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THE EDITORIAL SECTION PROVIDES MONTHLY COMMENTS AND REFLECTIONS ABOUT SENSORY SCIENCES BY PERCEPNET EDITORS AND CONTRIBUTORS

Algo más que profundidad de señal
[Something more than signal depth]
Los estímulos que recibimos del entorno no siempre (y no sólo) provocan una reacción en nuestro sistema sensorial o motor. La estrategia vital de anticiparse a los cambios del entorno puede desencadenar, por tanto, efectos a corto plazo, como huir o tiritar y también efectos a largo plazo. Por fuerza, estos últimos no pueden ser ejecutados totalmente por nuestro sistema neuromuscular, que no está capacitado para esa misión.

Uno de los efectos a largo plazo más estudiados en las últimas décadas es la prolongación de la vida por restricción calórica, es decir, que ante una menor ingestión de alimentos, los organismos vivos detienen su proceso de envejecimiento y estabilizan el sistema genómico, lo que, además, redunda en una mayor protección a enfermedades de la vejez. Para ello, los organismos vivos comprometen sus dos sistemas más sofisticados: el genético y el metabólico. Se considera probado que, aumentando la actividad de un solo gen (llamado SIR2 en las levaduras, con un análogo en células humanas denominado SIRT1), se prolonga la vida. Las moléculas que activan los citados genes son conocidas, por motivos obvios, como sirtuinas que, a su vez, son activadas por distintas especies moleculares, de entre las que destacan los polifenoles y, en especial, el resveratrol. El mecanismo global parece asociar la presencia de los polifenoles a las dietas con restricción calórica, con lo que se desencadenaría, a través de las sirtuinas, el proceso de activación en cascada, hasta el SIR2 en el caso de las levaduras o el SIRT1 en el de las células humanas, con el resultado de la prolongación de la vida de los individuos afectados.

Queda, sin embargo, por dilucidar cómo llega el resveratrol a la dieta. Una opción es suponer un proceso pasivo, debido a un incremento general de esas moléculas en los vegetales del entorno, más sensibles a una sequía inminente, por ejemplo, que mandarían una señal de aviso al metabolismo de los integrantes de la cadena trófica.

Una hipótesis alternativa plantearía que la percepción de las primeras señales de estrés en el entorno potenciaría en los animales, capaces de identificarlas, el incremento de consumo de vegetales con mayor cantidad de polifenoles.

Ambas hipótesis nos ofrecen un ejemplo de la profundidad molecular a la que una señal del entorno puede desencadenar una respuesta orgánica de gran complejidad. Sin embargo, en el ámbito perceptivo, plantea la posibilidad de un sistema comunicacional en cadena, iniciado en una especie, que interpretaría el entorno de forma intermediaria y remitiría su reacción a otra especie, que podría reenviarla de nuevo como un nuevo paquete informacional elaborado. Puede que ésta sea una vía de comunicación ancestral y consustancial con el conjunto de organismos vivos, aunque no hayamos sido capaces de descubrirla o articularla hasta ahora. Este sistema conformaría algo parecido a una red sensorial, capaz de transmitir un «diálogo comprometido» entre genomas, con moléculas mensajeras entrelazando metabolismos. Todo lo cual, de demostrarse, plantearía una revisión a fondo del sistema informacional de los entornos biológicos y una visión nueva y revolucionaria de la percepción.


 

[+EDITORIAL]
19/07/04
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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