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Pigmentos biotecnológicos
para la ropa tejana
El reinado de los
vaqueros parece no tener fin. Desde que se fabricó el primer pantalón, las
variantes en el diseño y el color se han sucedido con las modas, pero el
característico color añil ha permanecido invariable a pesar de los cambios de
gusto. El pigmento se obtiene ahora con procesos químicos, pero es posible que
en poco tiempo sean los microorganismos los que realicen la tarea.
Un grupo de científicos
de la empresa Genencor
Internacional en Palo Alto (California) ha conseguido modificar
genéticamente la bacteria Escherichia coli para que sintetice el
pigmento azul en gran cantidad. La ventaja del método es que, a diferencia de
la producción química, E. coli no genera subproductos tóxicos.
Los procesos utilizados
para obtener el pigmento añil han evolucionado con el tiempo para adaptarse a
la macroproducción de la actualidad. En sus inicios, se obtenía a partir de
precursores químicos vegetales. La obtención actual se basa en la síntesis a
partir de resinas o carbón, y auque el proceso está altamente optimizado, su seguridad
medioambiental deja mucho que desear. Para solventarlo ya se había intentado
con anterioridad utilizar procesos biotecnológicos con bacterias, pero el denim,
la tela de algodón que se utiliza para confeccionar la ropa vaquera, adquiría
una tonalidad rojiza no deseada.
Lo que han hecho ahora
Walter Weyler y su equipo de Genencor es modificar genéticamente a las
bacterias E. coli para que produzcan grandes cantidades del pigmento
añil y dejen de producir el pigmento rojo. Para esto, han introducido un gen de
otro microorganismo que codifica para un enzima capaz de convertir el
aminoácido triptófano en indoxil, el precursor del pigmento que, en contacto
con el aire, se convierte en color añil. Además, lo han hecho con las
modificaciones necesarias para que el pigmento se produzca en gran cantidad, a
la vez que se inactiva la producción del indeseado pigmento rojo.
La principal ventaja del
nuevo método es que es completamente ecológico, no genera subproductos tóxicos
y la materia prima la sintetizan los propios microorganismos de forma natural.
El siguiente paso es conseguir que el proceso sea suficientemente barato para
que la industria los acepte. Todo un reto para las bacterias.
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