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Las ciencias sensoriales cambiarán nuestra forma de percibir, de producir, de consumir y de emocionarnos en las próximas décadas.
No es casualidad que hayamos escogido tan rotunda afirmación como punto de partida
de la editorial de este nuevo número de Percepnet. Su lógica es una de las poderosas
razones que han impulsado a la Sociedad Española de Ciencias Sensoriales a desarrollar
el contenido del próximo simposio PS2006 alrededor del lema «Percibir el futuro:
ciencia e industria ante el reto sensorial».
Citaremos, para sustentar esta idea, algunos de los argumentos que se debatirán
en el encuentro. Al hablar de ingeniería sensorial, Enrique
Alcántara, un ingeniero biomecánico que sobresale en el estudio
evolucionista de los productos, defenderá que los productos
pueden ser considerados «como mutaciones voluntarias del ser
humano que aumentan sus capacidades y habilidades, y satisfacen
sus necesidades y expectativas». Y en virtud de ello, entiende
que «dicha satisfacción depende de la interacción sensorial
y los estímulos que ésta origina». Esta innovadora idea, casi
transgresora, será sin duda retomada por David Howes, antropólogo
sensorial de la Universidad de Concordia de Montreal, autor
de referencia sobre aspectos culturales de los sentidos, cuando
defienda que el emergente paisaje de la integración multisensorial
en el cerebro permanecerá incompleta mientras ignore los hallazgos
de la antropología sensorial relativos a la modulación cultural
de la percepción. Son dos de los argumentos que han de mover
a la acción a la industria sensorial. Y ésta deben, obligatoriamente,
replantearse sus paradigmas a la luz de lo que se hablará
en el PS2006. Y si no, que le pregunten a Risto Mejide, ponente
de uno de los talleres temáticos sobre «matrices sensoriales,
sorpresas, entornos y aromas», convencido de que «el triunfo
atonta». Según este visionario del negocio de la percepción,
«cuando ganas, te crees que sabes por qué has ganado. Y lo
que es peor, te crees capaz de repetirlo. Como resultado,
y porque tendemos al mínimo esfuerzo, repites fórmula. Y ahí
empieza el principio del fin: un éxito esconde el pequeño
e íntimo fracaso de –quizá– no haber arriesgado lo suficiente».
Para la industria –sensorial– puede ser demoledor no replantearse objetivos
a la luz de estos razonamientos. Son argumentos lo bastante contundentes en sí mismos
para no dudar de lo perentorio que resulta hablar de los sentidos como lo haremos en
Barcelona, a principios de julio, en CosmoCaixa. En el PS2006.
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