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Después de haber expuesto, en los capítulos anteriores, que el número clásico
de los sentidos es insuficiente, diremos también que el concepto funcional de los mismos se ha evidenciado ya insuficiente. Así el ojo, el oído, la piel,
la lengua y la nariz no solamente ven, oyen, tocan, gustan y huelen, respectivamente, sino que además pueden ser activados por estímulos no específicos de
su función primordial. Así, por ejemplo, el olfato puede activarse por un estímulo táctil, el tacto por un estímulo sonoro, el gusto por un estímulo visual,
etc. Ello es debido a que los receptores sensitivos, pueden no distinguir el tipo de estímulo que les llega, siempre y cuando éste desencadene en el sensor
el grado de excitación suficiente como para activarlo. Un ejemplo de ello lo tenemos en una onda calorífica que puede activar el tacto, un objeto puntiagudo
que puede activar un sensor del frío, una onda electromagnética (luz) que puede estimular la mucosa nasal, etc.
Por tanto, según lo observado, los cinco sentidos ya no son sólo cinco. Además, los sentidos no sólo se pueden activar por estímulos específicos,
sino que otras fuentes excitadoras inespecíficas pueden activarlos. Todos los sentidos tienen un componente común: los sensores táctiles y los sensores del
dolor.
Todos y cada uno de los distintos sentidos comparten dos sensibilidades transversales comunes a todos ellos, que son los sensores «álgicos» o sensores del
dolor y
los sensores del tacto.
A todo ello hay que añadir que las diferencias sensoriales no están realmente en los terminales nerviosos situados en la periferia de nuestro cuerpo sino
en los
centros especializados del sistema nervioso central, en el cerebro.
Introducidos ya los conceptos generales sobre los tres tipos de sentidos, podemos pasar a desarrollar los conceptos básicos de las dos sensibilidades comunes a todos
ellos.
Empezaremos por el tacto que engloba la percepción táctil, la percepción de presión, la vibración y la percepción del
cosquilleo.
¿Cuáles son esos terminales nerviosos encargados de captar el tacto (presión, vibración, cosquilleo)? Existen seis tipos de terminales:
- Las terminaciones nerviosas libres (captan tacto y presión), como por ejemplo, las que se encuentran localizadas en la córnea.
- Los corpúsculos de Meissner, que se encuentran en las zonas de piel lampiña, son abundantes en labios y yemas de los dedos y muy sensibles al
desplazamiento de los objetos sobre la piel y a las vibraciones muy bajas.
- Los discos de Merkel, que se agrupan constituyendo las denominadas cúpulas de Iggo, se distribuyen por todo el cuerpo aunque
destaca su presencia en las yemas de los dedos. Tienen la característica de emitir una señal fuerte al principio con una rápida adaptación, seguida de una señal débil
de lenta adaptación. Los discos de Merkel junto con los corpúsculos de Meissner son los encargados de configurar la percepción táctil y las texturas.
- Las terminaciones nerviosas del pelo, de adaptación rápida, perciben el tacto de los objetos al rozar con el pelo, por primera vez.
- Las terminaciones de Ruffini, que se adaptan muy lentamente, se encargan de percibir la deformación persistente de la piel y tejidos profundos y en
las cápsulas de las articulaciones (perciben el grado de rotación).
- Los corpúsculos de Pacini, situados inmediatamente debajo de la piel y en las articulaciones, se encargan de percibir las vibraciones.
Una vez descritos los sensores básicos, podemos exponer la existencia de dos formas de tacto, dos formas de sensación táctil:
se trata del tacto fino y del tacto grosero.
El tacto fino está dedicado a la percepción de los detalles sutiles de la forma de los objetos que contactan con la piel; gracias a él no son necesarios los
otros sentidos para saber qué se está tocando. Se trata de un tacto capaz de discernir las formas, ahora bien el grado de sensibilidad táctil va a depender de la zona
cutánea estimulada (tocada). Por ejemplo, en los dedos y labios, sólo se necesita que los puntos de contacto se hallen separados 1 o 2 mm, para tener percepción de la
forma, mientras que en la espalda los dos puntos de contacto deben estar separados entre 30 y 70 mm para poder percibir la forma que tiene.
El tacto grosero, es incapaz de precisar tanto como el tacto fino; podría decirse que sólo aprecia grandes rasgos de los objetos
tocados, necesitándose los otros sentidos para conocer correctamente lo que se está tocando.
La velocidad de conducción de las fibras del tacto fino es mucho más rápida que la del tacto grosero. Pertenecen al tacto fino las terminaciones de Meissner, las cúpulas
de Iggo, los receptores del pelo, las terminaciones de Ruffini y los corpúsculos de Pacini. Este tipo de terminaciones transmiten sus impulsos vía fibras nerviosas
mielínicas tipo Aß con una velocidad de 30-70 m/s, mientras que las terminaciones nerviosas libres lo hacen por medio de fibras amielínicas tipo Ad con velocidad de
conducción de 5-30 m/s. Existen terminaciones nerviosas libres que conducen el estímulo vía fibras amielinicas tipo C cuya velocidad es de 2 m/s. Esa diferencia entre sensación táctil fina y gruesa, no es índice de calidad, tan sólo es un indicador de especificidad. Por ejemplo, el ojo (córnea) es capaz de detectar partículas mínimas (polvo) que la piel no puede percibir. La córnea no tiene la misión de distinguir entre puntos de contacto (decodificar la forma de los objetos por el tacto), su tarea se basa en percibir lo antes posible la mínima presencia de partículas de substancias peligrosas, incluidos humos, polvo, vapores y gases. La córnea es una de las zonas más sensibles, si no la más sensible desde el punto de vista táctil y álgico del cuerpo.
¿Qué interés tiene conocer estas diferencias de velocidad en la transmisión? Nos sirven para comprender mejor la fisiología de nuestro
organismo. Si tomamos, por ejemplo, los dos tipos extremos de fibras, en velocidad de conducción, como son las fibras que transmiten la
sensación a la velocidad de 70 m/s (Aß), y las comparamos con las fibras que lo hacen a 2 m/s (C), podemos imaginar una persona que viviendo
en Barcelona tuviese uno de sus brazos tan largo que su mano llegase a París. En otras palabras, con un brazo de 1000 km de longitud,
si alguien le tocase la mano en París, estimulando las fibras «Aß», tardaría en percibir dicha acción casi cuatro horas, pero, si
fuesen las fibras «C» las estimuladas, la sensación tardaría más de cinco días. Esta curiosa imagen ejemplifica el verdadero significado
de la existencia de sensores destinados a la captación y transmisión rápida de un tipo determinado de información.
Así, las terminaciones más rápidas se encargan de avisar del mínimo inicio de contacto, y las más lentas se encargan de provocar
estímulos de evitación para reducir al máximo la aparición de lesiones.
Continuaremos este recorrido básico sobre los sentidos.
Dr. J. de Haro
Sensorialidad básica (1): la realidad ingenua
Sensorialidad básica (2): los filtros de la realidad
Sensorialidad básica (3): la multiplicidad de los sentidos
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