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THE EDITORIAL SECTION PROVIDES MONTHLY COMMENTS AND REFLECTIONS ABOUT SENSORY SCIENCES BY PERCEPNET EDITORS AND CONTRIBUTORS

Siempre que nos sumergimos en el cerebro

Siempre que la ciencia se sumerge en el cerebro, regresa a la superficie de los conocimientos con alguna sorpresa. Tal vez, debido a la aparente opacidad que produce su enorme complejidad. De hecho, la neurología suele aparecer como una ciencia abrumada por la desmesura de su objeto de estudio.

Sin embargo, no todo el mundo se siente agobiado por tan inabarcable enigma. Dos trabajos, en distinto sentido y realizados por científicos de variadas disciplinas, conducen a la hipótesis de que el cerebro usa un gran potencial en analizar y «comprender» las señales del entorno. Pero, a la hora de actuar, prefiere predecir la realidad que reaccionar a ella.

Jeff Hawkins, un inquieto empresario informático de Silicon Valley que ejerce, además, de enfant terrible de las neurociencias, propone que la maquinaria cerebral se resume en un solo algoritmo, simple y versátil, pero capaz de generar toda nuestra complejidad mental. El paradigma es observar, comparar, memorizar y prever los inputs del futuro.

A partir de ahí, la confección de algoritmos para predecir cuál va a ser la siguiente jugada del entorno ocupa nuestras neuronas más que la atención a la evolución de propia realidad. Y así lo proponía también hace unos meses un trabajo firmado por científicos del CNRS francés y la University College of London, y que se publicó en la edición de neurociencias de la revista Nature, según el cual el mero conocimiento previo a un movimiento es suficiente para excitar el sistema motor, como anticipación a las acciones de los demás.

En coherencia con estas tesis, se puede afirmar que no hay más que enviar mensajes en una dirección sensorial determinada para que nuestro avisado cerebro intuya cuáles van a ser las reglas del juego. Queda mucho por confirmar, pero resulta tentador imaginar cómo intentamos no arriesgar movimientos inútiles a base de inventar el mundo de lo inmediato, mientras nuestro cerebro busca un impulso imprevisible, una sorpresa que nos provea de la información suficiente como para dar alicientes a la partida.

Por si acaso, según publica New Scientist, la firma Sony ha patentado ya un sistema para transmitir información sensorial directamente al cerebro, lo que permitirá (no hay más que poner atención al perfil de la empresa), recrear mundos virtuales con los que nuestro cerebro pueda seguir enfrentando esas insaciables ansias de anticipación.

Sin duda, una tentación para los que sostienen (y practican) que el marketing es el arte de recrear paraísos emocionales, que ahora podrán ser directamente sensoriales. Puede que el escenario de futuro sea Matrix, como evoca Jenny Hogan en New Scientist, pero el susurro más común en ese futuro puede que sea: «¡hagan juego!».



 

[+EDITORIAL]
18/04/05
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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