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THE PERCEPTIONS MODULE OF PERCEPNET PROMOTES CRITICAL DISCUSSION ABOUT HOT ISSUES IN SENSORY SCIENCE AND PERCEPTION, THROUGH MONTHLY CONTRIBUTIONS OF OUTSTANDING RESEARCHERS AND PROFESSIONALS.
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Sensorialidad básica (2): los filtros de la realidad
[Basic sensoriality (2): reality filters]
Josep de Haro Licer
Hospital de Badalona

¿Qué conocimiento puede adquirir el pensamiento si se independiza de lo que le informan los sentidos? (Einstein).

La percepción tiene dos fases, la primera llamada transducción (extracraneal) es el proceso por el cual va cambiando el medio por el que se desplaza la información sin que se modifique su significado. La transducción se lleva a cabo gracias a la presencia de estructuras receptoras de estímulos que conectan con sensores que inician el procesado que activará los sentidos idóneos para ese estímulo. Hemos de entender los sentidos como los órganos construidos por receptores y sensores procedentes de la exteriorización del sistema nervioso central. Una vez el órgano del sentido estimulado ya ha sido activado, se inicia la segunda fase llamada codificación (intracraneal) caracterizada por el cambio de la interpretación de la información sin modificar el medio de transporte. La transducción contiene la recepción del estímulo, la activación del sensor, la puesta en marcha del sentido y el disparo del acto reflejo, mientras que la codificación despierta la grabación de la memoria, la cual seleccionará qué guardar de la respuesta emocional primaria (sensaciones corporales) dando lugar al sentimiento que abre el acceso a la intelectualización de la percepción para construir la respuesta emocional secundaria (el recuerdo puede activar sensaciones sin estímulo original).

Como hemos indicado, los sentidos son los encargados de captar los estímulos, pero no todos los estímulos, tan sólo los que están preparados para detectar. Los sentidos se convierten así en los «filtros», en los «reductores» de la realidad, apareciendo entonces esa posible segunda realidad que hemos llamado «ingenua», especialmente si no se tienen en cuenta la realidad propicia y el diálogo con ella.

Así pues, hablamos de realidad ingenua cuando creemos que aquello que vemos, oímos, tocamos, olemos o gustamos, es la realidad absoluta, cuando en realidad tan sólo se trata de una interpretación sensorial de una parte de la realidad. Veamos cuáles son esos filtros sensoriales:

Nivel 1. Nuestro cerebro está constituido por cien mil millones de neuronas, cuya principal misión es la de rechazar el 99 % de los estímulos, de la información que recibimos. Sólo el 1 % de toda la información que nos llega en forma de estímulos es almacenada, apareciendo así el primer nivel de filtro de la realidad. Sólo el 1 % de la información que nos llega es aceptada por nuestro cerebro.

Nivel 2. Los únicos estímulos que puede captar el hombre son aquellos que activan sus sentidos y sólo hay dos tipos de estímulos: las ondas y las sustancias químicas. Las ondas pueden ser electromagnéticas (luz, color, etc.) procesadas por el sentido de la vista, las ondas de presión (sonido, tacto, etc.) procesadas por los sentidos del oído y tacto, y las ondas térmicas (calor, frío) procesadas por los receptores epiteliales. El grupo de las sustancias químicas (olores, gustos, etc.) es procesado por los sentidos del olfato y del gusto. Fuera de estas vías de percepción cualquier otro tipo de estímulo deja de existir; los sucesos generados por la realidad que den lugar a estímulos distintos a los indicados, a efectos de su percepción, dejan de ser captados. Por lo tanto, los sentidos son el segundo filtro de la realidad, ya que sólo serán captados aquellos estímulos para los cuales los sentidos estén preparados para recibir: el olfato para los olores, el oído para los sonidos, la vista para la luz, el tacto para las sensaciones táctiles, etc.

Nivel 3. El tercer nivel de filtrado está en la franja de operatividad que cada sentido tiene asignado para su función. La vista ve luz y colores; algunos colores, no todos. No puede captar los infrarrojos ni los ultravioletas y tampoco puede ver todas las intensidades. El oído capta los sonidos, pero no todos los sonidos, no puede escuchar los ultrasonidos ni los infrasonidos. El olfato capta los olores, pero no todos, etc.

Nivel 4. El cuarto filtro de la realidad recae en la capacidad que tienen los sentidos de percibir sólo las variaciones de estímulos, para los cuales están preparados. Un estímulo constante es codificado como nulo o inexistente. Si un sonido permanece constante en intensidad y frecuencia deja de ser captado como tal; el oído lo ignora. Si una luz tiene la misma intensidad y frecuencia, la vista la ignora, lo mismo que el tacto, etc.

Nivel 5. El quinto nivel de filtrado de la realidad que nos envuelve lo constituye la información que los sentidos envían al cerebro donde se procesa en forma de emociones (juego amplio de estímulos y respuestas). Cada persona funciona de forma diferente captando y procesando los estímulos que son convertidos en emociones.

Nivel 6. En el nivel sexto, la realidad queda filtrada al pasar las emociones a sentimientos. El cerebro selecciona la entrada de la información que le llega almacenándola parcialmente, esto quiere decir que no toda emoción da lugar a sentimientos. Habitualmente, se piensa que la comunicación de la persona con el exterior se lleva a cabo por medio de la palabra; ese concepto es incorrecto ya que el lenguaje hablado, a pesar de ser una magnifica facultad que utilizamos para lograr que unos pensamientos vayan de una cabeza a otra, deja de ser el principal medio de comunicación y, por lo tanto, sucumbe más que triunfa como vía principal productora de emociones.

Nivel 7. Aquí es donde encontramos la comunicación. Estamos acostumbrados a entender que el lenguaje es el medio de comunicación principal para conectar conceptos con palabras, permitiéndonos compartir pensamientos, sentimientos (conceptualizaciones de las emociones) y darnos conocimientos, costumbres y valores, pero eso es incorrecto, ya que la comunicación habitual del lenguaje verbal solo aporta un 7 % de la información total, el 93 % restante es averbal (no verbal), sin palabras. En esa averbalidad encontramos el tono de la voz con un 38 % de participación, la visión (movimientos oculares, expresiones faciales, movimientos corporales, posturas, etc.) con un 55 %. Complementan la comunicación el resto de sentidos: gusto, olfato y tacto. En otras palabras, las emociones que quedan registradas en forma de sentimientos nacen de las diversas fuentes de estímulos que se han mencionado.

Nivel 8. Este nivel de filtrado de la realidad corresponde a los canales de percepción predominantes de la persona. Cada persona tiene un sistema de referencias, inconsciente, por el cual son captados de forma principal los estímulos visuales, auditivos, cinestésicos (sensaciones interiores), etc. Esto hace que cada persona capte más fácilmente un tipo de información. Hay personas que captan antes los estímulos visuales, otras los auditivos, otras las sensaciones internas, etc.

Un ejemplo de este nivel lo podemos observar en una hipotética situación. Supongamos que tres personas van a contemplar la «Concha de San Sebastián» y a cada una de ellas se le pregunta como definiría la experiencia. Podría ocurrir que de las tres personas, una dijera: «es cómo un brochazo de colores», otra explicara que «es como un vals de las olas» y la tercera respondiera: «me da la sensación de suavidad y calor». Cada una de ellas habría visto el mismo escenario, pero cada una de ellas se habría dejado subyugar por el canal más sensible de su persona. La primera tendría el canal visual, la segunda el canal auditivo y la tercera el canal cinestésico (sensación interior). En la vida real no existe esa pureza de percepción, existe una mezcolanza con el predominio de uno de ellos.

Nivel 9. El octavo nivel de filtro de la realidad se halla en la actitud de la persona frente a los estímulos. La actitud de la persona se construye desde sus capacidades perceptivas a partir de las experiencias que ha vivido. Dichas experiencias son generadoras de unos filtros internos llamados «metaprogramas», responsables de las «creencias», las cuales van a construir sus criterios que, a su vez, conformarán sus «valores», que vienen a ser las balizas que cada persona pone para marcar su camino estimulándola a prestar atención a las características del camino que ha emprendido.

Nivel 10. Toda la información que queda retenida después de haber pasado por los filtros anteriores es dirigida hacia un nuevo nivel de filtrado, en el que la información que llega al cerebro se almacena en dos áreas distintas: la consciente que sólo recoge un 10 % de datos y la inconsciente que recoge el 90 % de los mismos, incluso en estados de coma.

Nivel 11. A esto se debe añadir que el cerebro humano funciona sólo entre un 10 y un 20 % de sus posibilidades.

Nivel 12. Este nivel de filtrado de la realidad actúa a partir de cuatro grupos de factores. El grupo de los factores filogenéticos que condicionan la evolución y adaptación de nuestra especie. El grupo de los factores ontogénicos que condicionan la sensorialidad desde la gestación y embarazo vía la carga genética de los progenitores, y las incidencias del embarazo ya que en sus fases iniciales (primeras semanas) los sentidos ya empiezan a activarse (el feto ve, oye, huele, toca y gusta) captando los estímulos exteriores que la madre capta y los estímulos vivenciales que la madre experimenta (emociones, sentimientos) por medio de las variaciones de la fisiología materna. El tercer grupo corresponde a los factores ecogénicos que condicionan el ambiente. Finalmente, el cuarto grupo son los factores sociogénicos que aparecen de forma masiva cuando el feto entra en el trayecto de niño a anciano. En este último grupo es donde será necesario tener presente el sexo, la edad, el historial clínico, los hábitos, el mundo laboral y la cultura.

Nivel 13. En este nivel, se halla la capacidad que tiene la persona de dirigir la atención hacia un foco de estímulos determinado. El hombre dispone de tres niveles de atención: la atención sostenida (alerta-vigilancia) ubicada en la sustancia reticular dedicada a la detección de cualquier cambio que demande una acción; la atención selectiva que tiene por misión orientarse hacia aquellos estímulos sensoriales relevantes e inhibir los irrelevantes; y la atención dividida que permite prestar atención, como mínimo, a dos centros de atención.

Nivel 14. Si empezábamos con un filtro general que era el cerebro, acabamos con otro filtro genérico que es la cronobiosensorialidad o variaciones de la sensibilidad de un organismo vivo para captar los estímulos en función del tiempo. La percepción de los estímulos depende también del momento del día (día/noche), del mes, de las estaciones del año y de las épocas de la vida.

Nivel 15. Corresponde a la memoria, como encargada de gestionar los recuerdos y los proyectos, en función de los filtros anteriores.

Nivel 16. Es el filtro de la reemoción o capacidad de reexperimentar emociones de forma plena mediante la sentimentalización e intelectualización de experiencias anteriores.

Nivel 17. Este último filtro es, ni más ni menos, que el proceso de retroalimetación (feed-back) o de incidencia de los distintos filtros sobre los órganos sensoriales, sus sensores y sus sensibilidades, tanto para los sentidos clásicos (vista, oído, gusto, olfato, etc.) como para los sentidos internos (equilibrio, tensión arterial, concentraciones de substancias sólidas, líquidas y gaseosas del cuerpo), remodelando sus capacidades debido a que el cerebro envía información hacia los órganos sensoriales que se ven modificados en función de la experiencia de la realidad vivida en su interior.

Continuaremos este recorrido introductorio sobre la sensorialidad básica.

Dr. J. de Haro

Sensorialidad básica (1): La realidad ingenua

 

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19/07/07
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