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THE PERCEPTIONS MODULE OF PERCEPNET PROMOTES CRITICAL DISCUSSION ABOUT HOT ISSUES IN SENSORY SCIENCE AND PERCEPTION, THROUGH MONTHLY CONTRIBUTIONS OF OUTSTANDING RESEARCHERS AND PROFESSIONALS.
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«La realidad ingenua»
[The ingenous reality]
Josep de Haro Licer
Hospital Municipal de Badalona


Hace pocos años que el mundo de la ciencia se ha abierto al gran campo de la sensorialidad. Este nuevo campo constituye una disciplina transversal, no exclusiva de la ciencia, dedicada al estudio y valoración de las funciones, normales y alteradas de los sentidos.

En la actualidad, desde el amplio campo de la sensorialidad se desarrolla la comprensión de cómo los distintos sentidos inciden en los distintos «saberes» humanos. Nuestros sentidos son el medio por el cual se pueden captar los estímulos, exteriores e interiores. Los sentidos son también herramientas para valorar el estado de salud de las personas, por lo que navegar por el mundo sensorial requiere ciertos conocimientos básicos.

La primera consideración parte del hecho que todas las personas viven la vida desde su realidad personal. Llamaremos a esta realidad la realidad ingenua. Existe otra realidad, la realidad absoluta, responsable de generar infinidad de sucesos que pueden ser captados en forma de multitud de estímulos. Esta realidad es inalcanzable para el hombre y para cualquier ser vivo de nuestro planeta. Sólo una parte reducidísima de dicha realidad, sólo una ínfima parte de ella, llega a nosotros. Y sólo una más ínfima parte de todo lo que llega a nuestros sentidos se convertirá en estímulo captado, del cual un minúsculo fragmento se convertirá en emoción que será procesada en forma de sentimiento.

La explicación a toda esa reducción del número de estímulos a los que podríamos tener acceso se halla en los sentidos, entendidos a la vez como órganos sensores y como prolongaciones del sistema nervioso central que se exteriorizan. Los sentidos son los encargados de captar los estímulos. Pero no todos los estímulos, sólo los que están preparados para detectar. Los sentido se convierten así en los filtros de la realidad, apareciendo esa segunda realidad que hemos llamado ingenua.

Hablamos de realidad ingenua cuando creemos que aquello que vemos, oímos, tocamos, olemos o gustamos, es la realidad absoluta. Pero sólo se trata de una interpretación sensorial de una parte de la realidad. Los seres vivos estamos compuestos por conjunto de filtros que, a la vez que nos separan de la realidad, nos unen a ella, como un puente que une dos márgenes y es al mismo tiempo la más evidente división.

Niveles de filtros sensoriales

Primer nivel
Nuestro cerebro está constituido por cien mil billones de neuronas, cuya principal misión es rechazar el 99 % de los estímulos de la información que recibimos. Sólo el 1 % de toda la información que nos llega, que nos rodea en forma de estímulos, es almacenada, apareciendo así el primer nivel de filtro de la realidad o de reducción de la realidad. Sólo el 1 % de la información que nos llega es aceptada por nuestro cerebro.

Segundo nivel
Los únicos estímulos que puede captar el hombre son aquellos que activan sus sentidos. Y sólo hay dos tipos de estímulos. En primer lugar, los derivados de ondas, ya sean electromagnéticas (luz, color...) procesadas por el sentido de la vista, de presión (sonido, estímulos táctiles....) procesadas por los sentidos del oído y del tacto, o térmicas (calor, frío) procesadas por la piel. Y en segundo, las sustancias químicas, procesadas por los sentidos del olfato y del gusto

Fuera de estas vías de percepción cualquier otro tipo d'estimulo deja de existir; los sucesos generados por la realidad que den a lugar a estímulos distintos a los indicados, a efectos de su percepción, dejan de ser captados: son inexistentes. Por lo tanto, los sentidos son el segundo filtro de la realidad, el segundo nivel de reducción de la realidad: sólo serán captados los estímulos para los que los sentidos estén preparados (el olfato para los olores, el oído para los sonidos, la vista para la luz, el tacto para las sensaciones táctiles...).

Tercer nivel
El tercer nivel de reducción de la realidad se halla en la franja de operatividad que cada sentido tiene asignado para su función. La vista ve la luz y los colores, pero sólo algunos colores, no todos. No puede ver los infrarrojos ni los ultravioletas. Ni tampoco todas las intensidades. El oído capta los sonidos, pero no todos: no puede escuchar los ultrasonidos ni los infrasonidos. El olfato capta los olores, pero no todos...

Cuarto nivel
El cuarto filtro de la realidad, o de reducción de la misma, recae en la capacidad que tienen los sentidos de percibir sólo las variaciones de estímulos, para los cuales están preparados. Un estímulo constante es codificado como nulo, inexistente. Si un sonido permanece constante en intensidad y frecuencia deja de ser captado como tal: el oído lo ignora. Si una luz tiene la misma intensidad y frecuencia la vista la ignora. Y lo mismo con el tacto.

Quinto nivel
Un nuevo filtro de la realidad que nos envuelve lo constituye la información que los sentidos envían al cerebro, donde se procesa en forma de emociones (juego amplio de estímulos y respuestas). Cada persona funciona de forma diferente a la hora de captar y procesar los estímulos que son convertidos en emociones.

Sexto nivel
En un sexto nivel, la realidad queda filtrada al pasar las emociones a sentimientos. El cerebro selecciona la entrada de la información que le llega, almacenándola parcialmente. Esto quiere decir que no toda emoción da lugar a sentimientos. Por ejemplo, el lenguaje hablado es una magnifica facultad que utilizamos para transmitir nuestros pensamientos de un cerebro a otro: es el medio de comunicación principal para conectar conceptos con palabras, permitiéndonos compartir pensamientos, sentimientos, conceptualizaciones de las emociones, y transmitir conocimientos, costumbres y valores. Se acepta que las personas nos comunicamos con el exterior por medio de la palabra.

No obstante, esta idea es incorrecta, ya que la comunicación por medio del lenguaje verbal sólo aporta un 7 % de la información total. El 93 % restante es no verbal. En esa averbalidad se incluyen el tono de voz (un 38 % de participación) y aspectos visuales como movimientos oculares, expresiones faciales, movimientos corporales o posturas (con un 55 % de participación). Complementan la comunicación el resto de sentidos: gusto, olfato y tacto. En otras palabras, las emociones que quedan registradas en forma de sentimientos nacen de las diversas fuentes de estímulos que se han mencionado, por lo que el lenguaje deja de ser el principal medio de comunicación, y por tanto sucumbe como principal vía productora de emociones.

Séptimo nivel
Este nivel de filtrado de la realidad se ejerce en función de los canales de percepción que predominan en el individuo. Cada personas tiene un sistema inconsciente de referencias que hace que sean captados de forma principal estímulos visuales, auditivos, o cinestésico-táctiles (de las sensaciones y el tacto). Esto hace que cada persona capte con mayor facilidad la información que le llega por vía de su canal predominante: hay quien capta antes los estímulos visuales, o los auditivos, o las sensaciones internas...
Podemos ilustrar el filtrado que se ejerce este nivel mediante una situación hipotética: supongamos que tres personas van al museo del Prado a «contemplar» la Maja desnuda de Goya. Si, tras su contemplación, se pregunta a cada una de ellas cómo definiría la experiencia, podría suceder que una de ellas dijera: «es como un brochazo de colores», otra explicara que «es como un vals de vida» y la tercera respondiera: «me da una sensación de suavidad y calor». Cada una de ellas habría visto la misma pintura, pero se habría dejado subyugar por el canal más sensible de su persona. En la primera predominaría el canal visual, en la segunda el auditivo y en la tercera el cinestésico. De todos modos, hay que destacar que en la vida real no existe esa pureza de percepción, sino una combinación de todos ellos, con el predominio de uno sobre los demás.

Octavo nivel
Otro filtro de la realidad radica en la actitud de la persona ante los estímulos, la cual se construye desde sus capacidades perceptivas a partir de las experiencias que ha vivido. Dichas experiencias son generadoras de unos filtros internos que llamaremos metaprogramas, responsables de las creencias en las que se fundamentará la construcción de sus criterios. Estos criterios, a su vez, conformarán los valores del individuo, aquéllos que cada persona dispone a modo de balizas para marcar su camino, autoestimulándose a prestar más atención a las características del camino que ha emprendido y de todo aquello que le mantiene en él.

Noveno nivel
Toda la información que queda retenida después de haber pasado por los filtros anteriores es dirigida hacia un nuevo nivel de filtrado. La información que llega al cerebro se almacena en dos áreas distintas: la consciente, que sólo recoge un 10 % de datos, y la inconsciente, que recoge el 90 % restante. Hay que recordar que, habitualmente, las personas trabajamos con el área consciente, es decir, únicamente con el 10 % de la información recibida.

Décimo nivel
A todo lo anterior cabe añadir que el cerebro humano funciona sólo con un 10 % de sus posibilidades, lo cual configura un décimo nivel de filtrado de la realidad.

Undécimo nivel
Este último nivel de filtrado de la realidad actúa a partir de tres grupos de factores: el de los factores filogenéticos, que condicionan la evolución y adaptación de nuestra especie; el grupo de los factores ontogénicos, que condicionan la sensorialidad desde la gestación y embarazo, por medio de la carga genética de los progenitores y las incidencias del embarazo. Desde las primeras semanas de gestación empiezan ya a activarse los sentidos del feto (éste ve, oye, huele, toca y gusta), captando estímulos exteriores del entorno en el que se encuentra inmersa la madre, y los estímulos vivenciales que ésta experimenta (emociones, sentimientos) por medio de variaciones en el estado fisiológico materno. El tercer grupo, los factores sociogénicos, que aparecen de forma masiva tras el nacimiento, en la etapa de niño a anciano, son aquéllos en los que inciden el sexo, la edad, historial clínico, hábitos, mundo laboral, cultura y clima, entre otros.

Todo lo aquí expuesto convierte la realidad en una realidad ingenua, siempre que olvidamos los procesos de filtrado que nuestros sentidos generan y padecen.



 

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