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THE EDITORIAL SECTION PROVIDES MONTHLY COMMENTS AND REFLECTIONS
ABOUT SENSORY SCIENCES BY PERCEPNET EDITORS AND CONTRIBUTORS
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Crisis energética de origen
sensorial
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El sol brilla para
todos por igual, aunque la inclinación de sus rayos, y la energía que por ello
recibimos, dependa de nuestra latitud geográfica. La luz, con su enorme carga
energética, y en menor medida informacional, nos aporta noticias del ignito lejano, con matices adquiridos por los
rayos durante el viaje, un fenómeno que suele teñir el mensaje de vistosos cromatismos.
Reduciendo generalmente
en varios grados de magnitud las distancias y la energía contenida, el sonido
transmite informaciones con significado sensorial, siendo el componente
energético, también aquí, el principal. Podemos rastrear los efectos «cromáticos»
del recorrido en las ondas sonoras, que
pueden acabar transformados en música.
Sin embargo, la energía
puede afectar nuestra seguridad vital. Por esa razón podemos sentir la potencia
de los mensajes sensoriales no sólo con los órganos especializados (ojos y
oído). También con la piel, convertida en barrera y paraguas de los posibles
excesos energéticos.
La vida (en el sentido
más amplio del término) es especialmente sensible a los excesos energéticos.
Cuando se superan ciertos niveles establecidos y perfectamente asumidos por una
especie determinada, se produce la crisis: la crisis energética de origen
sensorial, de consecuencias potencialmente dramáticas. Sin embargo, no
interpretamos la cantidad de energía directamente: es un complejo de valores
sensoriales perfectamente definidos lo que desencadena la alarma, tras la cual
el organismo en peligro reacciona a fin de contrarrestar la agresión. Son
reacciones somáticas, reflejas, que afectan al metabolismo y los equilibrios
hormonales, pero también estratégicas, produciendo efectos dramáticos sobre la
actitud, la movilidad y la forma. Durante una crisis, tal vez los órganos
sensibles no perciban gran cantidad de información convencional (intensidad
lumínica, ruido), pero no hay duda que el mensaje resulta inequívoco.
El peligro
en su
formulación energética, por tanto, no es una elaboración cerebral. En
origen, es un mensaje sensorial especializado, que tiene como destinatario el
aparato neuronal, pero también el complejo metabólico, que es el que acabará
aportando las soluciones para
superarlo.
Porque cada vez que
conseguimos sobreponernos a una crisis sensorial (como a cualquier otra)
aprendemos pautas de éxito que más tarde aplicaremos a otras eventualidades
similares; en este caso, con traducción sensorial. Esa es la razón por la cual
pautas generadas en crisis sensoriales pueden tener aplicación en territorios
tan dispares como la alimentación, la comunicación y el marketing. He aquí un
insospechado desarrollo de la evolución que parece querer asegurarse la
existencia y el placer en una sola maniobra.
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