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EDITORIAL

THE EDITORIAL SECTION PROVIDES MONTHLY COMMENTS AND REFLECTIONS ABOUT SENSORY SCIENCES BY PERCEPNET EDITORS AND CONTRIBUTORS

El desencuentro olfativo
[The Olfactive Misunderstanding]

Jaume Estruch
Percepnet

En la última década, la investigación sobre el funcionamiento del olfato y su influencia en el comportamiento y aprendizaje de los seres vivos ha hecho notables avances. Desde mecanismos sensoriales descubiertos en sujetos unicelulares hasta estudios sobre la eficacia en la transmisión de la información olfativa vía lenguaje humano, el flujo de novedades ha tenido el efecto de una mesa llena de cientos de piezas de puzle por encajar. Las expectativas son altas, el trabajo, ingente.

Tal vez no todas las reuniones científicas de temática olfativa comparten la excitación que produce disponer de un buen catálogo de preguntas y respuestas por ordenar, pero incluso en los foros más recalcitrantes resulta difícil sustraerse a una cierta sensación de vértigo. El olfato ha pasado de ser un objetivo científico de modesto alcance a ver ampliadas sus perspectivas hacia campos estratégicos como la biomedicina o las nanociencias. Estamos, sin duda, ante una densidad de conocimiento sin precedentes en ciencias sensoriales.

Este escenario, que podría calificarse de efervescente, contrasta con los mensajes que llegan a la sociedad sobre novedades en el conocimiento del olfato y sus potenciales aplicaciones: todo queda reducido a monótonas campañas de clara intención promocional, cuando no de abierta intención comercial, en que cualquier producto o servicio debe venir convenientemente empaquetado de «experiencia sensorial», en la que el olfato juega un papel dialéctico de primera magnitud. No se detecta, sin embargo, conexión alguna entre la explosión científica y la moda por lo (impropiamente llamado) sensorial. El resultado de ese desencuentro tiene, al menos dos, peligrosos efectos.

El primero, la desconfianza. El escaso recorrido de las pretendidas novedades que, sin base científica alguna, quedan al descubierto a la hora de asegurar su efectividad generan una desconfianza proporcional al incumplimiento. Agrava esta situación la proliferación de empresas que se proclaman expertas en «marketing olfativo» y «branding olfativo» y aseguran efectos prodigiosos con sólo perfumar logotipos y locales de venta, ignorando los incipientes trabajos científicos que empiezan a desenmarañar las relaciones entre actitudes, decisiones y percepción olfativa. O la aparición de productos extravagantes, con propiedades terapéuticas no contrastables o de dudosa utilidad. Tanta promesa, finalmente incumplida y generalmente pagada a precios elevados, acabará tiñendo de un halo de charlatanería todo lo que «huela» a sensorial.

El segundo, el desprestigio. Las propiedades sensoriales que toda materia posee y las peculiaridades aromáticas de algunas moléculas se han elevado a la categoría de novedades, como si antes del presente «apogeo de los sentidos» viviéramos inmersos en un mundo vacío de información sensorial. Repetir lo obvio hasta la extenuación (que una cena, un viaje, un jardín o una toalla son una experiencia sensorial) predispone a los ciudadanos víctimas de tales campañas a trivializar y minusvalorar cualquier avance futuro real en el campo sensorial.

Con semejante panorama no será un camino fácil reivindicar el trabajo de la ciencia en el campo olfativo, ni la bondad de las aplicaciones que induzca. Si la ciencia en general va crónicamente escasa de esfuerzos por explicar a la sociedad sus trabajos y objetivos, en el caso de las ciencias sensoriales habrá que redoblar la dedicación, de modo que cada investigador, cada profesional, cada experto aporte un plus de labor pedagógica; cada congreso, un ámbito con vocación de encuentro social; cada institución pública, un esfuerzo de seriedad en sus planteamientos sensoriales.

Es imprescindible que el conocimiento científico deje de ser accesible para unos pocos y se convierta en una fuente de participación social. Nadie debería adquirir ventaja en nombre de una ciencia en la penumbra informativa, ni ser espectador de una ciencia inalcanzable. Al igual que nadie debe ser un mero espectador de sus percepciones sensoriales.

 

[+EDITORIAL]
26/05/10
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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