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Sensorialidad básica (7): el dolor
[Basic sensoriality (7): pain]
Josep de Haro Licer
Hospital de Badalona

El sentido del dolor constituye una sensación cuya percepción trasciende a los demás sentidos, incluido el «sentido común», puesto que al igual que el tacto, se trata de un sentido transversal a todos ellos. La importancia del mismo va más allá de la pura sensación incómoda y de falta de confort que pueda generar.

Al igual que todos los sentidos, el dolor es un mecanismo sensorial que colabora en la protección del organismo. De hecho, los sentidos, si tienen alguna finalidad, es la de ayudar al organismo a sobrevivir.

Los receptores encargados de la transmisión del dolor son terminaciones nerviosas no recubiertas de su habitual funda (mielina) por lo que se las denomina terminaciones libres nerviosas. Se hallan, sobre todo, en la piel, en el periostio de los huesos (tejido que los envuelve), en las paredes arteriales, en las superficies articulares, en la hoz del cerebro y tienda del cerebelo (membranas que se hallan dentro del cráneo; el resto del cerebro no percibe dolor); y con respecto a las vísceras, éstas tienen más sensores en sus paredes que en su interior.

Hay cuatro tipos de estímulos que pueden producir dolor:

  1. los mecánicos como la presión (por compresión o por distensión de un órgano) y el vacío
  2. los térmicos como las temperaturas altas o bajas
  3. los químicos como las sustancias en cualquier estado (sólido, líquido, gaseoso)
  4. los estímulos electromagnéticos como la luz, los campos magnéticos, etc.

De ahí que cualquier órgano sensorial tenga percepción de dolor, ya que éstos se rigen por el mismo tipo de estímulos: los mecánicos (oído, tacto), los térmicos (tacto), los químicos (olor, gusto) y los electromagnéticos (luz).

El mecanismo básico del dolor generalmente reside, sea cual sea el estímulo que lo desencadene (mecánico, térmico, químico o electromagnético), en la liberación de sustancias químicas que estimulan los terminales nerviosos del dolor. Así, por ejemplo en una herida hecha en la piel (por corte, quemadura, congelación, ácido, etc.), se produce la destrucción de tejido celular que libera sustancias químicas irritantes para los terminales nerviosos del dolor. Dicha herida, ha lesionado pequeñas arterias y venas que dejan sin oxígeno a zonas determinadas, donde se liberan de nuevo substancias químicas irritantes. A todo ello se le suma la contracción muscular de la zona que envuelve la lesión, liberándose una vez más sustancias químicas del dolor.

Habitualmente el dolor se clasifica en diversas categorías: dolor agudo o dolor sordo, visceral o referido, localizado o difuso, breve o prolongado (crónico), esporádico o frecuente.

Hemos mencionado que todas las fibras nerviosas para la percepción del dolor son fibras sin funda (mielina). A partir de este estado común, existen distintos tipos de fibras nerviosas en función de la velocidad de transmisión del dolor que originan dos tipos de dolor básico: el agudo y el crónico. Es por esta razón que cuando surge una lesión aparecen dos tipos de sensaciones dolorosas: una inmediata (el dolor agudo) y otra que tarda algo más en aparecer (el dolor sordo). El primero corresponde a la transmisión rápida (fibras Aδ) que transmiten la señal a una velocidad de entre 6 y 30 metros por segundo; el segundo depende de un proceso más lento (fibras C) con una velocidad de transmisión de 0,5 a 2 metros por segundo. La transmisión rápida configura el dolor agudo, mientras que la lenta determina el dolor sordo.

Al dolor agudo lo llamamos punzante, intenso y tarda en aparecer 0,1 segundos. El dolor agudo suele ser breve en el tiempo y esporádico, se percibe generalmente en las partes superficiales del cuerpo y en la superficie de los órganos (sean huecos o  compactos). Su localización aumenta si se le añade estimulación táctil que le acompañe. Parece ser que la principal sustancia transmisora de este tipo de dolor es el glutamato.

El dolor sordo, sin embargo, es conducido por las fibras C que son más lentas. Este dolor se prolonga por más tiempo y, habitualmente, forma parte del dolor crónico. La principal sustancia transmisora de este dolor es la sustancia P y tarda en aparecer un poco más que en el caso del dolor agudo, alrededor de un segundo o más, para después aumentar la intensidad. El dolor sordo permanece en el tiempo, es pulsátil, nauseabundo y crónico, también afecta a la piel, pero es más específico de los órganos internos.

A modo de ejemplo, supongamos que una persona situada en la Tierra poseyera un brazo tan largo que su mano llegase al suelo de la Luna y, que allí, un astronauta primero cogiera un alfiler y con él le pinchase un dedo y luego le apretase la mano haciéndole daño de forma constante. ¿Cuánto tiempo tardaría en percibir esa persona, situada en la Tierra, el dolor punzante agudo? ¿Y cuánto tardaría en percibir el dolor crónico de la presión sobre la mano? La respuesta: 115 días tardaría en exclamar el dolor agudo y 4,7 años en percibir el dolor crónico.

Estas diferencias de dolor, debidas al tipo de fibra nerviosa, son conducidas por vías distintas hasta el cerebro. Hay una vía para el dolor agudo, la vía «neoespinotalámica», y otra vía para el dolor crónico, la vía «paleoespinotalámica». Existe una vía para las lesiones de las paredes de las vísceras (vía raquídea) y una vía para la parte compacta de las mismas (vía simpática-parasimpática). Sea como sea cuando el dolor llega al cerebro, éste es procesado en la sustancia reticular y en el tálamo. De los dos tipos de dolor, el agudo y este último, el crónico cuando llega a la sustancia reticular activa el cerebro de tal manera que queda en estado de alerta permanente, despierto, no dejándolo «dormir»; de ahí que los dolores crónicos discapaciten tanto, debido a su capacidad de no dejar descansar.

La diferencia entre dolor visceral y dolor referido estriba en que cuando un órgano interno padece una lesión, éste da dos tipos de estímulos dolorosos, los pertenecientes al propio órgano (dolor sordo por tener pocos receptores del dolor) y los pertenecientes al dolor referido, que es percibido en la zona de la piel compañera del órgano afectado cuando ambos, órgano y piel, estaban juntos en la fase embrionaria del individuo.

Esto significa que, durante la gestación, los órganos y la piel están uno junto al otro, pero en el desarrollo del embrión hasta convertirse en feto, los órganos se van desplazando hacia los sitios que ocuparán el resto de la vida, mientras que la piel se mantiene en la zona original. A medida que va creciendo el nuevo ser humano, en la etapa fetal y después del nacimiento, órganos y piel, que en un principio eran vecinos, pueden llegar a ocupar posiciones muy distantes uno del otro. De ahí la importancia de conocer el origen y la situación de cada órgano en la fase embrionaria y a qué parte de la piel pertenecía; al generarse una lesión de un órgano, éste provocará varios tipos de dolor, entre los cuales se hallará el dolor visceral (órgano afectado) y el dolor referido o dolor a distancia localizado en una zona de la piel, lejos del órgano lesionado.

La importancia de todo ello la encontramos en el hecho de poder deducir, a partir de un dolor percibido en una zona de la piel, cuál es el órgano que padece. Un ejemplo claro de ello podría ser el dolor que aparece en el brazo izquierdo, ante una lesión coronaria.

La diferencia entre un dolor localizado y un dolor difuso, se halla en que en el localizado existe también estimulación de los receptores del tacto, de tal manera que cuando no existe suficiente estimulación táctil se convierte en un dolor difuso.

Cuando hablamos de dolor breve o prolongado sólo hacemos referencia a la duración del mismo, no a la intensidad, ni a su localización. Los términos de esporádico y frecuente sólo indican la frecuencia de su aparición.

Continuaremos este recorrido básico sobre los sentidos.

Dr. J. de Haro

Sensorialidad básica (1): la realidad ingenua
Sensorialidad básica (2): los filtros de la realidad
Sensorialidad básica (3): la multiplicidad de los sentidos
Sensorialidad básica (4): la diversidad táctil
Sensorialidad básica (5): presión, vibración y cosquilleo
Sensorialidad básica (6): la importancia clínica del tacto

 

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22/02/08
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