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THE PERCEPTIONS MODULE OF PERCEPNET PROMOTES CRITICAL DISCUSSION ABOUT HOT ISSUES IN SENSORY SCIENCE AND PERCEPTION, THROUGH MONTHLY CONTRIBUTIONS OF OUTSTANDING RESEARCHERS AND PROFESSIONALS.
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Sensorialidad básica (11): la audición
[Basic sensoriality (11): the audition]
Josep de Haro Licer
Hospital de Badalona

Al igual que hicimos en capítulos anteriores, proseguimos la serie sobre sensorialidad básica abordando el sentido del oído. Ante todo, debemos empezar diciendo que el silencio absoluto no existe, ni en la naturaleza ni en el cosmos. El sentido del oído no está diseñado para el silencio.

Todos los sentidos dibujan realidades. El conjunto de todos ellos confeccionan la interpretación personal del mundo de lo real. Al igual que en los demás sentidos, el sentido de la audición es mucho más que el sentido del oído (la función supera a la estructura). Asimismo, como ocurre en los otros sentidos, el oído ha evolucionado a partir del tacto, característica que sujeta el proceso de la audición a la sensaciones táctiles (recordemos que el tacto es el sentido transversal a todo el conjunto de sensorialidades).

También destacaremos de nuevo que los sentidos se activan, en su mayor parte, por ondas. Así, el sentido de la audición lo hace por medio de las ondas de presión del aire, que son las encargadas de transportar el fenómeno físico captado como sonido, entendido como la vibración de las partes del medio por las que pasa la onda de presión. Por ello, el sonido no puede viajar por el vacío, al precisar del aire.

El oído humano es el sentido encargado de percibir los estímulos sonoros comprendidos entre los infrasonidos y los ultrasonidos, que pueden no ser percibidos y no por ello dejar de existir, por lo que nos afectan igualmente.

El campo que estudia el sonido se denomina acústica y abarca los sonidos propios de la percepción humana, los sonidos inherentes a la naturaleza y los sonidos desde el punto de vista industrial y de las ciencias de la salud.

Las manifestaciones sonoras dependen del foco sonoro, del medio propagador y del foco receptor.

  • Según el foco sonoro, podemos hablar de sonidos puros (como las notas musicales) y de sonidos complejos (como las palabras y el ruido).
  • Según el medio (temperatura, presión atmosférica, entorno, presencia de otros sonidos, etc.), puede variar. Así el sonido, que viaja a una velocidad de 344 m/s a 20 ºC de temperatura, con una atmósfera de presión y viento en calma, puede modificarse en función de las variaciones de la temperatura del ambiente (por cada grado de temperatura que aumente supondrá un incremento de 0,6 m/s). Si modificamos el medio, y en lugar del aire hacemos que sea agua, el sonido viajará a unos 1500 m/s, y si el medio es el acero, alcanzará unos 5000 m/s.

Que un sonido pueda ser oído o no va a depender también de la presencia o ausencia de otros sonidos en el medio por el que se propaga.

  • La mayor parte de fenómenos que influyen en el sonido acaecen en el medio, ejemplo de ello son las atenuaciones, las refracciones, las reflexiones, los ruidos, las interferencias, las absorciones, las difracciones, los filtrados, las resonancias... etc.).

En el foco receptor tenemos el sentido de la audición. El sentido de la audición se basa en el oído, del que forman parte la oreja, el tímpano con los huesecillos martillo, yunque y estribo, que se continúan con el caracol. El oído, con sus distintas estructuras se encarga de convertir unas ondas de presión del aire (a nivel del oído medio) en ondas de presión líquida, que a su vez darán a lugar a ondas eléctricas.

Este doble fenómeno se desarrolla en el caracol (oído interno). En el caracol o cóclea, de unos 2 cm3 y con más de un millón de partes en movimiento1 se hallan unos 15 500 sensores (células cilíadas), semejantes a las de la piel, inundadas en un líquido llamado endolinfa y conectadas a unas 30 000 fibras nerviosas que, partiendo del caracol (cóclea), en forma de nervio auditivo, se dirigen hacia distintas partes del cerebro, donde serán analizados e interpretados los distintas estímulos.

Este análisis se realiza ya desde el mismo caracol o cóclea donde, al agruparse, dichas fibras dan a lugar al ganglio de Corti, que conecta con los núcleos cocleares, que a su vez activan el complejo olivar superior, cediendo el estímulo al lemnisco lateral, que conecta con el colículo inferior. Ello permite el paso hacia el cuerpo geniculado medial del tálamo, y desde ahí alcanzar la corteza audtiva localizada en el lóbulo temporal.

Una vez el sonido ha alcanzado el córtex (lóbulo temporal), el sonido se distribuye en dos tipos de áreas: el área primaria y el área de asociación.

No todas los impulsos auditivos van al córtex. Algunas señales auditivas cambian de dirección y se dirigen hacia la sustancia reticular y hacia el cerebelo.

Es importante conocer que las señales auditivas pasan a ambos lados del cerebro (bilateral), pero con predominio contralateral (lo que escuchamos en el lado derecho se procesa más en el lado izquierdo y viceversa). Además, se da la particularidad que el cerebro izquierdo procesa los sonidos del lenguaje donde colaboran las áreas visuales con las auditivas en el procesado de los sonidos del lenguaje.

El nervio auditivo que emerge desde el caracol, puede descargar más de 1000 impulsos/segundo, que van siendo analizados en cada una de las distintas partes con las que va conectando el «cableado neurológico» del sistema auditivo; esto es fundamental porque rompe la antigua suposición de que sólo cuando el estímulo auditivo alcanzaba el córtex, era procesado. De esta manera, poco a poco, el sonido, la palabra o el ruido, son remodelados a la vez que aportan distintas informaciones a distintas partes del cerebro.

El sistema auditivo tiene también la capacidad de regular, en sentido inverso, todo su circuito, desde el córtex hacia el oído. Se trata de un circuito con doble dirección, como ocurre en los otros sentidos. Posee la propiedad de la captación de impulsos exteriores (sonidos) y la de emitir impulsos desde el cerebro hacia el oído, que por un lado producen reflejos tales como el de atenuación (proteger al oído de ruidos excesivos), el de orientación de las orejas hacia el foco de emisión del sonido, el de sobresalto, etc., y, por otro lado, tiene la capacidad de producir sonidos originados en la propia cóclea (otoemisiones acústicas), que pueden llegar a intensidades de 20 db o más, en el rango de frecuencias de 4 kHz.2

Del foco receptor también se analizan los efectos que se derivan del fenómeno de la audición. Para el caso que nos concierne, el ser humano, una rama de la ciencia que estudia las propiedades físicas del sonido y la interpretación que el hombre hace de ellas: se denomina psicoacústica, de la que hablaremos en el próximo capítulo de esta serie sobre sensorialidad básica en Percepnet.

Continuaremos este recorrido básico sobre los sentidos.

Dr. J. de Haro

Bibliografía

1 Coren, Stanley; Ward, Lawrence M.; Enns, James T. «El sistema auditivo», en: Sensación y Percepción. Mc Graw Hill. 5ª ed., 2001: 155-182.

2 Sánchez Malmierca, M.; Merchan Cifuentes, A. «Estructura y función del cerebro auditivo», en: C Suárez, L.M. Gil-Carcedo, J Marco, et al. Tratado de Ororrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello. Tomo 2º, 2ª ed., Ed. Médica Panamericana, 2007: 969-996.

Sensorialidad básica (1): la realidad ingenua
Sensorialidad básica (2): los filtros de la realidad
Sensorialidad básica (3): la multiplicidad de los sentidos
Sensorialidad básica (4): la diversidad táctil
Sensorialidad básica (5): presión, vibración y cosquilleo
Sensorialidad básica (6): la importancia clínica del tacto
Sensorialidad básica (7): el dolor
Sensorialidad básica (8): dimensiones del dolor
Sensorialidad básica (9): la visión
Sensorialidad básica (10): alteraciones de la visión

 

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