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Obesidad emocional
Eva Tarragona
redacta@rubes.es


El aumento de los casos de obesidad ha propiciado un aumento paralelo de la investigación y de los conocimientos acerca de esta enfermedad, que afecta ya a un 7% de la población mundial.

Hasta el momento, tan sólo se conoce a grandes rasgos cómo los sistemas metabólicos y el cerebro controlan la ingesta y el peso, respondiendo a factores como el nivel de azúcar en sangre o estímulos hormonales. Pero recientes investigaciones han detectado que las emociones también ejercen un poderoso control sobre la decisión de comer o no comer.

Ann Kelley, de la Universidad de Medicina de Wisconsin ha dedicado sus últimos estudios a comprender cómo el cerebro y los circuitos neuronales intervienen en este proceso. En sus últimos estudios Kelley ha demostrado que sobreactivando ciertas regiones cerebrales relacionadas con las emociones (amígdala, núcleo accumbens e hipotálamo) mediante la inyección en ratas de sustancias opiáceas, éstas ingerían hasta seis veces más grasas que una rata en condiciones normales. Por el contrario, cuando se inhibía la acción de estas regiones cerebrales, la comida pasaba desapercibida ante los ojos de los roedores. Otros estudios detectaron que ratas a las que se les había administrado durante largo tiempo comida «muy apetecible» (con un alto contenido en azúcar y grasas) presentaban patrones neuroquímicos similares a los de ratas tratadas con morfina o heroína. ¿Quiere esto decir que la comida puede llegar a ser adictiva?

Los resultados de Kelley sugieren que regiones como la amígdala o el núcleo accumbens (también relacionadas con la adicción a sustancias opiáceas) pueden indicar al cerebro que debe sentir placer cuando se ingieren alimentos altamente energéticos. Un placer que puede hacernos comer un sabroso y suculento pastel de chocolate aunque no tengamos hambre. Este mecanismo, adaptativo en las primeras etapas de la humanidad, resulta un lastre en los actuales tiempos de abundancia. Los hábitos juegan aquí un importante papel. Si dejamos de comer cuando estamos saciados, es probable que nunca ganemos peso. Pero cuando una persona se convierte en obesa y estimula constantemente los centros del placer, la regulación normal que ejerce el organismo para controlar el peso sucumbe cada vez más fácilmente a la tentación de las emociones y el deleite de comer.

Por suerte, los médicos coinciden en que comer con moderación y hacer más ejercicio siguen siendo las mejores armas para combatir el sobrepeso. Aunque bien podría llegar un día en que, sobrepasados ciertos límites saludables, el doctor nos privara de sal, azúcar y emociones sensoriales.

[20/12/02]




 

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