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Paul Kay, del International Computer Science Institute
de Berkeley, California, lleva 35 años interesándose por la lingüística del
color. En 1969 publicó, junto al antropólogo Brent Berlin,
actualmente profesor en la Universidad de Georgia, un trabajo que representa un
punto de partida para estudios posteriores1 en el que se aventuraban
en la universalidad y la evolución de los términos utilizados por distintas
lenguas para designar los colores básicos. Para consultar lo último en
lingüística de colores que publicó Berlin con Kay tenemos que remitirnos a una
obra de 1997,2 una extensa revisión que resume las investigaciones
sobre categorización y asignación de nombres a los colores entre las distintas
lenguas del mundo. Las ocupaciones de Berlin, tras 25 años en la lingüística y
la etnobiología, discurren actualmente por su faceta más antropológica,
hallándose en la actualidad volcado en explorar el conocimiento y uso de las
plantas medicinales en las culturas tradicionales de Centroamérica. No
obstante, Kay ha seguido el camino iniciado hace más de tres décadas,
colaborando con autores como Terry Regier,
profesor de psicología en la Universidad de Chicago, interesado en la relación
entre lenguaje y pensamiento y cuyo trabajo es, en gran medida, de naturaleza
computacional, en virtud de lo cual ensaya modelos semánticos con datos
lingüísticos y psicológicos. Fruto de dicha colaboración es el World Color Survey.3
Categorizaciones
léxica y perceptiva del color
La categorización del color es abordable
desde dos perspectivas que se han manifestado más o menos encontradas desde
mediados del siglo XIX:4
la léxica, o división de las sensaciones cromáticas en clases correspondientes
al significado de los correspondientes lexemas en un determinado lenguaje, y la
perceptiva, o división de las sensaciones cromáticas en clases según los
procesos perceptivos de un organismo. Los primeros estudiosos del problema
advirtieron que no todos los lenguajes reflejaban idénticas clasificaciones
léxicas del color. Algunos lo veían como una manifestación de capacidades
perceptivas (por ejemplo, para ellos el órgano del color y sus sensaciones
estaban sólo parcialmente desarrollados en los griegos de la época heroica),
argumento que la mayoría no compartía, aunque en todos los casos se tendía a
una explicación evolutiva de las diferencias entre términos cromáticos.
El efecto whorfiano
No obstante, ya en el siglo XX, se abandonó la doctrina
evolucionista para decantarse por el relativismo. Paradigma de la correlación
entre lingüística y variables cognitivas es el célebre efecto whorfiano,
llamado así por su descriptor, el lingüista norteamericano Benjamín Lee Whorf
(1897-1941), según el cual el mayor o menor grado de «especialización» que
alcanza una cultura con relación a su medio tiene un reflejo lingüístico
evidente. Para él, desde el mismo momento en el que un pueblo perdiese su
lengua perdería también su cultura, su «propia visión del mundo». Como
ilustración de ello, es ya un clásico el
trabajo
de Whorf sobre la lengua hopi, hablada por un pueblo amerindio con una
concepción del espacio y el tiempo propia. La lengua de los hopi monolingües
estudiados por este autor no contenía palabras, formas gramaticales,
construcciones o expresiones para referirse directamente a lo que nosotros
llamamos «tiempo», a conceptos tales como pasado, presente y futuro, porque su
visión del universo era radicalmente distinta a la occidental. E igualmente
conocido y citado es el efecto whorfiano referente a la gran variedad de
términos empleados por los esquimales para designar distintos tipos de nieve.
Este modelo whorfiano es al que apelan algunas investigaciones para reflejar la
influencia de los aspectos cognitivos derivados del conocimiento del entorno
sobre el lenguaje cromático.
La translingüística de
los colores básicos
Sin abandonar esta doctrina relativista,
a partir de los años sesenta del siglo pasado se iniciaron estudios
translingüísticos, como el ya introducido de Berlin y Kay,1 en el
que compararon los términos que hacen referencia a los colores básicos en 20
idiomas, y se compararon con 78 idiomas adicionales de la literatura
especializada. Su conclusión: existe una universalidad en la semántica del
color. Los principales términos cromáticos de todos los idiomas
están referidos a uno de un grupo de once colores principales, colores
básicos que son considerablemente constantes entre culturas (aunque no todas
ellas los distinguen en igual número). Así, en aquellos lenguajes que sólo
tienen dos palabras para nombrar colores, éstos eran siempre blanco y negro, si
aparecía un nuevo nombre, siempre era rojo. El cuarto y quinto eran verde y
amarillo o bien amarillo y verde, y el sexto y séptimo azul y marrón,
respectivamente. Al final aparecían gris, violeta y el resto de colores
(figura 1). Estos
resultados fueron cuestionados desde el punto de vista metodológico por
antropólogos como Nancy Hickerson6 y apoyados por psicólogos como
Miller y Jonson-Laird,7 aunque han ido manteniendo su vigencia hasta
el momento.
Nuevas hipótesis
antirrelativistas
En el año 2002 todavía se publica algún
trabajo que redunda en la idea de que carencias perceptivas pueden estar en la
raíz de las diferencias lingüísticas:8 Lindsey y Brown, dos
profesores de psicología, investigadores de la percepción visual humana en la Universidad Estatal de Ohio explican
la ausencia del término «azul» en varios idiomas (en su lugar, designan a esta
categoría cromática como «verde» u «oscura»), como un fenómeno cultural
resultado del envejecimiento ocular acelerado por exposición crónica a la
radiación UV. Este envejecimiento conduciría a un amarilleo de las lentes
oculares, con una correspondiente distorsión del espacio cromático. En otras
palabras, los autores describen que en lugares con radiación UV baja los
idiomas suelen incluir el lexema «azul», mientras que en las zonas con UV
elevada suelen prevalecer idiomas sin «azul». Regier y Kay9 comentan
tales resultados en un artículo disponible en las páginas personales de estos
autores; para ellos, la explicación puede residir en un artefacto metodológico,
ya que los países situados en los trópicos, con más radiación y menos azul, son
también los menos industrializados. No deja por ello de ser interesante la
observación de Lindsey y Brown, ya que sujetos angloparlantes expuestos a
estímulos que simulan el resultado de este envejecimiento del ojo tienden a
incluir el color azul dentro del término «verde». La posibilidad permanece intrigantemente
abierta.
Sondeo cromático de las lenguas del mundo
Este recorrido histórico por las
raíces y la herencia de las interacciones entre el lenguaje y la cognición del
color, de la mano de los estudios y autores antes citados, ofrece una somera perspectiva
de la transición desde el evolucionismo al relativismo (con excepciones como la
anteriormente citada), abundando en la concepción universalista establecida por
Berlin y Kay1 y que desemboca en la «fuerte tendencia a la
universalidad» que se desprende del World Color Survey (WCS) o sondeo cromático mundial; un
ambicioso estudio de colaboración entre la
Universidad de California en
Berkeley y la Universidad de Chicago en el que
se recogen y analizan estadísticamente datos de 110 lenguajes no escritos de
sociedades no industrializadas. De hecho, el considerable tamaño de la muestra
y sus peculiaridades indicadas son dos condiciones que necesariamente debía
incluir este estudio para que sus resultados se aceptaran como válidos ante una
comunidad que cuestionaba los datos previos de 1969.1 Como hemos
visto, tales resultados que sugerían la existencia de tendencias universales
entre lenguajes en la denominación de colores, habían sido contestados en los
últimos 20 años. Las principales críticas eran de tipo metodológico y objetivo;
aparentemente el trabajo clásico era vulnerable en dos aspectos primordiales:
los resultados no habían sido sujetos a un tratamiento estadístico adecuado y
la muestra estaba en exceso sesgada hacia lenguajes escritos de sociedades
industrializadas (y, por consiguiente, unidas entre ellas por el proceso global
de la industrialización). Por fin, en julio del 2003, Kay y Regier publican los
resultados del WCS. Habían recolectado in situ datos sobre nombres de
colores en 110 idiomas no escritos, hablados en sociedades pequeñas no
industrializadas, con una media de 24 parlantes nativos por cada idioma
(preferentemente monolingües), a los que se pedía que nombraran cada una de las
330 muestras de colores (figura 2) creadas especialmente. La aplicación de
pruebas estadísticas a los datos obtenidos ha permitido a los autores concluir
que existen claras tendencias estadísticas translingüísticas para determinadas
categorías cromáticas, que suelen coincidir en ciertos puntos preferentes del
espacio cromático perceptivo; estos puntos preferentes son similares para las
sociedades industrializadas y las no industrializadas. Suelen
situarse cerca de los colores denominados rojo, amarillo, verde, azul, púrpura,
marrón, naranja, rosa, negro, blanco y gris, las 11 categorías cromáticas que
ya mencionaban Berlin y Kay en 1969. Así, acerca de la universalidad de
categorías, las últimas investigaciones parecen indicar la existencia de
fuertes tendencias universales en la denominación de los colores entre las
lenguas de ambos tipos de sociedades.
Bibliografía
1 Berlin, B. y Kay, P.: Basic
Color Terms: Their Universality and Evolution. University of California
Press, Berkeley, 1969.
2 Kay, P.; Berlin, B.; Maffi, L. y
Merrifield, W.: «Color naming across languages». En: Color categories in
thought and language. Hardin, C.L. & Maffi, L., eds. Cambridge University Press,
Cambridge, 1997.
3 Kay, P. y Regier, T.: «Resolving the question
of color naming universals», Proceedings of the National Academy of Sciences
USA 2003; 100 (15): 9085-9089.
4 Kay, P.: «Color categorization», The MIT
Encyclopedia of the Cognitive Sciences, Robert A. Wilson y Frank C. Keil,
eds. Cambridge, MA, 1999.
5Dürsteler,
J.C.: «¿Existe el color?», Inf@vis! 126, 14
julio 2003 (http://www.infovis.net/Revista/2003/num_126.htm)
6Hickerson, N.: «Review of basic color terms», International
Journal of American Linguistics 1971; 37: 257-270.
Miller, G.A. y Johnson-Laird, P. Language
and Perception. Cambridge University Press, Cambridge, UK, 1976.
8Lindsey, D.T. y Brown, A.M.: «Color naming and
the phototoxic effects of sunlight on the eye», Psychological Sciences
2002; 13 (6): 506-512.
9Regier, T. y Kay, P.: «Color naming and sunlight»
(http://www.ccp.uchicago.edu/faculty/Terry_Regier/papers/sunlight.pdf)
Figura 1
Secuencia evolutiva en que aparecen los nombres de colores en los
idiomas de las distintas culturas, postulada en el trabajo original de Berlin y
Kay1 (De Dürsteller, 20035).
Figura 2
Carta con las 330 muestras de colores creadas especialmente para
el World Color Survey (De http://www.icsi.berkeley.edu/wcs/study.html)
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