Percepnet & Freixenet
portada | percepciones | ciencia | tecnología | industria | noticias | directorio | suscripción

THE REFERENCES SECTION OF PERCEPNET COMMENTS ON RECENT RESEARCH PAPERS APPEARED IN SPECIALIZED MAGAZINES

Trpm5, una etapa más en la transducción de la señal gustativa
Pérez, C.A.; Huang, L.; Rong, M.; et al.: «A transient receptor potential channel expressed in taste receptor cells», Nature Neuroscience 2002; 5 (11): 1169–1176.

Hay cuatro modalidades de gusto aceptadas para los humanos (dulce, salado, amargo y ácido) y dos que se están debatiendo en la actualidad (graso y umami). De todas ellas se conocen tan sólo parcialmente, y en distinta medida, los mecanismos de señalización. Salado y ácido resultan de un influjo de iones sodio, potasio o hidrógeno a través de canales que se encuentran en las células receptoras de las yemas gustativas. Por su parte, dulce, amargo y umami parece que requieren receptores específicos. Son diversos los componentes conocidos de señalización que responden a las sustancias dulces y amargas, como la α-gustducina o los canales regulados por nucleótidos cíclicos, cuya acción desencadena la liberación de iones calcio de los depósitos celulares, aunque deben existir otras moléculas de señalización desconocidas implicadas.

Para identificar otros posibles candidatos a elementos de transducción de la señal gustativa, autores del Instituto de Medicina Howard Hughes, en colaboración con grupos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York, del Centro Monell, de la empresa Cellular Genomics Inc., y de la Universidad de Hebei en China, han utilizado técnicas de cribaje de cDNA con el objetivo de determinar qué genes se expresaban de forma diferencial en las células gustativas de ratones. Uno de los genes aislados fue trpm5, un miembro de una familia de canales implicados en la entrada de calcio, de modo que este gen se coexpresaba de forma selectiva en una cierta población de células gustativas con moléculas especializadas en la señalización del gusto como la α-gustducina.. La conclusión a la que llegan Pérez et al. es que Trpm5 actúa como canal de calcio, activado por el agotamiento de los depósitos internos de este ión, aunque el mecanismo de activación se desconoce por el momento. Los autores proponen que este elemento puede estar implicado en la señalización desencadenada por el gusto amargo y, posiblemente, por otros estímulos gustativos.
[20/12/02]

 

La resurrección de una rodopsina nos acerca a la visión del Triásico
Chang, B.S.W, Jönsson, K., Kazmi, M.A. et al.: «Recreating a Functional Ancestral Archosaur Visual Pigment», Molecular Biology and Evolution 2002; 19: 1483-1489.

Los reptiles del período Triásico tal vez vagaban de noche, según sugieren unos investigadores que han logrado por primera vez reconstruir y otorgar funcionalidad a una proteína de un animal extinguido, expresando el gen recuperado en una línea celular de mamífero. Esta molécula, similar a la rodopsina, posibemente se encontraba en los ojos de los primeros arcosaurios, predecesores de los dinosaurios.

El equipo de la Universidad Rockefeller en Nueva York responsable del trabajo utilizó un programa de ordenador para explorar la secuencia de DNA de las antiguas rodopsinas, a partir de secuencias conocidas en pájaros, anfibios y peces. Los resultados no contradicen la idea establecida de que los arcosaurios eran activos de día, aunque induce a pensar que también podrían haber vagado por la noche, y que su rodopsina reaccionaba a longitudes de onda cercanas a las detectadas por la rodopsina de los pájaros, más cercanas al rojo que las captadas por la rodopsina humana.
[29/11/02]

 

Ojos de conveniencia
Jinks, R. N. et al.: «Adaptive visual metamorphosis in a deep-sea hydrothermal vent crab», Nature 2002; 420: 68-70.

La capacidad adaptativa de algunos sistemas de visión puede llegar a ser realmente sorprendente. Éste es el caso de los ojos de una especie de cangrejo, Bythograea thermydron, que durante su ciclo de vida pasa por distintos estadios de desarrollo, cada uno adaptado a condiciones ambientales distintas. La larva de Bythograea thermydron nace en el mar, a una profundidad donde todavía llega la luz. En esas condiciones sus ojos compuestos son capaces de formar imágenes y el pigmento que compone su retina capta longitudes de onda en el rango del azul claro. En el estadio juvenil, Bythograea thermydron desciende a más profundidad y sus ojos cambian el pigmento por uno de sensible al azul-verde. Ya en la fase adulta, el cangrejo desciende hasta las cercanías de los respiraderos termales asociados a la actividad volcánica del fondo submarino. A esta profundidad, la única luz es la que emiten las reacciones químicas y la radiación de calor de los respiraderos. Los ojos del cangrejo acaban aquí su metamorfosis, la retina se vuelve tremendamente sensible pero incapaz de formar imágenes.

Esta capacidad adaptativa, que comparten otros crustáceos, podría ayudarles a encontrar la gran fuente de alimento que representan los respiraderos termales y, a la vez, mantenerles suficientemente alejados del intenso calor (350 ºC) que se genera en estas zonas. Un complemento visual muy útil para los sensores químicos y térmicos que utilizan estos cangrejos para orientarse.
[29/11/02]

 

Nombrar los aromas puede interferir en su identificación
Parr, W.V., Heatherbell, D. y White, K.G.: «Demystifying Wine Expertise: Olfactory Threshold, Perceptual Skill and Semantic Memory in Expert and Novice Wine Judges», Chemical Senses 2002; 27: 747-755.

Los expertos en vino suelen ser famosos por sus elaboradas descripciones acerca de los estímulos olfativos y las percepciones que desencadenan. Sin embargo, en el Centro de Viticultura y Enología de la Universidad Lincoln, en Nueva Zelanda han observado, en colaboración con el Departamento de Psicología de la Universidad de Otago del mismo país, que la respuesta de voluntarios con y sin experiencia en percepción y valoración de los aromas vínicos no difiere mucho cuando se consideran aspectos como la memoria verbal.

Los experimentos de reconocimiento e identificación de olores relevantes, en función de la experiencia del sujeto, incluían: medida de umbrales olfativos, identificación de odorantes y coherencia en la terminología olfativa. Los expertos mostraron una mayor capacidad de reconocimiento olfativo, aunque con una sensibilidad similar a la de los no expertos. Pero, sorprendentemente, la capacidad de reconocer aromas y de nombrarlos se correlacionó algo mejor en el caso de los últimos. Es decir, los expertos eran mejores en el reconocimiento de un olor si después no tenían que nombrarlo.

Los resultados sugieren que el experto reconoce mejor los odorantes pero que, al intentar encontrar un nombre para un aroma, el catador deja de prestar atención al proceso de identificación y entra en el del reconocimiento. Aquí es donde los no expertos tienen ventaja: utilizan sus propias palabras para describir los aromas, en lugar seleccionar una palabra adecuada de entre el gran número de “etiquetas olfativas” mediante las cuales el experto almacena sus memorias perceptivas.
[31/10/02]

 

Guiados por la repulsión
Monnier, P.P, Sierra, A., Macchi, P. et al.: «RGM is a repulsive guidance molecule for retinal axons», Nature 2002; 419: 392-395.

Durante el desarrollo del sistema nervioso, los axones deben seguir señales específicas que les conducen hacia destinaciones remotas. Uno de los sistemas mejor estudiados al respecto es la proyección retinotectal. En este mecanismo, una población de axones de la región temporal de la retina, la más alejada de la nariz, sigue una serie de señales de repulsión que se expresan de forma gradual en el tectum óptico.

Nature publica una colaboración entre autores alemanes y daneses en la que se ha clonado y caracterizado una glucoproteína asociada a la membrana, llamada RGM (repulsive guidance molecule), distinta a todas las señalizaciones de conducción conocidas, y cuyo mRNA sigue un gradiente de concentración creciente desde el polo anterior al posterior en el tectum embrionario. Los autores han demostrado in vitro su actividad.
[31/10/02]

 

Robots olfateando el aire como polillas
Balkovsky, E. y Shraiman, B.I.: «Olfactory search at high Reynolds number», Proceedings of the National Academy of Sciences, USA 2002; (publicado online: 10.1073/pnas.192393499).

Localizar la fuente de un olor en un entorno turbulento es una necesidad habitual en muchos organismos, pero no por ello es una prueba trivial, ya que la dilución del compuesto odorante en el aire tiene una naturaleza aleatoria. Autores de la Universidad de Chicago han elaborado un modelo matemático estadístico para estudiar ciertos aspectos físicos del problema y, como resultado de sus investigaciones, proponen una estrategia eficiente que puede resultar útil en el estudio de diluciones turbulentas.

El modelo matemático propuesto se basa en que la mejor estrategia para seguir la pista a un aroma en medios turbulentos, como el aire o el agua, es un movimiento en zigzag. El enfoque de los investigadores proporciona una base teórica para el diseño de robots olfatorios y herramientas cuantitativas para el análisis del comportamiento que se ha observado en algunas criaturas vivas cuando llevan a cabo activamente búsquedas olfativas (por ejemplo, la anemotaxis de las polillas, propiedad por la que el insecto es capaz de orientarse mediante la dirección del viento).
[30/09/02]

 

Luz para un oscuro mecanismo de la visión
Euler, T. et al.: «Directionally selective calcium signals in dendrites of starburst amacrine cells», Nature, publicado online: doi:10.1038/nature00931, (2002).

Una de las propiedades fundamentales de la visión reside en su capacidad para percibir la dirección de una imagen en movimiento. Esta capacidad, en la que se sabe que están implicadas las células ganglionares de la retina, se ha relacionado también con unas interneuronas muy ramificadas y simétricas, las células amacrinas conocidas como starburst, concretamente con sus dendritas. Pero a pesar de la importancia del proceso, la forma en la que interactúan ambas células y sus respectivos roles han permanecido en gran medida en el cajón de la ignorancia.

Las investigaciones desarrolladas por el grupo de Euler en el Instituto Max-Planck podrían ayudar a desvelar cómo se relacionan las células ganglionares con estas curiosas interneuronas cuya estructura recuerda a una explosión de fuegos artificiales.

Después de descubrir que los estímulos entre las células ganglionares y las ramificaciones dendríticas de las células amacrinas starburst seguían un patrón geométrico concreto, el grupo de investigación de Euler utilizó técnicas de microscopía confocal de multifotones para obtener imágenes ópticas de lo que sucedía realmente en el interior de la retina. En su trabajo, inyectaron en las células amacrinas starburst una sustancia colorante sensible a la concentración de calcio. Observaron que, al iluminar secciones concretas de las ramificaciones de estas células, la concentración de calcio aumentaba exclusivamente en aquéllas que estaban iluminadas. Además, las dendritas respondían con distinta intensidad a movimientos en distintas direcciones. Estos resultados y algunos posteriores indicaron, por lo tanto, que el procesamiento de los estímulos tiene lugar en el interior de estas dendritas de forma localizada y dependiente de la dirección del movimiento.

El siguiente paso en la investigación pasará por demostrar que se dan conexiones específicas entre ramificaciones concretas y células ganglionares con especificidad para movimientos en una dirección. Una demostración que acabaría con muchos de los interrogantes que se ciernen entorno a este complejo proceso.
[30/08/02]

 

Nervios para el tacto suave
Olausson, H: «Unmyelinated tactile afferents signal touch and project to insular cortex», Nature Neuroscience, publicado online: doi:10.1038/nn896, (2002).

Un equipo del Hospital Universitario Sahlgrenska en Goteborg, liderado por Hakan Olausson, ha descubierto un sistema de nervios que obedecen a estímulos táctiles placenteros y que estimulan una región del cerebro relacionada con las emociones, el amor y la excitación sexual. El sujeto de estudio era una mujer que había perdido la sensibilidad en todo su cuerpo, a partir de una línea imaginaria situada debajo de su nariz. A pesar de que no podía sentir un pinchazo, sí era capaz de detectar un estímulo placentero como el tacto de un pincel sobre su piel. Los autores encontraron que estos nervios se encuentran en todas las áreas del cuerpo cubiertas de pelo, es decir, sólo están ausentes en las palmas de las manos y las plantas de los pies, y si el estímulo es demasiado fuerte o rápido este sistema táctil no responde, aunque queda por ver el significado evolutivo de que los humanos y otros mamíferos dispongamos de nervios específicos para el tacto suave.
[30/07/02]

 

La clínica de la función olfativa retronasal
Heilmann, S., Strehle, G., Rosenheim, K., et al.: «Clinical assessment of retronasal olfactory function», Archives of Otolaryngology - Head and Neck Surgery 2002; 128 (4): 414-418.

Con el objeto de desarrollar un kit de análisis para valorar de forma simple la función olfativa retronasal, estos investigadores alemanes llevaron a cabo ensayos con 230 voluntarios con normosmia, hiposmia y anosmia, en los que les dieron a oler 30 sustancias de uso más o menos corriente. Los voluntarios identificaron todas las sustancias, y se valoró la función olfativa ortonasal de 20 de estas sustancias, seleccionadas a partir de los resultados en normósmicos y anósmicos mediante tests para identificación de olores, discriminación, y umbrales de detección de butanol. Los autores observaron que sujetos sanos de distintos sexos mostraban diferencias en la función retronasal, siendo las mujeres las que puntuaron más alto, e identificaron asimismo una ligera disminución de esta función con la edad.
[30/04/02]

 

¿Por qué a las aves no les pica el chile?
Jordt, S-E. y Julius, D.: «Molecular basis for species-specific sensitivity to "hot" chili peppers», Cell 2002; 108: 421-430.

La estrategia evolutiva de la planta del pimiento chile para defender su fruto de los depredadores se basa en el alcaloide capsaicina. Esta sustancia, propia del género Capsicum, resulta altamente agresiva para los mamíferos, pero deja indiferentes a las aves. Las bases moleculares de la distinta sensibilidad de ambos grupos al compuesto radica en el receptor 1 vanilloide, VR1, un canal catiónico no selectivo, de la familia de canales TRP, que se encuentra en las terminaciones nerviosas sensoriales. Concretamente, los autores de este trabajo localizan los determinantes estructurales de la interacción con el vanilloide, y describen que el receptor de las aves es un gen ortólogo (realiza la misma función) del receptor de capsaicina mamífero. El interés de esta molécula, desde el punto de vista fisiológico y farmacológico, consiste en que el receptor de la capsaicina es un integrador de estímulos nocivos físicos y químicos, ya que se activa por el alcaloide y por el calor, y su activación se ve potenciada por ciertos factores químicos como los protones extracelulares producidos durante los procesos inflamatorios.

Desde el punto de vista evolutivo, resulta muy atractivo abrir una serie de interrogantes relacionados con el hecho de que los mamíferos sean tan sensibles a la capsaicina y, en cambio, las aves no sean capaces de sentirla. Aparentemente, los mamíferos no cumplen bien la tarea de dispersar las semillas de este pimiento, ya que su digestión las destruye y son incapaces de germinar, mientras que después de pasar por el tubo digestivo de un ave, las semillas germinan sin problema. El mamífero se convierte así en un mero depredador de la planta, del cual se deberá proteger. La sensorialidad al servicio de la evolución, y viceversa.
[21/03/02]

 

Receptor gustativo para los aminoácidos
Nelson, G., Chandrashekar, J., Hoon, M.A. et al.,: «An amino-acid taste receptor», 24 Febrero 2002; DOI: 10.1038/nature726.

Los mamíferos reconocen y responden al sabor compuestos químicos como sales, azúcares y ácidos. Recientemente se ha identificado el receptor que nos permite gustar los aminoácidos, responsable del controvertido pero delicioso sabor umami. En el Howard Hughes Institute de San Diego, en California, Greg Nelson y sus colaboradores han identificado y caracterizado el receptor T1R1+3, un heterómero de los receptores específicos del gusto T1R1 y T1R3, acoplados a la proteína G, y que por sí mismos detectan los sabores dulce y amargo. Estos receptores combinan sus funciones como sensores de amplio espectro para la mayor parte de los 20 L-aminoácidos que componen las proteínas, pero no para sus enantiómeros D o para otros compuestos. Poseer una vía gustativa específica para su detección puede tener implicaciones evolutivas relacionadas con el hecho que el sentido del gusto facilita estímulos vitales para la subsistencia, en cuanto que proporciona información acerca de la calidad de los alimentos a ingerir. Los autores han encontrado diferencias de secuencia en el receptor T1R humano y de ratón, que podrían explicar algunas diferencias de sensibilidad a los sabores. De hecho, la versión humana es más sensible al glutamato, uno de los aminoácidos más comunes en nuestra dieta. Parece ser que la capacidad de saborear los aminoácidos nos guía hacia las proteínas, que por sí mismas no poseen sabor. Es de gran trascendencia para la industria alimentaria conocer las bases moleculares de la recepción del sabor, de cara a diseñar futuros desarrollos al respecto.
[28/02/02]

 

Alcohol y cognición
Zuccala G, Onder G, Pedone C. et al.,«Dose-related impact of alcohol consumption on cognitive function in advanced age: results of a multicenter survey», Alcoholism Clinical and Experimental Research 2001; 25(12):1743-1748.

Un trabajo de la Universidad Católica de Roma ofrece la posibilidad de matizar la relación entre dos términos cuya asociación suele ser conflictiva, mediante un estudio multicéntrico en el que se determinó la relación entre la ingestión media de alcohol y la función cognitiva en 15 807 pacientes. Aplicando las correcciones pertinentes para las variables demográficas, comorbidad, medicación, etc., los autores observaron una relación no lineal entre ambos parámetros, debido a que la probabilidad de alteración de la cognición disminuía con el consumo moderado de alcohol en comparación con la abstención, aunque aumentaba con el consumo no moderado.
En conclusión, un consumo diario de menos de 40 g de alcohol en mujeres y 80 g o menos en hombres puede asociarse a una menor probabilidad de sufrir disfunción cognitiva. No obstante, los autores son conscientes que están hablando de un papel protector del alcohol que debe ser contrastado por medio de estudios prospectivos.
[31/01/02]

 

Un sexto sentido
Zagon, A.: «Does the vagus nerve mediate the sixth sense?», Trends in Neuroscience 2001; 24 (11): 671-673.

El nervio vago, el mayor nervio sensorial visceral del cuerpo, proporciona continuamente información acerca del estado del tórax y el abdomen. Recientemente se ha sugerido que un circuito neuronal transmitiría los estímulos vagos sensoriales hacia las áreas del cerebro implicadas en la generación de alteraciones relacionadas con el estrés. Esto respondería a la pregunta de si las sensaciones internas pueden modificar el comportamiento.
[16/11/01]

 

Condiciones del curado de longanizas
Fadda, S., Vignolo, G., Aristoy, M.C. et al., :«Effect of curing conditions and Lactobacillus casei CRL705 on the hydrolysis of meat proteins», Journal of Applied Microbiology 2001; 91 (3): 478-487.

Colaboración entre el Centro de Referencia para Lactobacilos de Tucumán y el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos de Valencia, en la que se determina la influencia de las condiciones de curado de longanizas en la actividad proteolítica de L. casei CRL705 sobre las proteínas de la carne. La conclusión del trabajo es que la presencia de sales como NaCl o NaNO2 estimulan la degradación miofibrilar y la liberación de compuestos no volátiles implicados en el aroma y el sabor del producto finalizado. El interés del estudio radica en la posibilidad de utilizar esta cepa de Lactobacillus como iniciador de cultivos para fermentar estos productos cárnicos.
[16/11/01]

 

La percepción de lo amargo
Drewnowski, A.: «The science and complexity of bitter taste», Nutrition Reviews 2001; 59(6): 163-169.

Compuestos químicamente distintos (péptidos, sales, polifenoles, flavonoides, catequinas y cafeína) dan lugar a un mismo sabor amargo, pero la transducción de la señal en el gran número de receptores que posee el ser humano para este sabor varía entre compuestos. Lo amargo contribuye a la complejidad de los alimentos y las bebidas, potenciando sabores dulces y ácidos e interaccionando con compuestos volátiles. El artículo que comentamos constituye una revisión de los aspectos genéticos y sensoriales de la percepción del sabor amargo, y su influencia sobre la elección de los alimentos.
[1/10/01]

 

Psicofísica del tacto rugoso
Cascio, C.J. y Sathian, K.: «Temporal cues contribute to tactile perception of roughness», Journal of Neurosciences 2001; 21 (14): 5289-5296.

La óptima percepción de la rugosidad requiere movimientos laterales entre la piel y la superficie a tocar que permiten determinar la anchura de los elementos superficiales responsables de la rugosidad y el espaciado entre ellos. Este estudio clínico investiga, desde el punto de vista psicofísico, la contribución de una variable temporal, la frecuencia, sobre la percepción táctil de la rugosidad, a través de su influencia en las dos variables espaciales indicadas anteriormente, la anchura y el espaciado de los elementos. En sus experimentos los autores determinaron que variando ambas magnitudes y manipulando la frecuencia, la percepción de la rugosidad dependía también, en parte, de aspectos temporales.
[1/10/01]

 

Amarga sensibilización
Cubero-Castillo, E., Noble, A.C.: «Effect of compound sequence on bitterness enhancement». Chemical Senses, 2001; 26: 419-424.

El efecto que la influencia de estímulos anteriores sobre una respuesta tiene para los compuestos amargos es el objeto de un trabajo realizado en el Departamento de Viticultura y Enología de la UC Davis. El procedimiento tiempo-intensidad se aplicó a determinar el sabor amargo de seis compuestos, en combinaciones de dos. Entre los resultados, se encontró que la cafeína incrementaba el sabor amargo de restantes compuestos, y todos ellos aumentaban la intensidad del amargo para la quinina y el denatonio.
[19/07/01]

 

La chispa de la cafeína
Griffiths, R.R. and Vernotica, E.M.: «Is caffeine a flavoring agent in cola soft drinks?». Archives of Family Medicine, 2000; 9.

En el centro de una de las numerosas controversias que en los Estados Unidos se dan alrededor de la salud se encuentra la pregunta de si la cafeína de los refrescos de cola potencia o no su sabor. Contra la afirmación, por parte de las compañías productoras de que, efectivamente, influye positivamente en las propiedades organolépticas del producto, se encuentran los resultados de un trabajo en el que tan sólo un 8% de los catadores voluntarios podían detectar la presencia del alcaloide. Los temores de los autores, y de los organismos implicados en la salud pública, van más en la dirección de pensar que la cafeína puede crear en los consumidores adicción por los refrescos, con los peligros que puede comportar el abuso de bebidas con muchas calorías y bajo contenido nutricional.
[16/07/01]


 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Arriba
portada | percepciones | ciencia | tecnología | industria | noticias | directorio | suscripción
©Rubes Editorial
[Créditos]