José Martínez (derecha), en la bodega de Vía Veneto con su propietario, Pere Monje
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José Martínez es un joven sumiller de 30 años, formado en la restauración y en la Escuela de Hostelería de Barcelona. A pesar de su juventud, ejerce su profesión en uno de los restaurantes
de calidad más reconocida de Barcelona, Vía Veneto.
A través de sus palabras nos acercamos a unos profesionales de la percepción cuyo papel es crucial en el mercado de un producto de alta gama sensorial como el vino.
[Percepnet] Háblenos de su «nariz de oro»...
[José Martínez] En el concurso de sumilleres «La
Nariz de Oro» se realiza una cata a ciegas para
seleccionar los mejores vinos del país. En la elaboración de la
ficha técnica, lo más importante es el olfato. Se trata de un maratón
perceptivo, que se extiende desde las diez de la mañana a las siete de la
tarde. Por la mañana catamos, a ciegas, entre y cincuenta vinos, espumosos,
tranquilos blancos, rosados, tintos… se completan fichas y puntúan los vinos.
Por la tarde, los
sumilleres participamos en el concurso «La Nariz de Oro», por el que se eligen
los mejores profesionales de la zona. Consiste en identificar, sólo con el olfato,
el nombre y características de un vino.
[P] Ustedes tratan día a día con personas que
confían en su consejo en materia de vinos, y de repente se encuentran, en esta prueba, con
unos sesenta sumilleres, cuya habilidad con el olfato es extraordinaria. ¿Cuántos de ellos
son mujeres?
[JM] Menos que hombres.
[P] Es curioso, porque algunos estudios indican que
la nariz de la mujer es más sensible que la del hombre a determinados aromas,
con una diferencia considerable, especialmente marcada en ciertos momentos del
ciclo menstrual...
[JM] Eso parece. Creo, además, que la mujer persevera
y se concentra más fácilmente que el hombre, más allá de una mayor aptitud
fisiológica. A pesar de ello, hay menos sumilleres mujeres, tal vez debido a lo
tradicional del mundo de la restauración, hasta hace poco dominado por el hombre.
Sin embargo, el concurso «Nariz de Oro» 2003 lo ganó una sumiller, del País Vasco. Y no era la primera vez que sucedía.
[P] ¿Los ganadores de cada zona pasan a una final?
[JM] Así es: la final «Sumiller 2004» se celebrará en Madrid el próximo mes de junio.
También, los vinos mejor
puntuados de cada zona se presentan a la final. En esta edición, los jueces nos
felicitaron, porque prácticamente todos los vinos catalanes presentados fueron
seleccionados.
[P] Ustedes no sabían qué estaban catando, pero
puntuaron mejor los vinos de su zona. ¿Es porque están acostumbrados a unos
perfiles más cercanos?
[JM] Se presentaron estilos de vino muy distintos. Se
percibe la diferencia con otros vinos, como por ejemplo los de La Rioja. Las
empresas patrocinadoras del concurso suelen introducir sus cupos, y no es
imposible detectar qué se está catando. De hecho, se trata precisamente de eso.
Pero los vinos catalanes son tal vez más difíciles de identificar, porque son más variables,
tal vez se han adaptado más a las nuevas tendencias de mercado.
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La sumillería, una
profesión que se afianza
En el Estado español son cada vez menos escasos los cursos que se imparten
para aprender el oficio de sumiller. La formación ideal para alguien que quiera
dedicarse a él pasa inicialmente (más allá de las actividades autodidactas) por
estudiar en escuelas de hostelería, en las que se imparte la especialidad de
gestión de alimentos y bebidas. Diversas instituciones, principalmente en Madrid y Barcelona, ofrecen
cursos de formación para especializarse:
Se puede obtener más información sobre la profesión a través de las
asociaciones de sumilleres
En el ámbito internacional, destaca el centro de recursos International Sommelier Guild:
En Estados Unidos: 363 Lang Blvd., Grand Island, NY Tel: (302)-622-3811
En Canadá: 20 Mullet Drive, Mississauga Ontario L5M 2G3 Tel: (905)-858-1217 Fax: (905)-858-3440
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[P] ¿Todos los concursantes son gente tan joven como
usted?
[JM] La mayoría sí, y procedentes de Barcelona,
centro neurálgico de la sumilleria catalana junto con Girona.
[P] En Barcelona se imparten numerosos cursos para
sumilleres. ¿A qué se debe la relevancia de Girona?
[JM] El nivel de la restauración es muy elevado en
Girona. Se mueven muchos profesionales, formados en otros lugares y atraídos
por la oferta en esa zona.
[P] Su materia de experimentación, el vino, del cual
debe tener un profundo conocimiento, ¿le sugiere sensaciones analizables o se trata
más bien de algo puramente emocional?
[JM] En una labor de cata hay que saber analizar las
propias sensaciones. Cuando tomo un vino a título personal tal vez me dejo
llevar más por la emoción que siento al saborearlo. No obstante, es imposible
abstraerse completamente de ir rellenando el archivo de datos mental sin el
cual nuestra labor se hace imposible de realizar.
[P] ¿El sumiller es un profesional de la percepción?
[JM] No se reduce a ello. Sí, cuando se está en labor
de cata, pero aunque todo gire alrededor de lo que apreciamos en un vino, hay
todo un trabajo posterior de gestión de la bodega. Nuestro conocimiento tiene
un origen eminentemente sensorial, pero hay que hacer una buena gestión de
compras, analizar un vino no sólo por su perfil, sino por sus componentes y su adecuación…
Hay mucho de racional dentro de este oficio. El análisis se debe
reflejar en unos parámetros racionales, como: «¿Encaja en mi restaurante? ¿Lo
puede asumir la clientela? ¿Cómo gestiono una determinada añada?» Hay que comparar
con otros años y precios de un mismo pago… Puede gustar mucho un vino que
resulte poco adecuado para el restaurante en el que el sumiller desempeña sus
funciones y, sin embargo, triunfar en una tienda especializada. Hay que tomar
decisiones que, en ocasiones, pueden parecer sorprendentes. Cuando un cliente de
confianza me pide un determinado vino que no ofrecemos, le pregunto con qué
plato lo tomaría. Tal vez no exista ninguno en la carta. Puede ser que
determinados vinos no encajen con el tipo de cocina que hacemos en Vía Veneto.
Crear una carta con las 200 referencias mejores del mundo tal vez sea un error
que ninguna sala se pueda permitir. Hay que aplicar otros criterios más allá de
los derivados de la calidad o la percepción.
[P] Parece que el sumiller ejerce un control casi
absoluto sobre la bodega. Pero, ¿puede influir en la cocina?
[JM] Mi intención no es influir en Josep Muniesa, el chef
de cocina. A pesar de mi preparación en vinos, él se halla en la cumbre
de la gastronomía. Podemos comentar muchos aspectos de la cocina y los vinos, pero
intento adaptarme a sus elaboraciones y aprender de su experiencia.
[P] ¿Cuál es el día a día del sumiller, su disciplina
sensorial diaria?
[JM] El olfato es como un músculo que hay que ejercitar.
Los sentidos son instrumentos que afinar. Es un trabajo de práctica, de
entrenamiento. Cuanto más se cate, mejor, siempre que lo permita la rutina diaria
de la sala.
[P] ¿Qué define mejor el trabajo del sumiller:
aptitudes, concentración o memoria?
[JM] Se necesita intuición, pero lo más importante es
tener muchísimos registros controlados. Oler algo y relacionarlo siempre con
una imagen, un objeto, un momento, un registro... Son buenas las aptitudes,
lógicamente, pero lo más importante es la constancia. Es tal vez mi caso, la
perseverancia.
[P] ¿Es imprescindible la vista para un sumiller?
[JM] No lo es. Pienso que es más fácil engañar la
vista que el olfato. Es mejor que tenga una buena nariz. Un sumiller ciego
puede ser un buen sumiller. En la escuela en la que yo estudié conocí a un
sumiller daltónico.
[P] ¿Con qué asocia usted algo tan intangible como un
aroma?
[JM] Lo importante es asociarlo con algo que quede
profundamente fijado en la memoria, pero saber también porqué se produce esa
nota. Por ejemplo, un vino que sugiera miga de pan… se debe poder relacionar
con el metabolismo de la levadura. La cepa puede uniformizar o diferenciar los
aromas de los vinos. Se ha dicho que las levaduras industriales pueden llegar a
matar la variabilidad, de modo que las bodegas conservan como tesoros sus
propias siembras. Todos estos conocimientos y las propias vivencias ayudan a configurar un croquis
personal. A una persona criada en el campo, un aroma puede sugerirle piel de
caballo, mientras que yo, que he crecido en la ciudad, pienso en un cinturón o
un bolso de cuero. Cada uno crea su esquema y registro propios.
[P] El ámbito de acción del sumiller va más allá de
la recomendación de un buen vino: debe conocer el perfil sensorial de la oferta
culinaria e interpretarla en clave
enológica, ¿para completarla o complementarla?
[JM] En mi opinión, un vino complementa, no completa.
Alguien que no pueda tomar alcohol debe poder disfrutar de la gastronomía sin
percibir conscientemente sus limitaciones.
[P] ¿Hacia dónde está evolucionando la profesión?
[JM] Antes sólo contados restaurantes tenían
sumilleres, formados en otros países, o bien autodidactas (de una cierta edad).
En España, exceptuando en el País Vasco, las salas de alta restauración las han
dominado los hombres. Pero, recordemos, como he comentado antes, que las
mujeres sumilleres en el País Vasco no son una excepción. Y creo que en un
tiempo ellas también se harán más presentes en las salas. En este sentido se
está abriendo convenientemente.
[P] En una gran bodega de un restaurante de alta
restauración, ¿cuáles son los criterios que más pesan en el
aprovisionamiento, la cocina, la variedad o la personalidad?
[JM] La personalidad del local es lo que determina la
bodega. Tal vez yo, viniendo del mundo del vino, diseñaría un local en el que
los platos estuvieran adaptados al vino, pero sin olvidar que quien lo va a
tomar es el cliente.
[P] ¿Qué opina de los maridajes extremos, de un solo
vino para un solo plato?
[JM] Yo no creo en los extremos. A veces, se trata de
buscar la originalidad para triunfar. Son restaurantes de experiencia, que se
visitan una vez. Sin embargo, hay otros que cumplen expectativas distintas y
que son válidos para múltiples ocasiones. Cada local cubre una necesidad o un
espacio.
[P] ¿Alguna consideración final?
[JM] Ser sumiller no se reduce tan sólo a salir con
un título bajo el brazo. No es lo mismo un sumiller de restaurante, de bodega o
de comercial. Mi opinión es que el sumiller debería especializarse en función
del sector. Es, por supuesto, imprescindible que un sumiller de una tienda
especializada pueda recomendar al cliente un buen vino, pero su día a día no es
el mismo que en un restaurante, donde hay que decidir el servicio, la
gestión... El trabajo tampoco es el mismo en un restaurante que en una comercial.
Las tareas de un sumiller de tienda, aún siendo tan profesional como el de la
restauración, abarcan tan sólo una parte de la sumillería. En la escuela se
aprende que un sumiller debe saber de coctelería, destilados, infusiones,
cafés... Debemos poder sugerir un cóctel y los aperitivos de cocina que le
vayan bien. Recomendar aguas, vinos para quesos, para dulces, de postres,
generosos. La copa del final, el café y los puros... Debemos profundizar en
quesos, foies, aceites y vinagres. Todo ello se refleja en la restauración,
pero no tanto en la tienda o la comercial. Sin embargo, un buen sumiller debe ser completo
en todos esos aspectos.