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Jancis Robinson entrando en la sala de cata de Vinorum
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Jancis Robinson es «Master of Wine», un exclusivo título poseído
por un reducido grupo de personas con exquisitas habilidades de cata y un
extraordinario conocimiento del vino. Robinson ha visitado Barcelona para
participar en Alimentaria, una de las principales ferias profesionales del
sector de la alimentación y las bebidas, donde se le encargó clausurar el ciclo
de conferencias de Vinorum –espacio dedicado al conocimiento del vino–, con una
charla sobre los vinos de España. Percepnet ha tenido un privilegio único:
compartir con esta adorable y sofisticada mujer agradables momentos conversando
acerca de su trabajo diario y de uno de sus temas favoritos: el vino.
[Percepnet] ¿Qué define mejor las habilidades requeridas en su profesión:
aptitud, concentración o memoria?
[Jancis Robinson] Soy consciente que, de hecho, la concentración es la más
importante de ellas. Creo que no podemos juzgar nuestra propia aptitud. La
pueden valorar otras personas, pero uno mismo no puede abstraerse lo suficiente
para llegar a ser consciente de la aptitud que poseemos para una determinada
tarea, aunque se conozca a sí mismo en un grado que podría parecer, de entrada,
suficiente para lograr esta autovaloración. Tampoco podemos medir nuestra propia
aptitud frente a otras personas. Sin embargo, en mi trabajo diario soy muy
consciente de la necesidad de concentrarme.
Nuestra memoria es, probablemente muy importante, aunque, de
nuevo, es difícil para el catador analizar su relevancia. La memoria actúa de
forma subconsciente, y supongo que subconscientemente estoy constantemente
tirando de la memoria.
[P] De hecho hay algunos estudios que informan que lo que mejor que
define a un catador es la capacidad de relacionar sensaciones con descriptores…
[JR] Sí. Creo que las palabras ayudan. Las palabras son el puente,
aunque a veces sean muy imprecisas. Utilizamos las palabras para describir un
sabor. Creo que un buen ejemplo es gewürztraminer; normalmente
utilizamos la palabra picante o especiado porque sabemos que gewürz
significa especia en alemán. De hecho, el olor de gewürztraminer no se
parece a ninguna especia, quizás es más bien como el lichi o los pétalos de
rosa... pero picante es la palabra que, en nuestras mentes, representa el olor
a gewürztraminer. No es un lenguaje muy preciso.
[P] Entonces ¿cómo lo hace para relacionar activamente los sabores con
los recuerdos?
[JR] Como ya he comentado, creo que en gran parte lo hacemos de forma
inconsciente, más que consciente. Podemos entrenarnos para hacer esta conexión,
pero seguirá siendo muy difícil explicar lo que hacemos. A menudo me preguntan
los recién llegados al mundo del vino- particularmente gente que tiene mucho
dinero, pero no mucha experiencia-: «cuando prueba un vino joven, ¿cómo juzga
su calidad o el momento en que debe ser consumido?». Para mí es muy difícil
explicar exactamente lo que hago. Supongo que, dado que he estado desarrollando
esta técnica durante 30 años, se ha convertido ya en algo casi inconsciente,
por lo tanto es muy difícil analizarlo y contarle a otra persona cómo debe
hacerlo. Es más o menos como explicar a alguien cómo olemos. ¡Es muy difícil!
[P] Algunos Masters of Wine creen que el sistema habitual de cata de
vinos afecta a la puntuación que obtienen de los críticos, debido a las duras
circunstancias en las que el catador tiene que catar, hora tras hora, a veces
hasta unos 200 vinos en un solo día. Parece ser que estas largas sesiones
tienen un gran enemigo: la fatiga del
paladar, que sobre todo se manifiesta con vinos tintos, ya que los catadores
absorben alcohol aunque escupan el vino catado, y tanto el alcohol como los
taninos dejan la lengua áspera. Hay algún experto que habla incluso de fatiga
sensorial en un sentido fisiológico.
Algunos productores de vino e importadores se quejan de que es imposible encontrar matices en estas largas y rápidas sesiones de
cata. Incluso algunos colegas suyos británicos afirman que, en tales
circunstancias, se pueden seleccionar algunos de los mejores vinos, pero no
todos, desestimándose tal vez los más sutiles, lo cual no resulta justo, en su
opinión. Por otro lado, críticos destacados afirman que el número de vinos que
se pueden catar sin que exista fatiga del paladar depende del catador. ¿Cuál es
su opinión al respecto?
[JR] Obviamente no puedo responder por otro catador, todo lo que puedo
hacer es hablar acerca de mi experiencia. Existen diferencias físicas que, a mi
juicio son importantes. Todos tenemos amigos fuera de este negocio, para los
que resulta difícil catar más de dos vinos y, probablemente, cuando empezamos
no podemos hacer más que ellos, pero cuando evolucionamos, llegamos a conocer
nuestras limitaciones en condiciones ideales. Las condiciones ideales son
similares a las que se dan en los laboratorios, sin ruidos ni distracciones,
para concentrarse al 100%. Unas condiciones perfectas son muy importantes.
Pero se da el hecho de que somos muy diferentes entre nosotros.
Aparentemente, el peso corporal es un factor importante. Una persona corpulenta
tendrá capacidad para catar más vino que una delgada, y los hombres, en
general, están fisiológicamente más preparados para soportar el alcohol que las
mujeres.
Por lo que a mí respecta, creo que puedo juzgar con justicia hasta
80 vinos, mientras las condiciones sean buenas... Pero a veces resulta difícil
mantenerse dentro de los propios límites. Por ejemplo, próximamente debo ir a
Burdeos para catar unos premiums y estoy segura que resultará muy tentador intentar catar tantos como
sea posible.
[P] Le he oído comentar con anterioridad que los vinos mejor valorados
no necesariamente seducen al cliente. Sin embargo, hay quien confiesa que sólo
compra vinos que puntúan más de 90.
[JR] Creo que esto puede ser cierto en España.
[P] De hecho, es más bien algo que hemos leído en comentarios sobre
mercados nuevos...
[JR] Bien, efectivamente, creo que depende del mercado. Observando las
últimas cosechas de Burdeos, hay vinos extremadamente apreciados que no se han
podido vender.
[P] Pero, echando un vistazo a los mercados en que esto es así, ¿no le
parece irónico que, a pesar de ser el vino objeto de juicios profundamente
subjetivos, su comercialización deba depender de un sistema numérico de
puntuación para tener éxito en ciertos mercados? ¿Se debe ello a su propia
complejidad?
[JR] Sí, creo que así es. No podemos eludir el hecho que el vino es un
tema complejo, y probablemente el mercado y los consumidores están absolutamente
encantados de que alguien lo puntúe. Así les resulta más fácil elegir. Antes,
la gente que solía comprar buenos vinos contaba con la experiencia y el
conocimiento de alguien cercano. La mayoría de quienes hoy en día invierten en vino grandes cantidades de dinero, no bebían vino hace tan sólo cinco años. Por esto necesitan una guía.
Para satisfacer esta necesidad, en mi página web puntúo los vinos del 0 al 20. Pero, si al catar
de nuevo un vino ya puntuado cambio mi opinión sobre él, suelo matizar la puntuación que le otorgo. Quienes valoramos los vinos, en lugar de valorar categóricamente, debemos puntualizar que, en un determinado día, una
determinada botella merece tal o cual calificación.
[P] Con un total de 245 miembros, el Institute of Masters of
Wine es una organización internacional con personas de 18 nacionalidades
diferentes, hasta ahora representadas por miembros que trabajan o viven en 17
países diferentes alrededor del mundo. ¿Por qué cree que los países
mediterráneos, de cuya cultura ha formado parte el vino durante siglos, tienen
tan poca representación? Sólo doce maestros del vino de los 245 existentes
proceden de esta área (un griego, dos italianos, nueve franceses y ningún
español) mientras que hay 180 del Reino Unido y 20 norteamericanos. Hay más
Masters of Wine de Nueva Zelanda que de Italia o España, y más de Noruega o
Chile que de España.
[JR] No tiene ningún misterio. Creo que se debe a que el Institute of
Masters of Wine es una organización británica. Empezó en 1953 en Gran Bretaña,
en el seno del sector vinícola. En 1984, año en el que entré en la
organización, era la primera persona en ser aceptada que no pertenecía al
sector vinícola británico. En los años ochenta del siglo pasado se dieron
cuenta que debían ampliar sus límites e invitar a personas de otras
nacionalidades, incluso a gente de fuera de la industria del vino. Además, la
mayor parte de la enseñanza y los exámenes son en inglés. Éste es el problema
más importante, por eso inevitablemente será más fuerte en los países
anglófonos. Lentamente, están intentando hacerlo más y más internacional.
Finalmente, creo que existe otro factor importante: las personas
de países como España o Francia que estén muy interesadas en el vino,
probablemente estudiarán con detalle enología y viticultura en la Universidad
en lugar de intentar conseguir un diploma en el que se imparte un poco de
enología, un poco de viticultura, un poco de conocimientos sobre vino, un poco
de crítica de vinos y mucho de cata...
[P] Sin embargo, asumiendo que los profesionales que juzgan el vino
representan las tendencias de su mercado, ¿cree que este liderazgo de
catadores anglosajones valorando los perfiles de los vinos está alimentando una
versión sensorial del pensamiento único? No deberíamos olvidar que, sensorialmente, el ser humano es en parte producto de su cultura y sus experiencias. Lo que es excelente para nuestros sentidos en cierto contexto puede resultar vulgar o desagradable en otros.
[JR] Me gustaría pensar que los Masters of Wine somos tan poderosos
como sugiere, pero no lo creo! Además, como ve, se están ampliando cada vez
más, en términos de nacionalidades. Hace tiempo, cuando obtuve el título, me
daba la sensación que los demás eran todos hombres con trajes de rayas, todos
ex alumnos de la misma escuela, con el mismo paladar... pero de hecho, en la
actualidad ya no creo que esto sea así. La verdad es que el grupo es cada vez
más amplio, y cada vez hay más gente y más interesante.
[P] La relevancia de múltiples y destacados aspectos del vino,
dados a conocer desde finales del siglo pasado, lo convierten en un producto único. Al
principio, era un producto básico en la dieta de muchas culturas. Luego se
convierte en un producto cultural y, de ahí, en la panacea de la salud. De
todas formas, los profesionales de su ámbito todavía califican los
vinos de acuerdo con sus propiedades sensoriales. Cuando hablamos de
propiedades sensoriales, ¿valoramos el placer (para nuestros sentidos) que el
vino nos proporciona o la información que nos llega a través de nuestros
sentidos? El buen vino, ¿es el que nos da más placer o el que nos aporta más
información, más conocimiento?
[JR] Habitualmente, valoro vinos para el consumidor, por eso creo que
me concentro en el placer que proporciona. Si escribiese para profesionales,
tal vez sería diferente mi valoración. Mi principal objetivo es dirigirme al
amante del vino.
Jancis
Robinson termina nuestra entrevista planeándonos una cuestión: ¿cuál es la
región vitivinícola en España que recibe una mayor inversión económica en las
bodegas, pero sin revertir necesariamente en un aumento del conocimiento sobre
el vino? Ésta es una pregunta abierta que refleja algunos de sus intereses.
Ella nos recomienda visitar su proyecto, en el que pasa la mayor parte de su
tiempo: www.jancisrobinson.com
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