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THE EDITORIAL SECTION PROVIDES MONTHLY COMMENTS AND REFLECTIONS ABOUT SENSORY SCIENCES BY PERCEPNET EDITORS AND CONTRIBUTORS

La crisis de la crisis sensorial
[The crisis of the sensorial crisis]

En la primavera de 2008, diversos especialistas, atentos sin duda a los movimientos del entorno, dieron una primera voz de alarma: «entramos en crisis sensorial», una crisis sensorial producida por el exceso de información, redundante y contradictoria, que nos golpeaba (y nos sigue golpeando) en todas y cada una de nuestras interficies sensoriales.¿Los síntomas de esa crisis? La falta de reacción de nuestras sociedades avanzadas ante la noticia del exorbitante gasto energético que se evidenció el primer trimestre del 2008, información que los ciudadanos de los países consumidores atribuyeron, al parecer, al «ruido informacional» y que ignoraron para seguir con sus rutinas.

Percepnet recogió aquel momento en su editorial de mayo, con una exposición de causas y efectos. El artículo fue leído más de 500 veces en los meses posteriores, por lectores tal vez más sensibles al entorno que la mayoría. Pero no hubo continuidad en la alerta y los ciudadanos siguieron apostando por la sobresaturación de impulsos, omitiendo el presente sensorial y evitando entrever el futuro, sumergidos en una auténtica algarabía de olores, sabores y texturas (y sonidos e imágenes) a modo de entorno amable y controlado. Llegados a este punto no había más que reforzar esa realidad sustitutoria a base de prótesis informáticas (teléfonos, reproductores de sonido, consolas, ordenadores, etc.) que la gestionasen. El paseo tutelado por ese parque temático ya duraba una década y seguíamos sordos a los alaridos del convoy que iba a arrollarnos escasos meses después.

Esta es la crisis de la crisis sensorial que la ha precedido. Horas antes de que el sistema financiero global empezara a tambalearse, los grandes prescriptores de los mercados bursátiles ignoraban las sutiles señales que transmitían el sudor de los parquets, incapaces ya de contener la avalancha, pero se aplicaban en escudriñar, con todos sus sentidos, señales de vida inteligente en los visores de sus PDA.

Casi nadie ha olfateado la crisis, ni ha sentido la premonición de su sabor. ¿Realmente pretendemos sobrevivir si las únicas informaciones que esperamos obtener de nuestros sentidos es placer o repugnancia?

Deberemos reposicionar nuestros sentidos en primera línea, sumergirlos en las corrientes evolutivas del entorno, en todo cuanto es susceptible de variar por sí mismo o por la complejidad vital. Hay que evitar los lugares cerrados de siempre, saturados de ideas repetitivas, aromatizantes industriales y texturas inánimes. Una primera lección puede consistir en aprender a recopilar los estímulos del entorno, aunque ese entorno sea la tediosa mirada de un transeúnte sobre un fondo sabor diesel entre los dientes.Disponemos para ello de numerosas y poderosas prótesis tecnológicas, muchas de ellas con trascendencia sensorial. Pero no volvamos a equivocarnos, la tecnología no es el entorno, somos nosotros a través del espejo.

Nuestra inteligencia sensorial puede interpretar y dar significado a ese caudal desaforado de información incomprensible que nos inunda y al que hemos decidido llamar crisis (una vez más). Podemos aportar moléculas, energía e información capaces de contribuir a encontrar el nuevo equilibrio sensorial del planeta. Pero no sin asomarnos al abismo y descifrar su fragancia.

¡Queda mucho trabajo por hacer!

 

[+EDITORIAL]
22/01/09
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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