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THE EDITORIAL SECTION PROVIDES MONTHLY COMMENTS AND REFLECTIONS ABOUT SENSORY SCIENCES BY PERCEPNET EDITORS AND CONTRIBUTORS

Privación sin sentido
[A nonsense deprivation]
Despojar a un ser de estímulos visuales, auditivos, olfativos, gustativos y táctiles es privación sensorial. El estudio de la privación de estímulos sensoriales se llevó a su extremo en la década de los cuarenta del siglo XX en experimentos norteamericanos y alemanes que consistían en introducir a los sujetos de estudio dentro de tanques con agua caliente y salada. Dentro del tanque, la oscuridad y la insonorización son totales. La flotación en el agua contribuye a destruir el sentido del equilibrio del cuerpo, que desestabiliza a su vez el equilibrio de la mente. El agua se mantiene a la temperatura corporal. El cerebro no puede distinguir los límites del cuerpo y se anulan los estímulos táctiles.

La estimulación sensorial es vital para el mantenimiento de las funciones cerebrales. El mundo tiene sentido cuando se puede comparar lo almacenado en el cerebro con lo percibido por los sentidos. La estimulación correcta del cerebro permite establecer nuevas conexiones neuronales y aumentar la eficiencia cerebral. La privación sensorial induce alteraciones que van desde la pérdida parcial de memoria, la disminución del coeficiente intelectual o los cambios de personalidad a las alucinaciones. Si la privación de estímulos dura un corto período de tiempo puede incluso resultar relajante o terapéutica, pero si se prolonga horas o incluso días puede causar un daño cerebral de consecuencias catastróficas.

La literatura especializada contempla la privación sensorial desde un enfoque distinto a la óptica bajo la cual se ha presentado este concepto en los medios de comunicación durante las últimas semanas. Los estudios sobre privación de estímulos se dirigen a casos, por ejemplo, de debilidad visual, que en ocasiones dan lugar al llamado síndrome de Charles Bonnet, en el que las alucinaciones visuales son un signo de disminución de la función visual; o algunos experimentos llevados a cabo a mediados de la década de los cincuenta con estudiantes privados de estímulos, que mostraron una menor capacidad visual y de razonamiento abstracto. En niños sin estímulos ni afectividad la privación sensorial se convierte en privación emocional, y puede causar incluso deterioro orgánico. Es corriente que los niños autistas «desconecten» sus sentidos para aislarse de la realidad. En ancianos enfermos en condiciones de aislamiento (salas de hospitales, residencias, entornos familiares poco favorables) se dañan las funciones psicológicas y orgánicas. Las condiciones en las prisiones y centros de reclusión generan un tipo de privación sensorial que llevan a un deterioro del estado de ciertos enfermos, como es el caso de los afectados por sida, situación responsable en parte de la mayor mortalidad entre los enfermos recluidos.

Pero la privación sensorial es también una forma habitual de tortura. El objetivo es la confusión, el «lavado del cerebro». Si el cerebro «cree» que esta confusión cesará con una acción concreta, ordenará que el individuo la haga, incluso contra su razón. El objetivo es «romper» a los individuos antes de interrogarles. Son métodos de tortura aplicados a los soldados norteamericanos capturados en Corea, a los terroristas palestinos en Israel, a los prisioneros recluidos en la década de los setenta en Europa del Este, a los terroristas en algunos países europeos y a los presos talibanes recluidos en Guantánamo, en ocasiones en combinación con otras técnicas que contribuyen a la desestructuración mental y física, como la privación del sueño, el ruido blanco, y las posturas dolorosas. Los torturados sufren ataques de pánico y pesadillas. Sus defensas psicológicas caen y llegan a perder la noción de identidad. Antifaces y grilletes son distintas formas de un mismo acto de violencia, ya que toda agresión a la sensorialidad, como parte de nuestra estructura más íntima, tiene consecuencias devastadoras para la integridad del individuo. El flujo sensorial es crucial para la vida.


 

[+EDITORIAL]
31/01/02
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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