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La legislación de la industria alimentaria
viene siendo cada vez más estricta en cuanto a la calidad de los productos. El
sabor y el aroma son aspectos que determinan el éxito de un alimento en un
mercado cada vez más competitivo. Las características organolépticas de un
producto se establecen mediante un grupo de expertos catadores. Sin embargo, su
capacidad sensitiva está limitada con el tiempo, ya que se produce la
saturación de los órganos receptores del sabor. Además, las condiciones ambientales
pueden afectar a la objetividad del experto y, por tanto, a la reproducibilidad
de las medidas. Por ello, resulta evidente la necesidad de desarrollar sistemas
automatizados de análisis que permitan medir el sabor y, además, controlar la
calidad de los alimentos, tanto durante el proceso de fabricación como en el
producto final. Las lenguas electrónicas (electronic
tongues) funcionan en
este sentido. Pueden clasificar distintos sabores, detectar productos que
alteren la calidad del alimento, productos contaminantes, impurezas y
sustancias tóxicas. Como ejemplo, en el campo de la industria vinícola, una
lengua electrónica puede discriminar entre varios vinos de una misma variedad,
año o denominación de origen.
Podemos definir una lengua electrónica como un instrumento analítico que
reproduce de forma artificial la sensación del sabor. Estos instrumentos
normalmente constan de varios componentes: 1) un muestreador automático;
2) un conjunto de sensores químicos de distinta especificidad; 3)
instrumentación para adquirir la señal, y 4) el software con los
algoritmos apropiados para procesar la señal obtenida y obtener los resultados
deseables según se requiera un análisis cualitativo o cuantitativo.
Sistema gustativo
Si consideramos cómo funciona el sistema
gustativo humano podemos establecer cierto paralelismo con las lenguas
electrónicas. La lengua es el principal órgano gustativo del cuerpo humano (véase figura).
Ésta es un cuerpo carnoso de gran
movilidad, ubicado en el interior de la cavidad bucal. Su superficie está
cubierta por pequeñas papilas, que son de tres tipos: las calciformes y
las foliadas o fungiformes son papilas gustativas, mientras que las filiformes
son papilas táctiles y registran la temperatura. Las papilas gustativas son las
más importantes, ya que son las responsables del sentido del gusto. Las papilas
gustativas están formadas por un racimo de células receptoras rodeadas de
células de sostén o apoyo. Tienen un poro externo pequeño, a través del cual se
proyectan finas prolongaciones de las células sensoriales, que son como
diminutos pelillos expuestos a la saliva que entra por los poros. Un alimento introducido
en la boca y disuelto en la saliva, interactúa con los receptores de los
pelillos del gusto y genera un impulso nervioso que es transmitido al cerebro
por medio los cuatro nervios craneales. La sensación del sabor se obtiene una
vez en el cerebro se han recibido las señales correspondientes al conjunto de
células sensoriales para todas las sustancias químicas presentes, y éste las
transforma mediante complejos sistemas de reconocimiento en un sabor concreto.
La frecuencia con que se repiten los impulsos indica la intensidad del sabor;
es probable que un tipo de sabor quede registrado por un tipo de células que
hayan respondido de una forma más específica al estímulo.
A pesar de lo que nos pueda parecer,
percibimos cinco sabores básicos: en la parte delantera de la lengua captamos
el sabor dulce; atrás, el amargo; a los lados, el salado y el ácido o agrio. El
sabor umami se relaciona con compuestos como glutamato monosódico y es
característico de alimentos sabrosos, ricos en proteínas. Parece ser que su
localización es más compleja. El resto de los sabores son sensaciones, producto
de la combinación de estos cinco, estimuladas por los olores emanados de los
alimentos que consumimos.
Sensores químicos
Considerando el funcionamiento del sistema
gustativo, se puede establecer cierta analogía entre las células del gusto y
los sensores químicos. Por ejemplo, las células que detectan el gusto ácido,
reciben estímulos ante la presencia de protones disociados de ácidos; las del
gusto salado, detectan la presencia de iones sodio y cloruro, las del gusto
dulce detectan la presencia de moléculas de glucosa o sacarosa, etc. En el caso
de los sensores, cada uno de estos compuestos interacciona con la membrana
receptora dando lugar a una señal eléctrica. La suma de estas señales para
todos los compuestos de una muestra y para cada sensor da lugar a una huella (fingerprint)
que determina la respuesta del sensor.
Por tanto, para la medida del sabor, se
requiere un conjunto de sensores, cada uno con una sensibilidad y especificidad
distinta. A diferencia de los clásicos sensores químicos, en los cuales se
busca la máxima selectividad, en estos sensores no se requiere especificidad a
una especie, sino la medida de la intensidad o la calidad que ofrece el
conjunto de una serie de sustancias presentes en una cantidad determinada. Las
lenguas electrónicas funcionan según este principio.
Un sensor consta de varios elementos: la
membrana sensora, el transductor que convierte la señal química en una señal
física eléctrica u óptica, y el circuito que adquiere la señal y la acondiciona
para su lectura.
Las membranas pueden contener distintos
receptores según el compuesto a detectar. Por ejemplo, receptores iónicos,
enzimas y células. Normalmente el analito o compuesto a detectar interacciona
con el receptor de la membrana originando una señal química. Esta señal es
convertida por el transductor en una señal física, normalmente eléctrica u
óptica. Esta señal es amplificada y acondicionada para su lectura en un
circuito o instrumento de medida. La lectura de la señal se puede realizar a
través de una pantalla (digital o analógica) o a través del PC.
Los transductores más utilizados para las
lenguas electrónicas son electroquímicos, másicos y ópticos. Entre los primeros
se encuentran los potenciométricos basados en electrodos selectivos a iones (ion
selective electrode, ISE), transistores de efecto de campo sensibles a
iones (ion sensitive field effect transistors, ISFET), los
voltamperométricos y los amperométricos. Entre los transductores másicos o
gravimétricos se encuentran los de onda acústica superficial (surface
acoustic wave, SAW) y las microbalanzas de cuarzo (Quartz crystal
microbalance, QCM). Los transductores que tienen propiedades ópticas pueden
ser muy variados, algunos ejemplos son los de resonancia de plasmones
superficiales (surface plasmon resonance, SPR) o los interferométricos.
Cada uno de estos transductores tiene
ventajas e inconvenientes según la aplicación. En general, se suelen usar
conjuntos de sensores individuales que sigan el mismo principio de
transducción. Ello permite una mayor simplificación en el proceso de
adquisición y tratamiento de la señal. Las tecnologías actuales basadas en la
microelectrónica tienden, sin embargo, a desarrollar conjuntos de sensores en
un mismo sustrato (sensor array). De este modo, se reduce el tamaño del
sensor y la circuitería se simplifica. También esta tecnología permite la
integración de los sistemas de acondicionamiento y tratamiento de la señal en
el mismo sustrato del sensor, con lo que se obtiene una mayor miniaturización
del sistema de medida.
Lenguas electrónicas
Las lenguas electrónicas se componen
básicamente de un conjunto de sensores. Cada
sensor mide una propiedad determinada de la muestra. La respuesta del conjunto
de sensores ofrece una huella característica para cada especie en la muestra.
La suma de todas las huellas permite establecer un patrón de reconocimiento
para cada sabor. Otra posibilidad de las lenguas electrónicas es el
reconocimiento del sabor calibrando previamente el sistema con los resultados
de un panel. Se pueden relacionar los distintos grupos de sabores establecidos
por el sistema sensor según la composición química u origen con los sabores
definidos por el panel.
Unos de los aspectos mas críticos de las
lenguas electrónicas es el posterior tratamiento de los datos para obtener una
respuesta coherente y útil. Para ello se utilizan métodos de análisis
multiparamétricos. Éstos recogen toda la información que se obtiene de los
sensores, seleccionan la que puede ser más significativa y, mediante algoritmos
para reconocimiento de patrones, interpretan la señal de todos los sensores.
Existe un gran número de métodos matemático-estadísticos: redes neuronales (artificial
neural networks, ANN); análisis de componentes principales (principal
component analisis, PCA); mínimos cuadrados (partial least squares,
PLS); análisis discriminante (DA), etc. Todos estos métodos tienen características
distintas en cuanto al tratamiento de los datos. La mayoría se utiliza para
reconocimiento de patrones: el sistema sensor es expuesto a diferentes
concentraciones de los analitos que se supone tendrá la matriz de la muestra
para que establezca patrones de respuesta. Este proceso es como un
entrenamiento del sistema: las respuestas en función del tipo de alimento (pe.,
café, vino, te, etc.) deben ser almacenados en una base de datos. A partir de
esta base de datos se puede establecer clasificaciones de cada muestra según el
origen, el año, la composición química, etc.
La investigación y desarrollo de las
lenguas electrónicas es actualmente muy extenso (véase la bibliografía). Los
grupos que han trabajado tradicionalmente en el campo de sensores y de sistemas
de tratamiento de datos son los principales que abren líneas de desarrollo en
este campo. El tipo de sensores más usuales son los electroquímicos, entre
ellos los potenciométricos y voltamperométricos. Los sensores electroquímicos
ofrecen una gran versatilidad –pueden detectar especies iónicas y moleculares–,
se pueden introducir en muestras no homogéneas y son sencillos de manipulación.
Actualmente existen en el mercado varios instrumentos que actúan como lenguas
electrónicas. Hay dos que cabe destacar:
- ASTREE de AlphaMOS: Utiliza un array de
siete sensores basados en ISFET con distintas membranas selectivas a iones.
- SA401 de Anritsu Corp.: Utiliza un array de ocho sensores
potenciométricos que contienen membranas lipídicas en analogía a las membranas
celulares.
Ambos instrumentos constan de un
automuestreador y de un sistema informático muy potente que permite analizar la
respuesta de los sensores con varios métodos estadísticos y obtener tanto
resultados cualitativos como cuantitativos.
Los sensores de estado sólido fabricados
con tecnologías microelectrónicas como ISFET, microelectrodos amperométricos,
IDS para medida de conductividad, etc., suponen un gran beneficio en este
campo. Todos ellos pueden aplicarse a muestras de alimentos y bebidas, y tienen
como mayor ventaja su robusteza y pequeño tamaño. Además, al fabricarse con
sustratos semiconductores, se puede integrar varios sensores y la circuitería
de adquisición de la señal en un mismo sustrato, obteniendo los llamados sensores
inteligentes (smart sensors).
Estos sensores se fabrican en el Instituto
de Microelectrónica de Barcelona (IMB) y se han aplicado en muestras de bebidas
para comprobar su funcionamiento. En la figura adyacente se
puede observar el resultado obtenido de medir cuatro parámetros en vinos
blancos y tintos, y cómo, realizando un diagrama radial con los valores
promedio, se puede establecer un patrón de respuesta diferente para vinos
blancos y tintos.
Asimismo, en la siguiente figura se
muestra el resultado obtenido con varias aguas minerales. En este caso se han
utilizado más parámetros para poder establecer un patrón de respuesta para cada
agua. El tratamiento de los datos se ha realizado con el método quimiométrico
de componentes principales, PCA. Se puede establecer para estas muestras una
relación bastante clara entre la composición química del agua y los resultados
obtenidos. Por ejemplo, se puede observar que existe una diferencia importante
entre las aguas carbonatadas (Vichy y Malavella) y las demás.
A través de estos ejemplos se demuestra
cómo los sensores pueden utilizarse para la medida de alimentos, tanto desde el
punto de vista cuantitativo, analizando algún compuesto determinado, como desde
el punto de vista cualitativo, obteniendo un patrón de respuesta según el
sabor.
Bibliografía
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Toko&Hayashi Lab., http://ultrabio.ed.kyushu-u.ac.jp/tope.htm
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