nervioso autónomo (simpático-parasimpático)–, que tiene por misión regular los sistemas automáticos, tales como el respirar, el latido cardíaco, la digestión, el sueño o, respecto de los sentidos, favorecer el lagrimeo en los ojos, la mucosidad en la nariz, la salivación en la boca, el sudor en la piel, etc.

Junto al anterior existe una forma voluntaria, o sistema nervioso motor, que nos permite realizar acciones, desplazarnos, etc., y que actúa en los sentidos cuando un ojo ve, una nariz huele, el oído oye, etc., ejerciendo un movimiento del órgano sensor y de sus estructuras para captar o rechazar adecuadamente el estímulo.

Acompañando a las dos formas anteriores, existe también el sistema nervioso sensitivo-sensorial, específico de los órganos sensoriales.

Cada una de estas tres variantes del sistema nervioso del ser humano, goza de la facultad de ser aferente (captar) y eferente (emitir). Así pues, tienen la facultad tanto de recibir como de dar estímulos, de ser foco de recepción o de emisión, o sea: percibir estímulos o generarlos. De esta manera, un sistema nervioso autónomo puede captar un trastorno digestivo y provocar una diarrea, o un sistema nervioso voluntario puede captar un objeto y cogerlo, etc.

Disponen también la propiedad de la transversalidad. Los tres tipos de sistema nerviosos (autónomo, voluntario y sensitivo-sensorial) se encuentran mezclados entre sí, de forma multinivel, multimodal y multidimensional.

La transversalidad «multinivel» hace referencia a la posibilidad de acción en cada uno de los niveles, que van desde el sensor situado en un órgano hasta un área concreta del cerebro.

La transversalidad «multimodal» nos indica que puede actuar sobre distintos modelos. Un ejemplo lo tenemos en el sistema nervioso autónomo, que puede incidir sobre el sistema voluntario, y/o sobre el sistema sensitivo-sensorial.

La transversalidad «multidimensional» nos muestra que hay repercusión en las distintas dimensiones de la persona, causando en ella efectos sobre las tres dimensiones del ser humano (cuerpo, mente y espíritu).

Así, al oler, gustar, oír, ver, tocar, etc., lo que se está activando son los órganos de los sentidos que dependen de una parte puramente específica sensorial (el ver, el oír, el oler, el gustar, etc.), de una parte sensitiva (una luz demasiado intensa que provoca molestias, una música demasiado alta que hace vibrar al cuerpo, un olor que produce cosquilleo, una comida que quema, etc.), de una parte motora automática (cerrar los ojos al impactarle partículas de polvo, encoger los hombros y agacharse al oír una explosión), de una parte motora voluntaria (dirigir la cabeza hacia una fuente de sonido o de luz). Siendo, este conjunto de experiencias, almacenadas de forma consciente e inconsciente.

SISTEMA NERVIOSO
  - Involuntario o autónomo (simpático / parasimpático) 
  - Voluntario o motor 
  - Sensitivo-sensorial
  - Aferente-eferente
  - Transversal (multinivel-multimodal-multdimensión)
  - Consciente-inconsciente

Figura 2
. La acción (interferencia) de los distintos modos de actuar del sistema nervioso humano da lugar a la diversidad de filtrados de la realidad.

El sistema nervioso no existe aislado del resto del cuerpo. Depende y forma parte del estado de la sensorialidad y de los sentidos (percepciones), del estado cognitivo de la persona (sentimientos, voluntad, inteligencia), del estado inmunológico (defensas, reacción a virus y bacterias, reacciones alérgicas, etc.) y del estado endocrinológico (hormonas). De hecho, existe una disciplina médica poco desarrollada en nuestro medio denominada psiconeuroinmunología, que considera al triple eje psicológico-neurológico-inmunológico como una sola unidad funcional.13

Pero no sólo existe este eje de unidad funcional. Debemos añadirle el concepto de salud que nos habla de la misma no sólo como una ausencia de enfermedad física, psíquica y social (OMS), sino que además debe haber presencia de un estilo de vida autónoma solidaria y alegre; dado lo cual, el eje psico-neuro-inmuno-endocrinológico se amplía a senso-neuro-psico-endocrino-inmuno-pneumalógico («pneuma»: aliento vital, espíritu de la persona).

Notas:

* Diferenciamos el mundo de lo real del mundo de «la interpretación personal de lo real», que llamaremos realidad (conceptos aportados por el psicoanalista francés Jacques-Marie Émile Lacan, París, 1901-1981).

Bibliografía

1. Reeves, H.; Rosnay, J.; Copens, Y.; Simonet, D.: La història més bella del món. Els secrets dels nostres orígens. Ed. 62, 6ª edició. 1998.

2. Heckmann, J.G., Heckmann, S.M.; Lang, C.J.G.; Hummel, T.: «Neurological aspects of taste disorders», Archives of Neurology Chicago 2003; 60 (5): 667.

3. Eisthen, H.L.: «Why are olfactory systems of different animals so similar?», Brain Behavior and Evolution 2002; 9 (5/6): 273-294.

4. Köster, E.P.; Dgel. J.; Piper, D.: «Proactive and Retroactive Interferences in implicit Odor Memory», Chemical Senses 2002; 27 (3): 191.

5. Bensafi, M.; Rouby, C.; Farget, V.; Bertrand, B. et al: «Autonomic Nervous System Responses to Odours: the Role of Pleasantness and Arousal», Chemical Senses Oxford 2002; 27 (8): 703.

6. Guyton, A.C.; Hall, J.E.: «Organización del sistema nervioso; funciones elementales de las sinapsis y de las sustancias transmisoras», Tratado de Fisiología Medica 2000; Mc Graw-Hill Interamericana, 10ª ed.: 621-639.

7. Owen, A.M,; Coleman, M.R.; Boly, M. et al: «Detecting Awarnes in the Vegetative State», Science Brevia 2006; 313 (8).

8. Coren, S.; Ward, L.M.; Enns, J.T.: «Sensación y Percepción». Atención. Mc Graw-Hill. 5ª ed. 2004: 453-487.

9. Díez Noguera, A.: «Ritmos biológicos en los seres vivos». Cronobiología, farmacología, patología. Directores: Tamargo, J.; Barberà, J.M., Ed. Mayo. 2005: 1-20.

10. Ship, J.A.; Pearson, J.D.; Cruise, L.J.; Brant, L.J.; Metter, E.J.: «Longitudinal changes in smell identification»,The Journal of Gerontology: Series A: Biological sciences and medical sciences 1996; 51A (2): M86.

11.Bingham, P.M.; Abassi, S.; Sivieri, E.: «A pilot study of milk odor effect on nonnutritive sucking by premature newborns», Archives of Paediatrics & Adolescent Medicine Chicago 2003; 157 (1): 72.

12. Serra, A.; Maiolino, L.; Agnelo, C. et al: «Auditory brain stem response throughout the menstrual cycle», The Annals of Otology, Rhinology & Laringology 2003: 112 (6): 549.

13. Ader, R.; Psychoneuroimmunology. Ed. Robert Ader. Vol 1, 2. Elsevier. 2007.

14. «Xè Congrés de Metges i Biòlegs de Perpinyà: Congrés de Cultura Catalana», Perpinyà (1976).

 

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19/09/08
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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