| En esa casi
ancestral batalla generacional entre adolescentes y adultos,
un nuevo protagonista entró en escena hace unos meses.
Se trata de un arma complementaria para el pleno desarrollo
de una de las herramientas más identificadas con la
mentalidad adolescente: el teléfono móvil.
En concreto, apareció en el mercado un nuevo tono
de móvil que no podía ser escuchado por los
adultos. Parece el sueño perfecto de la juventud. Los adolescentes
podrían recibir mensajes de texto en clase sin que
su profesor notara absolutamente nada.
De hecho, la tecnología se basa en el hecho constatado
de que la mayoría de adultos pierden gradualmente la
capacidad de escuchar sonidos de alta frecuencia. Así,
el tono en cuestión oscila en una frecuencia de entre
17 y 18 kilohercios y no es audible para la mayoría
de mayores de edad. Dado que la mayoría de la comunicación
humana nunca sobrepasa los 8 kilohercios, el oído humano
pierde paulatinamente la capacidad de escuchar sonidos por
encima de los 12 kilohercios.
La tecnología deriva directamente de una aplicación
anterior desarrollada para ayudar a los comerciantes a dispersar
de sus tiendas a la gente joven que no suele consumir. Se
trataba de un timbre zumbador de 17 kilohercios. Ahora, han
cambiado las tornas, y una variante del invento repelente
se convierte en arma de los más jóvenes.
Pero la evolución del timbre adolescente no acaba
ahí. El más reciente producto derivado del invento
es un tema para las discotecas que contiene melodías
sólo discernibles por los oídos más jóvenes.
De manera, que cuando un tío decide ir con su sobrino
a la discoteca, puede estar escuchando algo completamente
distinto al ritmo que vuelve loco a su joven pariente. El
mercado es cruel y no entiende de pedagogía: ahí
está el éxito de una barrera más en la
comunicación intergeneracional.
Si quieren testar su «estado de juventud» aquí
tienen el tono adolescente:
http://graphics.nytimes.com/packages/audio/nyregion/20060610_RINGTONE.mp3
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