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THE PERCEPTIONS MODULE OF PERCEPNET PROMOTES CRITICAL DISCUSSION ABOUT HOT ISSUES IN SENSORY SCIENCE AND PERCEPTION, THROUGH MONTHLY CONTRIBUTIONS OF OUTSTANDING RESEARCHERS AND PROFESSIONALS.
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Sensorialidad básica (3): la multiplicidad de los sentidos
[Basic sensoriality (3): the multiplicity of senses]
Josep de Haro Licer
Hospital de Badalona

Nuestros sentidos son el medio por el cual se pueden captar los estímulos, exteriores e interiores. Navegar por el mundo de los sentidos requiere ciertos conocimientos básicos, dado que ellos van a ser las herramientas que nos van a permitir valorar el estado de la realidad interior y exterior.

Cada sentido es vehiculado por fibras nerviosas que empiezan en la periferia y terminan en el sistema nervioso central. No existen nervios especializados para sensaciones especializadas. Aunque percibamos distintas modalidades (temperatura, sonido, gusto, olfato), todas las fibras nerviosas funcionan igual, pues todas las fibras nerviosas tan sólo transmiten impulsos eléctricos. Percibir una sensación u otra depende del punto del sistema nervioso central que queda estimulado. Para cada modalidad de percepción sensorial existen unas 10 000 neuronas.

Estamos acostumbrados al listado de los cinco sentidos (olfato, gusto, tacto, oído y vista), pero ese concepto es insuficiente en el mundo de la ciencia. En la actualidad los sentidos en el mundo animal se clasifican en función de dos grandes bloques: los estímulos vehiculados por ondas y los vehiculados por sustancias químicas. Dentro de los primeros hallamos cuatro tipos de estímulos: los basados en ondas de presión (táctil y sonora), los basados en ondas electromagnéticas y los producidos por las ondas térmicas. Con las ondas de presión se generan varias modalidades de percepciones: tacto, audición; mientras que las ondas térmicas generan percepción del calor o del frío. Las ondas electromagnéticas se encargan de estimular la percepción de la luz. Dentro de los sentidos vehiculados por sustancias químicas encontramos los productores de estímulos químicos tales como el olfato y gusto.

Pero el número de sentidos que alberga el ser humano va más allá de los clásicos cinco sentidos; los hay que miden multitud de variables internas como el sentido del equilibrio, presión arterial, concentración de sustancias como la glucosa, aminoácidos, ácidos grasos, CO2, el oxígeno arterial y la osmolaridad, etc. Todos los sentidos se rigen por el mismo tipo de clasificación básica mencionada (vehiculados por ondas y por sustancias químicas).

Existe un sentido que es transversal a todos ellos, de tal manera que tanto las ondas de presión, las electromagnéticas, las térmicas y las sustancias químicas participan, a partir de sus diversas formas de manifestación, en la configuración de la percepción del dolor. De este modo, el sentido del dolor constituye un sentido peculiar, de acción transversal. Existe dolor producido tanto por estímulos de presión (un golpe, sonidos, etc.), como por estímulos lumínicos, térmicos o por substancias químicas inhaladas, ingeridas, etc.

Sin entrar en ampliaciones sobre el dolor, podemos decir que existe una percepción rápida del dolor y otra lenta; hay por lo tanto una percepción instantánea y corta y una tardía y sostenida. Los principales sensores del dolor los hallamos en la piel, los sistemas vasculares, el sistema muscular, periosteo, hoz del cerebro, tienda del cerebelo, órganos internos, etc.

Desde el punto de vista científico, atender a los distintos sentidos de nuestra fisiología significa obtener información para la valoración de múltiples variaciones y discapacidades frente a la realidad.

Aquí sólo expondremos los cinco sentidos clásicos encargados de conectarnos a la realidad, con la finalidad de comprender la mecánica general sensitiva de nuestro organismo y su interconexión en la construcción de la sensación.

Los sentidos tienen un orden de importancia, que varía en función de los estadios evolutivo-madurativo del hombre. El principal sentido en la fase embrionaria de su formación lo constituye el tacto. A partir del nacimiento el principal sentido pasa a ser el olfato, mientras que desde la infancia su preponderancia pasa a la audición y, finalmente, en la vida adulta y social, el principal sentido es la vista.

Cada uno de estos sentidos se desarrolla en un órgano base, el tacto en la piel, el olfato en la nariz, la audición en el oído, la visión en el ojo y el gusto en la boca. Esto era lo que hasta hace poco se creía como invariable. En la actualidad se sabe que en cada uno de estos órganos «base» hay la posibilidad de activar otros sentidos de forma directa (un ojo puede oler, una nariz palpar, la piel puede ver, etc.) o de forma indirecta (sinestesia).

En los órganos base hallamos receptores específicos y receptores no específicos: los primeros codifican la sensación prototipo (el olfato en la nariz, la audición en el oído, el gusto en la boca, etc.) y los segundos codifican otros aspectos que, a veces, están directamente vinculados con el sentido original y otras veces no (la nariz contiene sensores olfativos hormonales, entre otros; el oído contiene el sentido del equilibrio; el ojo el del tacto, etc.). De este modo se construyen sensaciones complejas que pocas veces son desglosadas de forma consciente, pero que siempre son procesadas a escala cerebral dando a lugar a la polisensitividad del órgano sensorial.

Puede entenderse ahora cómo la «complejificación» del proceso sensorial que se inicia con una recepción, se continúa con la activación de los sensores estimuladores del sentido, que desencadenarán emociones, sentimientos, conceptos, etc., y todo ello sólo a partir de un resquicio de realidad que llega a nuestro cerebro, que es aprovechado al máximo, configurando en nosotros la posibilidad de, o bien quedarnos con el concepto de realidad ingenua, o bien con el de realidad propicia.

A cada uno de los distintos sentidos le corresponde un espectro de sensibilidad, dentro del cual, se pueden valorar sus alteraciones. Desde un punto de vista médico, atender los distintos sentidos de nuestra fisiología significa obtener una información valiosa para la valoración de múltiples enfermedades; enfermedades que no tienen por qué ser precisamente alteraciones específicas de los sentidos.

Continuaremos este recorrido básico sobre los sentidos.

Dr. J. de Haro

Sensorialidad básica (1): la realidad ingenua
Sensorialidad básica (2): los filtros de la realidad

 

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25/09/07
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