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PERCEPCIONES

 

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El lenguaje corporal y las expresiones faciales
[Body Language and Facial Expressions]

Coral Martil
Percepnet

Cada vez que interactuamos con alguien, aparte de la comunicación verbal, estamos utilizando nuestro lenguaje corporal y mayormente nuestras expresiones faciales para enviar mensajes codificados acerca de cómo nos sentimos con respecto a nuestro ambiente en cada momento.

Investigadores especializados en este campo sostienen que la comunicación verbal entre individuos únicamente representa menos del 25% del total de información que intercambiamos cuando interactuamos en sociedad, lo que quiere decir que nos comunicamos más con nuestro lenguaje corporal que con palabras.

A continuación se explicarán tres estudios llevados a cabo en diferentes universidades de Europa y América relacionados con la importancia del lenguaje corporal y facial en el ser humano, echando por tierra algunos mitos, falsas verdades que forman parte de nuestra cultura y que se creían ciertos hasta el momento.

La interpretación de las expresiones faciales emotivas no es universal

Desde los tiempos de Darwin se ha debatido acerca de si nuestras expresiones faciales básicas son universales. Paul Ekman, quien ha dedicado su vida a estudiar las expresiones faciales, postula que sí existen seis emociones faciales universales, que son: felicidad, sorpresa, miedo, asco, ira y tristeza.

Sin embargo, parece ser que en realidad esta universalidad no es tan universal, es decir que no en todos los sitios del mundo se piensa de la misma manera. Rachel E. Jack y un grupo de investigadores de las universidades de Glasgow y Fribourg han publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) un artículo titulado «Facial expressions of emotion are not culturally universal», en el que sugieren que individuos de una cultura no necesariamente podrán identificar las expresiones emotivas de otra cultura por muy raro que esto nos pueda parecer.

Este equipo de científicos llevó a cabo una investigación transcultural con 15 sujetos occidentales y otros 15 orientales. Todos tuvieron que identificar en personas de su etnia y de otras culturas las emociones que transmitían 4800 animaciones de caras que incluían las seis emociones básicas con cinco niveles de intensidades y distribuidas equitativamente en ambas razas (utilizando imágenes hechas por ordenador que parecían reales), y midieron el tiempo en que cada sujeto tardaba en contestar la emoción que estaba observando (fig.1).

Fig. 1. Caras
Fig. 1. Ilustración que muestra las diferencias de percepción de seis expresiones faciales de emociones básicas, entre individuos caucásicos (WC) y asiáticos (EA). Fuente: Universidad de Glasgow.

Los resultados del experimento no fueron los mismos para los observadores orientales y para los occidentales. Los occidentales asignaron las expresiones a cada una de las categorías de forma homogénea, con gran coincidencia entre ellos. Sin embargo, las observaciones de los orientales se solaparon en bastantes casos entre diferentes categorías, especialmente entre las de sorpresa, miedo, disgusto, enfado y tristeza. La alegría fue la única emoción en la que coincidieron unos y otros observadores y las asignaciones fueron homogéneas. Además, los orientales expresaron la intensidad de alegría, miedo, disgusto y enfado, mediante movimientos tempranos de los ojos, mientras que los occidentales lo hicieron con otras partes de la cara. Y esa diferencia resulta, por otra parte, significativa, ya que ejercemos sobre los ojos menor control voluntario que sobre la boca; y es posible que ese rasgo tenga relación con el hecho de que los orientales tienen, en general, comportamientos faciales más moderados o constreñidos.

Llegaron a la conclusión de que las expresiones faciales de emoción son específicas de las culturas, al menos cuando se consideran categorías culturales tan genéricas y tan alejadas entre sí como la occidental y la de Extremo Oriente. Los movimientos faciales que perciben los observadores reflejan los que se suelen producir en sus entornos sociales, ya que esas señales cumplen una función de comunicación, y para ello es necesario que todos los miembros de una misma comunidad o cultura utilicen los mismos o muy similares códigos. El hecho de que se hayan encontrado diferencias en el modo en que observadores pertenecientes a dos culturas distintas interpretan las señales faciales, indica que las representaciones mentales de las emociones tienen, al menos en cierto grado, carácter cultural. Y por lo tanto, no es correcta la idea de que la emoción humana es representada por el mismo conjunto de seis señales faciales diferenciadas con carácter universal.

Estos resultados contradicen la teoría que desarrolló el naturalista Charles Darwin en su libro La expresión de las emociones en el hombre y en los animales, una obra que contribuía a reforzar la hipótesis de que las expresiones faciales forman parte de un lenguaje universal para que todas las culturas reconocieran las señales de las emociones internas de los individuos.

Todas estas diferencias pueden producir malas interpretaciones de las señales emocionales, en el marco de las comunicaciones interculturales. Conocerlas resulta importante, por tanto, para facilitar las relaciones entre individuos de culturas distintas.

Los ojos no mienten

A pesar de que se suele creer que los ojos delatan la sinceridad o la falsedad de cualquiera, un estudio realizado por expertos de la Universidad de Edimburgo y de la Universidad de Hertfordshire ha revelado que no se puede detectar la mentira en los ojos. En los experimentos realizados, los movimientos oculares de individuos que mentían y de otros que decían la verdad fueron analizados cuidadosamente. De esta forma, se determinó que no existe ningún patrón de movimiento ocular asociado al engaño.

La programación neurolingüística (PNL), modelo de comunicación interpersonal que se ocupa fundamentalmente de la relación entre los comportamientos y las experiencias subjetivas, ha afirmado durante mucho tiempo que es posible determinar si una persona miente o no a partir del movimiento de sus ojos.

De acuerdo con una antigua teoría, cuando una persona diestra levanta la vista hacia la derecha, es probable que esté visualizando un evento «construido» o imaginario. En cambio, cuando miran hacia la izquierda, es probable que esté visualizando un «recuerdo» de la memoria. Por este motivo, se ha construido una teoría que indica, que en el momento en que los mentirosos están construyendo su propia versión de la verdad, tienden a mirar hacia la derecha.

Sin embargo, una reciente investigación, que ha sido publicada en la revista PLos ONE, revela que esta afirmación no tiene fundamento, y que la mentira no puede ser detectada a través de los ojos. El estudio ha incluido tres experimentos que se han centrado en determinar la relación entre el movimiento de los ojos y la veracidad de lo que se dice; en evaluar la capacidad de las reglas propuestas por la PNL para detectar las mentiras; y en comprobar si los casos reales siguen las pautas descritas por la disciplina.

En el primer experimento probaron con un grupo de voluntarios a los que grabaron sus movimientos oculares, mientras decían la verdad o mentían. A partir de estas imágenes, se codificaron cuidadosamente los movimientos oculares de todos los participantes.

En un segundo experimento, se pidió a otro grupo de participantes que mirasen las películas grabadas en la prueba anterior, y que intentaran detectar en ellas las mentiras de los voluntarios del primer grupo, a partir del movimiento de sus ojos.

Los resultados del primer experimento revelaron que no existe ninguna relación entre el acto de mentir y el movimiento de los ojos. En el segundo experimento, se demostró que contarle a la gente las afirmaciones de los practicantes de la PNL no mejora la capacidad de detectar la mentira.

En un último experimento, que fue realizado en colaboración con los investigadores Leanne Ten Brinke y Stephen Porter, de la Universidad de British Columbia, en Canadá, los científicos analizaron vídeos de mentirosos y de personas sinceras, en los que estos hablaban de familiares desaparecidos o afirmaban haber sido víctimas de algún delito.

La investigación con estos vídeos sugiere que sí hay diferencias significativas entre el comportamiento de los mentirosos y de los individuos sinceros. Sin embargo, no llegó a surgir en este caso el supuesto patrón del movimiento de ojos como testigo (de la falsedad o veracidad de los testimonios contados).

Una vez más, no se encontraron evidencias de una relación entre las mentiras y los movimientos oculares.

Una tecnología contradice estos resultados

Los resultados obtenidos en esta investigación no solo son opuestos a las afirmaciones de los defensores de la PNL, sino que además contradicen los hallazgos realizados con una tecnología presentada en 2010 por expertos de la Universidad de Utah, en Estados Unidos.

Un equipo de investigadores de dicha Universidad informó de la creación de un sistema que sí permite detectar la mentira a través de los ojos, superando en la exactitud de sus diagnósticos al tradicional polígrafo. El sistema funcionaba con un programa informático específico capaz de interpretar el significado del movimiento ocular, y estaba basado en la idea de que mentir requiere un esfuerzo cognitivo mayor que decir la verdad, esfuerzo que se refleja en los ojos.

Las mujeres y el contacto visual con los hombres

Investigadores de la Universidad de St. Andrews han descubierto que la mera interacción con un miembro del sexo opuesto puede «subirle los colores» al rostro de una mujer. Incluso las interacciones de tipo no sexual provocan un aumento considerable de la temperatura del rostro femenino.

En la investigación participaron 40 mujeres heterosexuales que se sometieron al análisis de escáneres térmicos durante encuentros con personas del sexo opuesto. En la primera etapa del estudio se midieron las variaciones en la temperatura corporal general de 17 mujeres, y en la segunda se focalizaron en las variaciones en el rostro de otras 23 participantes.

Se comprobó que la temperatura del rostro podía subir hasta un grado durante la interacción y que los cambios de temperatura también afectan a las manos, los brazos y el pecho de las mujeres. Las zonas más susceptibles a la presencia masculina son el entorno de los ojos, la nariz y la boca (fig. 2).

Fig. 2. Zonas susceptibles
Fig. 2. Zonas más susceptibles al contacto visual con los hombres.

Aunque todavía no se han hecho estudios que comprueben efectos parecidos en el rostro de los hombres, los resultados de esta primera fase de las investigaciones podrían ser incorporados en los controles de los niveles de estrés y el monitoreo de emociones. El estudio, que aparece en la revista Biology Letters del mes de junio, muestra que simplemente el género del interlocutor afecta la reacción de las mujeres, que no presentaron cambios significativos cuando interactuaron con personas de su mismo sexo.

Este tipo de imágenes térmicas pueden ser muy útiles en algunas áreas de la seguridad nacional, ya que las variaciones de la temperatura de la piel pueden incluirse en las pruebas de detección de mentiras.

El próximo objetivo del equipo es descubrir si estos cambios fisiológicos son percibidos por otras personas y si alteran de alguna forma la interacción social.

 

 

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28/09/12
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