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e-piel, el tacto de un robot
[e-skin, the robot's touch]
Eva Tarragona

La máxima preocupación de Takao Someya, durante los años que lleva investigando en la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Tokio, era conseguir reproducir el sentido del tacto mediante una piel artificial. El año pasado publicó los primeros resultados de su trabajo en la revista PNAS; pero la e-piel que desarrolló en ese momento, así la llaman, se alejaba mucho de lo que podría considerarse una estructura táctil convencional. Para lograrlo era indispensable que esa e-piel pudiera percibir a la vez información térmica y de presión, y que además, fuera suficientemente flexible para adaptarse a superficies tridimensionales. Esto último permitiría aplicarla, por ejemplo, a la fabricación de pieles para robots que podrían desenvolverse en ambientes cambiantes.

El primer paso que realizó Takao Someya fue fabricar una red sensible a la presión. Para ello construyó una película de un polímero plástico con circuitos electrónicos. La corriente que se produce cuando la película se presiona se transmite a través de un circuito elaborado con un material orgánico semiconductor y es detectada por una batería de transistores. La red sensible a la temperatura se realizó de manera similar, pero esta vez utilizando un material termosensible. De esta manera, el equipo de Someya consiguió dos películas, parecidas a la piel: una capaz de detectar los cambios de presión, y la otra, las variaciones térmicas.

Otra característica importante era que la e-piel fuera adaptable; para lograrlo, se unieron los sensores en una estructura en forma de red, lo que permitió alcanzar una capacidad de extensión de hasta un 25%. Además, los sensores miden tan sólo 2 mm de radio, un tamaño que se considera suficientemente ajustado para adaptarlo a superficies pequeñas, como los dedos de un robot.

Temperatura, presión y adaptabilidad, todo en una

Pero para hablar de una piel con las mínimas garantías táctiles, Someya tenía que resolver un último problema: integrar las dos redes en una. La solución se obtuvo laminando las películas sensibles sobre una superficie, de una en una, hasta conseguir una estructura en forma de tablero de ajedrez. La viabilidad de este proceso de fabricación requiere, además, que cada película tenga su propia matriz activa y su propio sistema eléctrico, de manera que cada una pueda ser funcionalmente independiente.

En el artículo, el equipo de Someya muestra cómo se detecta una barra de cobre situada encima de la e-piel. En la representación gráfica puede verse nítidamente la forma y posición de la barra, además de detectarse perfectamente los 50ºC a los que se encontraba.

Para ser más ambiciosos, los autores afirman que esta e-piel podría detectar estímulos que la piel humana no detecta. Sería tan sencillo como integrar sensores para la luz, la humedad, el sonido o los ultrasonidos.

Más cerca de los humanos

Las aplicaciones de la e-piel pueden encontrar tan pocos límites como los de la imaginación. Sin embargo, para Someya el más importante es la fabricación de robots sensibles al tacto. No sería de extrañar que sus investigaciones se aplicaran al también japonés Repliee Q1, un robot androide fabricado en el Intelligent Robotics Laboratory de la Universidad de Osaka, en colaboración con la empresa Kokoro y que fue presentado casi simultáneamente a la e-piel.

Repliee Q1 es «casi» una joven japonesa, que atiende a los clientes sentada en una silla y que puede realizar hasta 40 movimientos con los ojos, los párpados, la boca, la nariz, los brazos y las manos, y con un parecido asombroso a los movimientos humanos. Además, su cuidada apariencia puede confundir por unos momentos a cualquiera. Como aprecia el principal responsable del proyecto, Hiroshi Ishiguro, «la apariencia humana confiere una fuerte sensación de realidad. Si seleccionamos bien la situación, Repliee Q1 puede pasar por humana durante unos segundos».

Quizá la situación de tener que competir con un robot en, por ejemplo, una oferta de trabajo, no sea tan lejana. En un supuesto proceso de selección tipo «método Grönholm», sólo haría falta estrechar la mano a un Repliee Q1 que pueda percibir el nerviosismo, la sudoración, el temblor, para que no quepa duda de la desigualdad de condiciones.


 

[+TECNOLOGÍA]
20/09/05
 
 
 
 
 
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