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Apariencia o voluntad

[Appearance or purpose]

Alberto Pousa
Filósofo y artista

No hay ya aroma en la materia ni enigma en los pensamientos; gastronomía y metafísica se convierten igualmente en víctimas de nuestra inapetencia. Permanecemos durante horas esperando otras horas, esperando instantes que no huyesen ya del tiempo, instantes fieles que nos reinstalasen de nuevo sobre nuestra delicada salud.

Es significativo, nos dice el antropólogo Julián López García, que las proposiciones enfrentadas de «bueno para pensar» frente a «bueno para comer», defendidas respectivamente por Lévi Strauss y Marvin Harris, se destaquen como emblemas expresivos de la tendencia materialista que busca comprender el rol de la gastronomía en la organización social y las aproximaciones cognitivas que entienden la gastronomía como un sistema cultural de símbolos, categorías y significados. La apariencia es, como menciona Baudrillard, un simulacro de la realidad o para decirlo con palabras de Empédocles: «El pensamiento existe en los hombres en razón de la impresión del momento».

La apariencia, sin embargo, del producto ha pasado a ser una realidad, aunque curiosamente es cada vez menos real. La producción agraria emplea cada vez más las tecnologías para la producción y el riesgo de sus efectos comienza a vislumbrarse a través de la contaminación y de la destrucción progresiva e irrecuperable de recursos y de biodiversidad.

Cuando se habla de un sistema alimentario posmoderno o postindustrial se refiere a la complejización del modelo alimentario industrial. La industria adquiere mayor importancia ante la agricultura. La procedencia de los alimentos deja de ser relevante, ante esta falta de certeza, la apariencia del producto pasa a ser el principio orientador del consumo. Los productos altamente industrializados buscan tener una apariencia natural lo que se asocia con lo saludable. La distribución se sofistica y se hace realidad la posibilidad de comer productos de cualquier origen en todo momento. La elección del producto se vuelve complicada para el consumidor que se debate entre principios orientadores contradictorios (escoger lo más barato, lo más saludable, exclusivo, exótico, o lo más justo por ejemplo). El deseo desplaza a la racionalidad y los estímulos para el consumo se hacen cada vez más sofisticados.

¿Qué es entonces lo relativo a la sensibilidad: la cualidad misma o la calificación gnoseológica que la sensación de un sujeto cualquiera testimonia a la conciencia?

Galileo nos dice en Il Saggiatore que «eliminadas las orejas, la lengua y la nariz quedan sin duda figuras, números y movimientos», pero no olores, gustos, sonidos.

¿Qué es, entonces, captar un olor además de sufrir una determinada afección? ¿No será que captar un olor es además percibir sensitivamente, algo que el aire no hace, puesto que se limita a resultar perceptible cuando es afectado?

Si en verdad la gastronomía participa y contribuye a las simbologías de identidad en el proceso de construcción de una «comunidad imaginada», ¿cómo reconocer el poder transformador de la cultura popular y la «vida cotidiana» como motores de la historia?

Nuestro cuerpo es conocido como cualquier otro objeto del mundo. En efecto, la percepción intelectual que de él nos formamos viene dada como la de cualquier otro objeto externo. En cuanto tal, es una representación más del sujeto.

Pero, además de objeto conocido, el cuerpo es experimentado como actividad, de modo inmediato, por el hombre. Esto es, se mueve, actúa, es activo y no se da nada en él, ni siquiera en su entendimiento, que no remita a la actividad del cuerpo. Por esto mismo, él aparece como el supuesto primero del propio pensamiento.

¿Cómo pensar, en efecto, sin descubrirnos al mismo tiempo como activos?

La precedencia de la actividad hace que ella deba ser considerada como el elemento primordial, el en sí, que posibilita toda la realidad del hombre. Toda la vida intelectual, psíquica, moral, estética, etc., son siempre manifestaciones de segundo orden posibilitadas por este elemento que mueve al hombre desde el fondo de su ser. Pero esto lo descubrimos en primer lugar a través del cuerpo. Éste es actividad objetivada, es decir, convertida en cuerpo.

A esta actividad fundamental que posibilita luego todas las manifestaciones de los seres es a lo que llamaremos voluntad.

Esta voluntad es el conocimiento a priori del cuerpo, y el cuerpo el conocimiento a posteriori de la voluntad. Así, pues, el cuerpo como representación posibilita el descubrimiento del verdadero en sí del hombre como voluntad. Nuestro querer como acción del cuerpo es:

lo único que conocemos inmediatamente y que no se nos da en la representación; el único datum valedero que puede esclarecer todas las cosas, el portillo que nos conduce a la verdad.1

El cuerpo es, pues, el pasadizo secreto que nos permite penetrar en el interior de la fortaleza del mundo. El descubrimiento de la voluntad en el hombre es el único camino para llegar al en sí de todas las cosas. Por analogía con el conocimiento que tenemos de nuestro cuerpo, podemos conocer la esencia de todos los fenómenos de la naturaleza y de todos los demás objetos. No hay ninguna razón –en efecto– para pensar que los demás seres estén constituidos de manera distinta a la de nuestro propio cuerpo. Y así como al cuerpo lo conocemos, por una parte, como representación y, por otra, accedemos a él experimentándolo como voluntad, así todo el mundo material no tiene otra realidad que la de ser nuestra representación en tanto fenómeno2 y voluntad en cuanto noumeno.3

Notas
1. Véase Schopenhauer: El mundo como voluntad y representación, II, 1959, p. 214.
2. Fenómeno: Cada uno de los seres de la naturaleza en cuanto que ellos son los modos concretos de manifestarse la voluntad universal. Fenoménico, por tanto, es todo lo experimentable.
3. Noumeno: Es la voluntad universal, energía unitaria que constituye el sustancial en sí del mundo. Es la esencia invisible de todo cuanto existe.

Bibliografía
Cioran, Émile: Breviario de la podredumbre. Tusquets Editores.
Harris, Marvin: Bueno para comer. Alianza Editorial.
Baudrillard, Jean. Cultura y simulacro. Kairós.
Arcárate, Patricio de. La apariencia no es la verdad. Sturz, Ed. Proyecto filosofía en español.
Gómez Díaz Méndez, Cristobal. «¿Qué se entiende por modernidad?», 2001: 9. Artículos de revistas.
Textos aristotélicos. Antropología de Aristóteles. Biblioteca Clásica Gredos.
Rodríguez Donís, Marcelino. El escepticismo de Demócrito. Universidad de Sevilla.
Maceiras, Manuel. Schopenhauer y Kierkegaard. Sentimiento y pasión. Ediciones Pedagógicas.
López García, Julián. «Algunas consideraciones metodológicas en los trabajos de campo en Antropología de la alimentación». Revista de Antropología Social.

 

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28/12/2009
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