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AIBO o la muerte del modelo computacional
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Por Núria Gibert
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Luc Steels ha estado en España, invitado como en otras
ocasiones por el Museo de la Ciencia de la Fundació ‘la Caixa’ de Barcelona.
Este investigador es uno de los creadores del perro AIBO, un proyecto del Laboratorio
Sony de Ciencia Computacional de París, del que Steels es su director.
Enmarcada en su participación en un curso del Consorcio Universidad
Internacional Menéndez Pelayo – Centro Ernest Lluch, la visita de Luc Steels ha
servido para presentar la última obra de Óscar Vilarroya, investigador en
neurociencia cognitiva en la Universidad Autónoma de Barcelona, cuyo
protagonista es precisamente AIBO.
El pasado 17 de julio, ambos mantuvieron una fascinante
charla sobre los avances más recientes en el campo de la robótica, en concreto
de propotipos de robot animal, como los AIBO.
La seducción que Luc Steels transmite por comprender las
capacidades de aprendizaje por medio de los experimentos que él y sus
colaboradores realizan con AIBO quedó plasmada en los resultados mostrados. La
necesidad de crear inteligencia artificial animal antes que humana es una de
las premisas en que Steels basa sus trabajos, convencido incluso de que hay una
imprevisibilidad menor a menor similitud con humanos; casi se trataría de
olvidarse de los robots «útiles» para
centrarse en robots que tuvieran procesos cognitivos y emocionales por sí
mismos y que despertaran interés tan sólo por su comportamiento «inútil». Y los
resultados vistos con AIBO, respondiendo con su comportamiento «no programado»
a estímulos que muestran su capacidad de aprendizaje lingüístico, parecen darle
la razón.
Unos tres mil comportamientos distintos han sido ya
identificados en este pequeño ser robótico: por ejemplo, la indicación de
levantarse –que, según la proyección de vídeo que se pudo ver en el Museo de la
Ciencia, AIBO «comprende y ejecuta» sin haber estado programado específicamente
para ello, significa conseguir el equilibrio, pasando por el movimiento desde
la inmovilidad.
Para conseguirlo, han bastado un par de cámaras que le
proporcionan inputs visuales, dos micrófonos que amplifican y transmiten
sonidos, un pequeño motor y, sobre todo, gran cantidad de sensores que permiten
la interacción del cuerpo con la dinámica del entorno, algo tan fundamental
para AIBO como poder aprender a reconocer y reaccionar ante superficies
distintas sobre las que caminar. Este sistema de locomoción hace de AIBO un
robot completamente autónomo y móvil.
Las teorías de Steels, tanto a partir del comportamiento de
AIBO como de otro de sus experimentos robóticos denominado Talking Heads,
se basan en un sistema de categorización de ejemplos o casos, y no de objetos,
más tradicional, y pretenden experimentar muchas de sus ideas sobre el origen
del lenguaje. Así, nos interesa especialmente que el juego de las
conceptualizaciones se consiga, por ejemplo, desarrollando las diferencias
sensoriales: aquellas más remarcadas serán las preferidas para contextualizar
una escena y «guardarla» en la memoria. Por ejemplo, si hay tres objetos con
colores muy distintos, dos situados a la izquierda y una a la derecha, se
preferirá el color antes que la posición, ya que es más distintivo.
Paraula de robot. Intel·ligència artificial i comunicació
Óscar Vilarroya
ISBN: 84-7660-759-8
Valencia, Edicions Bromera,
2003
Palabra de robot es una buena propuesta para
acercarse a la inteligencia artificial, a través del aprendizaje del lenguaje del
robot AIBO, desarrollado por Luc Steels y su equipo de investigación en el
laboratorio que, a iniciativa de este profesor en la Universidad Libre de
Bruselas, la compañía Sony montó en París.
El libro, galardonado con el Premio Europeo de Divulgación Científica
Estudio General 2002, que otorga la Universidad de Valencia y el Ayuntamiento
de Alzira, y publicado por Edicions Bromera, es un homenaje al perrito AIBO,
por un itinerario que acaba de iniciarse y que no sabemos cuándo y dónde
terminará. Tan sólo lamentamos que no se disponga de la versión en español de
esta pequeña obra: una merecida foto de familia en el álbum de recuerdos que
conformarán la memoria de los AIBO, dentro de... muy pocos años. Una lectura
recomendada para aquellos que quieran introducirse en el universo de la ciencia
cognitiva, de la mano de uno de los expertos más prestigiosos de nuestro país.
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Estos y otros ejemplos extraídos de los AIBO han servido a
Óscar Vilarroya, también a modo de juego, para desarrollar sus teorías sobre el
comportamiento del cerebro humano. Especialista en ciencia cognitiva, en Paraula
de robot, obra que ha sido Premio Europeo de Divulgación Científica Estudio
General, Vilarroya nos acerca a las vivencias de AIBO. Éstas corresponden
a cada situación susceptible de ser registrada por el cerebro de AIBO como una
unidad de experiencia, gracias precisamente a que dispone del mencionado
sistema y memoria basados en casos. El autor se pregunta, desde la perspectiva
interdisciplinaria de la ciencia cognitiva, cómo aprendemos a hablar o qué
relación tiene el lenguaje con nuestras capacidades cognitivas. Y precisamente
Vilarroya y Steels demuestran cómo la robótica se convierte en una línea de
investigación muy válida para estudiar estos fenómenos.
Conseguir que un AIBO componga sus «unidades de experiencia»
con elementos perceptivos, cognitivos y emocionales, más allá de la casuística,
demostrará, como postula Vilarroya, que el cerebro está para prepararse al
futuro, para adaptarse a las acciones que vendrán. Sabremos entonces que el
modelo computacional no es suficiente, y querremos saber cuándo llegará la
primera vivencia (quizá la más estimulante para nosotros) del olfato de AIBO.
[22/07/03]
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