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El cerebro culpable o la realidad de las propiocepciones
[The guilty brain or the real nature of self-perceptions]
Emili González-Pérez
Editor científico
Rubes Editorial
biomed@rubes.es

A la pobre Santa Teresa de Jesús le han llamado de todo: visionaria, demente, perturbada, paranoica, esquizoide, epiléptica o maníaca depresiva entre otros diagnósticos. Y sin embargo, quizás no fuera para tanto. Aquello que hace cinco siglos eran visiones divinas, hace dos décadas se las consideraba una clara muestra de enajenación mental, y ahora puede entenderse y explicarse como facetas posibles del amplio rango de complejidad funcional del cerebro humano.

Existen sensaciones siniestras más usuales de lo que estamos dispuestos a pensar. Un hombre describe la percepción de una figura sombría junto a él, después se gira para descubrir que no hay nadie a su lado. Una mujer siente cómo abandona su cuerpo y flota, para entonces mirar hacia abajo y localizar su propia realidad corpórea. A menudo, este tipo de experiencias han sido alegremente atribuidas a supuestas «fuerzas paranormales». Pero, de acuerdo con los trabajos más recientes en neurociencia, pueden ser inducidas cuando se aplican corrientes eléctricas a puntos particulares del cerebro. En una mujer, por ejemplo, la pulsión puntual en la región cerebral de la circunvolución angular, resulta en una extraña sensación de tener a alguien detrás intentando interferir en sus acciones.

Este tipo de personas suelen ser diagnosticadas como epilépticas cuando son hospitalizadas. Y entonces se las somete a una exploración exhaustiva mediante implantación de numerosos electrodos en su cerebro, con la intención de dilucidar la localización de aquellas regiones cerebrales implicadas en las sensaciones aberrantes en el ámbito visual, auditivo o del lenguaje. Pero el doctor Blanke, un neurólogo de la Escuela Politécnica Federal de Lausana en Suiza, comenta que en muchas ocasiones, estos pacientes presentan una historia psiquiátrica perfectamente normal, sin que pueda detectarse ninguna anormalidad pasada y que, por ello, se muestran confusos ante la naturaleza grotesca de sus nuevas «capacidades».

En un reciente número de Nature,1 Blanke y sus colaboradores analizan el caso de la mujer que percibe una sombra tras ella. Hace un par de años ya describieron este tipo de experiencias «fantasmales» en otro artículo.2 Quien quiera encontrar un mensaje místico en esas manifestaciones, no encontrará nada por el estilo. Las investigaciones demuestran que la conciencia puede separarse del cuerpo para percibirlo como algo externo, como en una experiencia extracorpórea, o puede percibir alteraciones del espacio personal, como cuando se detecta una presencia.

Los científicos han asimilado nuevos modelos de comprensión de estas sensaciones, estudiando y aprendiendo sobre cómo trabaja el cerebro. Por ejemplo, existen áreas cerebrales implicadas en combinar la información de diferentes sentidos. Visión, tacto y audición se procesan en regiones sensoriales primarias, pero inmediatamente después, confluyen para crear percepciones personales de conjunto. Así, por ejemplo, la imagen de un perro se reconoce más rápidamente a lo lejos si va acompañado de un ladrido. Estas regiones de procesado multisensorial también construyen percepciones del propio cuerpo a medida que este se mueve en el espacio. Y todo ello, mediante la coordinación de sensores del tacto, de posición, del estado interior del cuerpo, etc.

Información a tiempo real del cuerpo, del entorno inmediato y las impresiones subjetivas que ambos aportan, también son fruto de la actividad de estas regiones multisensoriales del cerebro. Y como ha probado el doctor Blanke, si estas regiones son directamente estimuladas por corrientes eléctricas, se puede alterar la integridad de la sensación global del cuerpo. Como ejemplo de ello, el doctor Blanke describe el caso de una joven paciente a la que implantaron electrodos en la parte izquierda del cerebro, en un estudio de 2004. Inicialmente, sólo pretendían detectar la actividad de las regiones del lenguaje, pero entonces observaron que la mujer giraba la cabeza hacia su derecha. Aquello no tenía sentido, porque el electrodo no estaba ni tan siquiera cercano a las regiones del control de los movimientos. Comprobaron el estímulo, repitieron el experimento, y volvieron a observar el mismo movimiento. Entonces, le preguntaron a la joven porque razón movía la cabeza. Respondió que simplemente tenía la sensación de percibir una sombra de alguien junto a su cama, la presencia de un hombre joven que se acercaba demasiado a ella. Cuando, durante el experimento, se le colocaba una tarjeta para ser leída a su derecha y se le aplicaban los estímulos eléctricos, no era capaz de leerla, simplemente porque «ese hombre» interfería en su campo de visión, al colocarse tan cerca de ella. Debido a que la mujer siempre detectaba la presencia como inmediatamente cercana y como mimética con su propio cuerpo, Blanke concluyó que la paciente experimentaba una percepción poco usual de su cuerpo, como un doble, pero por razones inexplicadas era incapaz de reconocer que era su propia experiencia corpórea.

Unos años antes, otra paciente del doctor Blanke a la que aplicaron estimulación en la región de la circunvolución angular, que conjuga la información visual con la percepción del cuerpo, experimentó una percepción extracorpórea completa.3 La mujer sentía que flotaba, que estaba en el techo y que miraba hacia abajo a través de sus piernas. Cuando cesaba el estímulo eléctrico volvía a sentirse estirada en la camilla. Dado que la posición que sentía la mujer en el espacio y su posición real no coincidían, su mente intentaba explicar la confusión aparente en forma de experiencia «coherente», y así concluía que debía estar flotando en el aire y mirando hacia abajo.

El doctor Blanke explica que algunos esquizofrénicos experimentan ilusiones paranoicas y perciben que alguien les sigue. A la vez, en numerosas ocasiones confunden sus propias acciones con las acciones de otras personas. Aunque no se conoce la causa, es muy probable que las áreas de procesado multisensorial estén implicadas en todos esos fenómenos de desintegración entre el espacio personal (vestibular) y el extrapersonal (visual).

Cuando la gente normal experimenta ilusiones corporales, normalmente se siente muy confusa. La percepción del cuerpo es tan familiar y aparentemente real, que no se dan cuenta de que en el fondo se trata de una construcción o creación del cerebro, también cuando algo falla y éste no funciona correctamente.

Por lo que explica el doctor Blanke, la sensación de integridad del cuerpo es fácilmente engañosa. Y, a pesar de que durante mucho tiempo, y aún hoy, muchos estén tentados de invocar a causas sobrenaturales cuando esta percepción se tuerce, la explicación real es mucho más terrenal, el cerebro sólo está intentando dar sentido a informaciones conflictivas.

Santa Teresa, patrona de los escritores católicos, supo retratar con maestría extraordinaria, los «arrobamientos» -así los llamaba ella- que la transportaron al éxtasis. Experiencias placenteras que la sobrecogían: «Quiere el alma estar sufriendo siempre de este mal», escribió Santa Teresa, que padeció los arrobamientos durante más de doce años. Unas percepciones que la turbaron y llegaron a preocupar mucho. Acudió a confesores y expertos eclesiásticos en busca de explicación. Y llegó a pedir a Dios que le librara de «sus mercedes». Por suerte o por desgracia, en aquella época no existían neurobiólogos capaces de dar una explicación racional a semejantes experiencias.

Estamos demasiado acostumbrados a calificar las cosas como «normales» y «anormales», especialmente cuando nos referimos al comportamiento humano. Pero investigaciones como estas, que muestran la complejidad, plasticidad y adaptabilidad de una herramienta tan compleja como el cerebro, nos permiten vislumbrar la falacia de tales clasificaciones categóricas.

Ahora sabemos que el potencial de acción de nuestro cerebro está muy por encima de categorías preestablecidas. Sus posibilidades tienen una característica fundamental: la creación de mundos, sensaciones y experiencias únicas y propias de cada uno.

Experiencias que serán materia prima sobre la que trabajaran las mentes de nuestros literatos, creadores y científicos, para asegurarnos el bienestar, el placer o la salud. Algo que nos mueve a considerar nuevos significados para trascendentales aseveraciones sin dubitaciones aparentes, como aquella de la mística: «Tan alta vida espero, que muero porque no muero».

Bibliografía

1Arzy, S.; Seeck, M.; Ortigue, S.; Spinelli, L. y Blanke, O.: «Induction of an illusory shadow person», Nature 2006; 443 (7109): 287.

2Blanke, O.; Landis, T.; Spinelli, L. y Seeck, M.: «Out-of-body experience and autoscopy of neurological origin», Brain 2004; 127: 243-258.

3 Blanke, O.; Ortigue, S.; Landis, T. y Seeck, M.: «Stimulating illusory own-body perceptions», Nature 2002, 419 (6904): 269-270.



 

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