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THE EDITORIAL SECTION PROVIDES MONTHLY COMMENTS AND REFLECTIONS ABOUT SENSORY SCIENCES BY PERCEPNET EDITORS AND CONTRIBUTORS

Sin interpretación no hay anticipación
[Without interpretation there is not anticipation]
Es casi imposible sustraerse al impulso vital de referirse a la tragedia que asoló, el día 26 de diciembre de 2004, miles de kilómetros de las costas asiáticas bañadas por el Índico. El océano engulló lo que halló a su alcance, en una marea mortal que surgió como reacción a un seísmo marino de 9 grados en la escala abierta de Richter. Sin embargo, el corrimiento de las placas indoaustraliana y euroasiática fue detectado, al parecer, por determinadas especies de animales preparadas para recabar y asimilar un tipo de información del entorno que la inmensa mayoría de los humanos ni tan sólo percibimos. Una noticia curiosamente feliz, dentro de un desastre sin precedentes, fue el hallazgo de pocos animales sin vida. Lamentablemente, no fue el caso de los más de 150 000 muertos y centenares de miles de desaparecidos que pueden haber perecido en el maremoto.

¿Cómo lograron anticiparse? Los organismos vivos, sabemos, poseen mecanismos que les permiten reconocer la información sensorial del entorno y procesarla para crear su propia representación mundo exterior. Con distintos sistemas sensoriales, las diferentes especies perciben el mundo de distinto modo, por lo que cada una vive en un mundo sensorial del que otras pueden hallarse parcial o totalmente ajenas. Es posible, pues, que sea esta representación propia del entorno la que logró prevenir, unos instantes antes del desastre, a los mamíferos del Yala National Park, o a las serpientes (en China se trabaja desde hace más de cinco décadas con la idea de que los reptiles pueden detectar los terremotos con antelación). Pero hay algo más tras los niveles de percepción: su interpretación. La explicación, se ha apuntado, puede residir en el increíblemente sensible oído de algunos animales, como los elefantes, que pueden producir y captar sonidos a frecuencias menores de las que es capaz de detectar el hombre, o en su capacidad de percibir vibraciones en el terreno producidas a muchos kilómetros de distancia. En cualquier caso, la matriz informacional en la que estamos inmersos nos envía señales que, cuando carecen de una fuerte componente audiovisual, en ocasiones no podemos interpretar. Si no hay percepción, no existe la anticipación que permita la supervivencia. Sin embargo cabe preguntarse por la reacción de los habitantes del Índico al ver huir despavoridos desde elefantes a gatos. A efectos prácticos, hemos generado nuestra propia oscuridad informacional, de la que somos víctimas y que, en este caso más que nunca, ha equivalido a la muerte.


 

[+EDITORIAL]
17/01/05
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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