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Distancias audibles
Un equipo de ingenieros dirigido por René Farcy, físico e
investigador del Centro Nacional de Investigación
Científica de Francia (CNRS) y de la
Universidad
Paris-Sud/Orsay, ha diseñado un dispositivo que, mediante un rayo láser,
es capaz de medir la distancia a los objetos y advertir de los obstáculos
con vibraciones o sonidos.
Se trata de una caja de tamaño reducido que se puede llevar en la mano o
acoplar a un bastón para invidentes. El aparato emite un rayo láser en la
misma dirección que el bastón con el fin de detectar los obstáculos, aunque
dicha detección puede fracasar cuando se produzcan reflejos en superficies
brillantes o con la luz solar directa. Una vez detectado el obstáculo, el
mecanismo permite convertir la distancia en sonidos o vibraciones. Las
señales sonoras que emite son más agudas cuanto más cerca esté el obstáculo y
más graves cuanto más lejos. A las señales vibratorias se les asocia una
frecuencia por cada intervalo de distancia. Aparentemente, se asemejan a los
bastones que han utilizado tradicionalmente los invidentes, y su objetivo no es
sustituirlos, sino complementarlos.
En estos últimos años, diversos centros de investigación han dedicado grandes esfuerzos en investigar sistemas de orientación que faciliten la locomoción de personas con discapacidad visual, con resultados evidentes. En este caso, se ha tratado de compensar la deficiencia de visión mediante el
uso de ultrasonidos, a imitación del mecanismo de captación de ondas sonoras de algunos
animales. La mayor dificultad reside en descifrar la gran
cantidad de información que transmiten los ultrasonidos.
Gracias al dispositivo, el usuario será capaz de detectar desniveles, cambios en el pavimento mal
protegidos y señalizados y un largo etcétera de obstáculos que pueden dificultar su desplazamiento.
En Francia, la empresa
Laboratoire Aimé Cotton comercializa actualmente dos
bastones que utilizan este dispositivo. El bastón llamado Tom Puce
detecta, mientras el usuario avanza, los objetos que se encuentran a menos de tres metros de distancia en su
trayectoria, le avisa mediante vibraciones
y aporta también información sobre obstáculos que están a una cierta altura.
Es sencillo y fácil de usar, sólo se sirve de señales vibratorias, lo que
quizás pueda resultar insuficiente para crearse una imagen de entorno.
El Teletact II, por su parte, detecta los obstáculos
hasta una distancia de 15 metros, transmite los datos mediante señales
audibles, es más preciso, y reconoce perfiles y formas. Su principal
inconveniente es que, al recibir gran cantidad de datos, la señal de aviso
auditiva es más difícil de interpretar e, inconscientemente, el usuario desatiende involuntariamente
otras actividades sensoriales. Cabe destacar la importante labor de entrenamiento
necesaria para llegar a «identificar» sonidos con distancias: la tecnología no
basta en ese juego de los sentidos requerido para obtener pleno rendimiento del
dispositivo; hay que aprender a interpretar las señales y construir
referencias, hasta lograr los mayores niveles de «espacialización» posibles.
El aumento de la autonomía de los invidentes pasa por un
mayor desarrollo de las técnicas de locomoción aplicadas en las herramientas que les
ayudan a orientarse. Los objetos que dificultan su desplazamiento podrían convertirse en
auténticos hitos de un sendero
tecnológico en el que la distancia se ha hecho sonido.
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