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Gelatina para todos los gustos

Podemos remontarnos 3000 años atrás, durante la civilización egipcia, para buscar los inicios del uso de la gelatina. Una sustancia de origen animal, con características peculiares que la han convertido en un componente habitual en la industria farmacéutica, en la fabricación de cosméticos y, sobre todo, en la industria alimentaria.

Muchas son las sustancias emulsionantes y estabilizantes que se han disputado la supremacía en el campo de la alimentación para ganar márgenes de mercado y salir ganadores en una lucha para acumular cualidades beneficiosas. La gelatina, uno de los muchos hidrocoloides existentes, tiene unas cuantas. Es capaz de gelificar, espumar y mantener una gran elasticidad cuando se mezcla con el agua, manteniendo formas estables cuando la temperatura permanece baja. Pero quizá la propiedad más premiada, y la que le confiere un importante papel organoléptico, como defiende la Asociación de Fabricantes Europeos de Gelatina (GME), es la posibilidad de revertir la consistencia de gel cuando la temperatura aumenta.

Los inconfundibles gominolas no han dejado de gustar a los niños durante décadas. Sus colores chillones nos atraen de mayores seguramente tanto como cuando éramos pequeños; pero no es sólo el color lo que hace que nos las llevemos a la boca con tanta fruición. Es también su textura y su sabor. Como la gelatina es termorreversible y pierde la consistencia a temperatura corporal, se derrite en la boca, desprendiendo a la vez los aromas del líquido original. Toda una experiencia siempre y cuando, claro, no hayamos dejado la bolsa de gominolas olvidada al sol en un caluroso día de verano.


 

[+INDUSTRIA]
24/02/05
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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