- De veras que hay días en que mandaría todo a paseo.
- Pero aguantas.
- Qué remedio, habrá que seguir tirando para adelante.
- Sí... aunque, a veces, sería más sensato mirar hacia atrás.
- ¿Y eso?
- Pues, con un poco de suerte, hasta encontraríamos dónde
perdimos el hilo.
- Yo cada año veo peor. Además, entre tantos hilos abandonados,
¿cómo sabrías cuál es el tuyo?
- ¿Sabes? A mí también me empieza a fallar la vista.
El
urdidor de embustes. Literatura, reflexión y otros aderezos.
Si nos remontamos al inicio de la década de los setenta, cuando
la fiebre hippy empezaba a denotar los olores de aquello
que ya no está en su mejor momento, y la moda punk despuntaba
con sus primeras salidas de tono en la sociedad inglesa, muchos
británicos no dudarían en destacar como el mejor drama de la
BBC del momento una popular serie que se desarrollaba en el
165 de Eaton Place.
«Arriba
y abajo» (Upstairs and Downstairs) era el elocuente título
del programa que se desarrollaba durante las primeras décadas
del siglo XX. En la parte de arriba de la casa vivían, junto
con sus hijos, Lady Marjorie, hija de un duque, antiguo primer
ministro, y su esposo Richard Bellamy, un político honesto pero
demasiado dependiente del dinero y las influencias de la familia
de su esposa. En la parte de abajo vivían los sirvientes como
otra familia, con el mayordomo, la cocinera, los lacayos, segundas
doncellas, pinches de cocina, chóferes y demás personal que
formaban parte del servicio a lo largo de toda la serie. Resultaba
curioso observar la elocuencia de la localización de cada familia
en la residencia y las implicaciones que de ello se derivaban.
Conceptos como arriba y abajo, o delante y detrás, son en principio
meras referencias espaciales, sin que de ello se supongan otro
tipo de cualidades y, sin embargo, nuestro cerebro de manera
inconsciente utiliza patrones culturales preestablecidos para
inferir otras características a las que en principio deberían
derivarse del estricto significado de esas palabras. Porque
las familias nobles o adineradas, viven, también físicamente,
por encima de los sirvientes.
Otro ejemplo de este tipo de asociaciones entre percepción
espacial y pensamiento complejo, es el de las implicaciones
de aquéllo que está «delante» y aquéllo que está «detrás». Recientemente,
investigadores californianos han presentado un trabajo en Cognitive
Science titulado «Con el futuro a sus espaldas»1
que nos recuerda estas percepciones derivadas de meros adverbios
o alocuciones de lugar.
El
artículo trata de una amplia y fundamentada discusión sobre
las evidencias de que los hablantes del Aymara, una lengua
indígena del altiplano boliviano, piensan en el tiempo de manera
completamente diferente a la del resto de la humanidad. Ellos
conciben el futuro como algo que está detrás de ellos, a sus
espaldas, y el pasado como aquéllo que tienen delante. El título
del artículo se completa con un subtítulo elocuente: «Evidencias
convergentes desde la lengua y la gestualidad Aymara
para la construcción de artefactos espaciales del tiempo».
Según parece, los humanos empezaron a hacer confluir las dimensiones
temporales y espaciales mucho antes de que Einstein comenzara
a garabatear la pizarra con una tiza. En lugar de ecuaciones,
nuestra mente utiliza metáforas conceptuales, a través de las
cuáles el espacio actúa de sustitutivo del tiempo.
La inmensa mayoría de nosotros describe el futuro como aquello
lejano o que tenemos justo delante, y el pasado como lo que
queda justo detrás. Hasta que la visión de los Aymara
fue descubierta, no se creía que existieran excepciones a esta
manera de pensar sobre el tiempo, según explican Rafael E. Núñez,
científico cognitivo de la Universidad de California en San
Diego y el lingüista Eve Sweetser, de la Universidad de California
en Berkeley.
Pero los Aymara denominan el futuro qhipa pacha/timpu,
que equivaldría a «tiempo por detrás», y al pasado nayra
pacha/timpu, o «tiempo por delante». Y cuando gesticulan
hacia delante están hablando y recordando fenómenos del pasado,
mientras que los gestos hacia atrás se utilizan para hablar
sobre el futuro. Esto no son meras cuestiones maniqueas, en
el fondo son verdaderas ventanas a través de las cuales ven
las mentes de los Aymara, un pueblo que tiene una concepción
de futuro y de pasado simplemente diferentes de las de cualquier
otra persona.
Los autores especulan que los hablantes de Aymara diferencian
entre lo conocido y lo desconocido como algo primordial y, evidentemente,
aquello conocido es lo que puedes ver frente a ti, con tus propios
ojos. El pasado es conocido, por tanto está frente a ti (nayra,
o «pasado» en Aymara, significa literalmente «vista»,
así como «delante»). El futuro es desconocido, y por tanto,
cae detrás de ti, donde no se puede ver.
¿Es posible que los conceptos humanos de tiempo puedan variar
tanto a consecuencia del lenguaje y la cultura? ¿Y cómo debe
ser pensar a la manera Aymara? ¿Tendríamos el resto de
nuestra vida detrás de nosotros? ¿Y cómo podremos dejar pasar
el tiempo, si siempre lo tendremos frente a nosotros?
Son ideas sugerentes, ideas difíciles de procesar; y es que
no se trata simplemente de girar unos simples 180º nuestra perspectiva
habitual. Pero, además, ¿cómo se modificarían entonces otros
aspectos espaciales que utilizamos metafóricamente: el arriba
y abajo, dentro y fuera, alto y bajo? ¿Podría la gente sentirse
positiva cuando está triste, y negativa cuando rebosa felicidad?
¿Es posible ser prepotente viéndose a uno mismo por debajo de
los demás? Es más, ¿es posible establecer metáforas temporales
sin una referencia a uno mismo? Las últimas investigaciones
dicen que sí: ¡también existen metáforas temporales en que la
referencia no es el sujeto individual, sino la propia dimensión
temporal!2
Realmente, ¿es posible estar por debajo tanto tiempo, que finalmente
parezca que estés por encima? Esa sería la paradoja de los telespectadores
de la clase obrera británica que, a principios de los setenta,
se reían con las ocurrencias de una clase noble que vivía en
el piso de arriba, pero que ellos percibían como pequeñas figuras
dentro de sus televisores, justo bajo su control.
Un largo y extraño viaje, donde las perspectivas y las metáforas
nos conducen hacia delante. ¿O era hacia atrás?
1 Núñez, R.E.; Sweetser, E.: «With the future behind
them: from Aymara language and gesture in the cross linguistic
comparison of spatial construals of time», Cognitive Science
2006; 30(3): 401-450.
2 Núñez, R.E.; Motz, B.A.; Teuscher, U.: «Time after
time: the psychological reality of the Ego- and Time-Reference-Point
distinction in metaphorical construals of time», Metaphor
and Symbol 2006; 21(3): 133-146.
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